Jueves 18/01/2018. Actualizado 13:54h

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Seguridad

Oleada de pateras en el Estrecho. Marruecos podría estar enviando un mensaje a España: no quiero ‘indignados’ saharauis, ni el apoyo a periodistas contestatarios

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La policía de frontera está detectando un inusual incremento de pateras en el Estrecho. No es casual. Los agentes de frontera aseguran que se trata de un mensaje del reino alauita a España, para que colabore evitando altercados en el país.

Según los datos recabados por El Confidencial Digital, en lo que va de año se han contabilizado más de 900 inmigrantes llegados a España en pateras desde Marruecos. Se va camino de igualar o superar las cifras de 2010, cuando se alcanzaron los 2.890 ‘sin papeles’.

Ahora, el principal destino es Granada, donde han llegado la mitad de los ilegales, y el resto pone rumbo a Huelva, Murcia, Alicante y Mallorca, utilizando buques nodriza o pesqueros.

La nueva ruta es más larga pero no está vigilada por el SIVE, sistema integral de radares de vigilancia del Estrecho, que cubre la franja marítima más próxima entre los dos países. Fuentes de Interior achacan oficialmente al buen tiempo la nueva oleada y recuerdan la buena colaboración entre las policías. Pero hay más.

Otras fuentes policiales alertan de una práctica habitual por parte del país vecino: Marruecos está haciendo la ‘vista gorda’ y “lanza mensajes” a España para recordarle que puede crearle muchos problemas.

Mohammed VI sabe que permitir la salida de pateras “mantiene vivo el efecto llamada hacia España” y que la presión migratoria es muy incómoda en estos momentos para nuestro país, con cinco millones de parados.

Las mafias, además, siguen vendiendo en origen que en “España hay trabajo y si no, hay acogida para todos, las mujeres y los niños se quedan siempre y no se repatría a nadie”. Como ya se publicó en estas páginas, la Ley de Extranjería se está demostrando ineficaz en este punto.

Rabat abre y cierra el grifo

Los expertos de inmigración remiten a las hemerotecas para comprobar cómo, en los últimos tres años, Rabat controla la costa a su antojo: cuando quiere, pueden pasar hasta tres y cuatro meses sin que llegue un cayuco a nuestro país, independientemente del buen o mal tiempo en el Estrecho.

Se han conocido incluso casos de asaltos de subsaharianos a la frontera melillense que han sido reprimidos con gran contundencia, coincidiendo con “fases de colaboración” con España, incluso con el resultado de muertos.

No hay que olvidar, además, que Marruecos utiliza además las pateras para “librarse de una emigración agazapada en sus costas, que conoce y controla, muchos subsaharianos y también marroquíes y argelinos”.

Los refugiados en campamentos en los alrededores de Melilla y en la frontera de Ceuta se cuentan por cientos pero están controlados. Sólo se producen filtraciones cuando la gendarmería marroquí lo permite, un cuerpo que es, además, muy sobornable.

Fuentes de Exteriores aseguran que las relaciones con Marruecos son “preferenciales” y de buena vecindad y que no existen contenciosos graves en este momento.

Sin embargo, Rabat asiste con especial irritación a la simpatía mostrada por medios de comunicación españoles hacia la independencia del Sahara, los movimientos y manifestaciones pro-democracia en Marruecos, o la protección que se presta en España a destacados periodistas contrarios a la monarquía alauita.

Es el caso, por ejemplo, de Alí Lmrabet, que ha estado encarcelado y tiene prohibido ejercer en Marruecos durante diez años. Es articulista habitual en prensa española, conferenciante y asistente a cursos universitarios. También irrita a Rabat la acogida a los saharauis en España y el apoyo popular a sus manifestaciones independentistas.

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