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Seguridad

Se acaban de cumplir cinco años del abandono de las armas

Virus informáticos, satélites... las operaciones secretas del CNI que acabaron con ETA

La banda terrorista anunció el "cese definitivo" de la "actividad armada" cuando se encontraba ya en situación límite, derrotada por la acción policial

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El 20 de octubre se cumplieron cinco años desde que ETA anunció el "cese definitivo" de la "actividad armada". La banda terrorista ha vuelto a ser noticia estos días por el hallazgo de depósitos de armas en Francia, detenciones de viejos pistoleros, y la decisión de los presos de acogerse a beneficios penitenciarios.

Banda terrorista ETA Banda terrorista ETA

Desde aquel anuncio hace cinco años, ETA no ha perpetrado ningún atentado, a pesar, por ejemplo, de la carta que acaba de enviar el histórico dirigente Iñaki Bilbao instándole a volver al terrorismo.

La banda está apostando por la vía política a través de Bildu y de Sortu, partidos que han concurrido a las elecciones vascas pero también a las elecciones generales, hasta el punto de conseguir representación en el Congreso de los Diputados.

ETA fue derrotada

ETA anunció el cese de la actividad armada cuando se encontraba en una situación límite. El apoyo a la violencia había descendido notablemente en Euskadi, pero sobre todo fue resultado del éxito de la lucha antiterrorista ejecutada por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

En ese proceso hasta conseguir la derrota de ETA resultó clave el trabajo realizado por el Centro Nacional de Inteligencia, que, para ello, recurrió a procedimientos no muy divulgados.

Virus informáticos que llevaron hasta un jefe de ETA, satélites que lo oían todo, penetraciones clandestinas, infiltraciones…fueron algunas las técnicas secretas del CNI que dejaron fuera de juego a los terroristas.

Esos procedimientos apenas resultan conocidos. Este informe de El Confidencial Digital explica los principales. Son:

Intervenciones telefónicas

Las intervenciones telefónicas, legales o no, han sido durante años una gran arma. No solo contra ETA, sino también contra sus ramificaciones políticas.

En los años 90, la unidad operativa del CNI trufó de micrófonos la sede de HB en Vitoria, cuando todavía era un partido legal. Esos aparatos transmitían las conversaciones al piso de arriba, donde un agente, que además vivía allí, estaba pendiente del sistema de grabación.

En marzo de 1998 se descubrió el pastel. Había muchas interferencias en sus conversaciones telefónicas y los batasunos llamaron para revisar las líneas. Los técnicos descubrieron los micros y las derivaciones hacia el piso de arriba. La instalación tuvo que ser desmontada a toda prisa.

En estos últimos años, previos al cese de la violencia, con el uso de las nuevas tecnologías eso no habría ocurrido. El sistemas de interceptación SITEL ha permitido (y permite) al Centro Nacional de Inteligencia escuchar conversaciones telefónicas sin interferencias y sin ser detectados. Aunque deben contar con la autorización previa del magistrado del Tribunal Supremo adscrito al CNI.

Virus informáticos

Con el paso del tiempo, el Centro Nacional de Inteligencia ha dispuesto de virus informáticos, al principio de fabricación extranjera, más tarde de producción nacional, que, introducidos en los teléfonos móviles, toman posesión de ellos y permiten, además de conseguir toda la información almacenada en el terminal, escuchar sin problemas las conversaciones.

En 2010, una operación de este tipo permitió la detención del jefe de ETA Mikel Kabikoitz, y de su lugarteniente Arkaitz Aguirregabiria. Ninguno de los dos pudo imaginar que las fuerzas de seguridad dieran con ellos por una conversación interceptada a dos colaboradores que hablaban de “prestarse las llaves del piso de Bayona”.

Satélites

A principios del mandato de Jorge Dezcallar al frente del CNI, el Centro carecía de satélites de observación capaces de ser utilizados en la lucha antiterrorista. Sin embargo, ocurrieron los atentados del 11-S en Estados Unidos, y Dezcallar habló con el presidente Aznar para que pidiera a su colega y amigo George Bush que la NSA y la CIA colaboraran. No solo consiguieron que desplegaran los satélites contra ETA, sino también que les facilitaran medios técnicos muy interesantes.

A raíz de la llegada de Rodríguez Zapatero a La Moncloa, con la precipitada retirada de las tropas españolas en Irak, y debido a las pésimas relaciones del Gobierno socialista con Estados Unidos, Washington retiró los satélites que vigilaban desde el aire el Sur de Francia y el Norte de España.

Vigilancias en Internet

Dezcallar estaba convencido de que España tenía que dotarse de medios tecnológicos propios para acometer esta lucha, recursos que también podrían ser utilizados para otros campos de sus investigaciones. Así fue como se puso en marcha el Centro Criptológico Nacional.

Gracias al desarrollo de la tecnología que facilita el espionaje en Internet, los espías consiguieron la pista definitiva que llevó a la detención del jefe de ETA Mikel Garikoitz Aspiazu, alias “Txeroki”, en noviembre de 2008.

Los especialistas del CNI no le detectaron desde el País Vasco o desde el sur de Francia; le pillaron desde una mesa de trabajo con ordenador en la sede central en Madrid. Le buscaron por Internet hasta dar con sus correos electrónicos. Después llegaron la policía francesa y la Guardia Civil y remataron la operación deteniéndole.

Guerra psicológica

Otra de las especialidades desarrolladas por el CNI en la lucha contra ETA ha sido la guerra psicológica. Así, han montado operaciones que han servido para crear estados de ánimo de tensión, o para enfrentar a unos terroristas con otros.

A veces aprovechaban hechos ajenos a ellos, como cuando se publicaron noticias sobre la colaboración de los satélites estadounidenses, unos datos que sembraron el pánico entre los etarras por la sensación de que unos ojos les estaban vigilando desde el cielo de forma permanente.

Penetraciones clandestinas

Los miembros del CNI han obtenido información de las formas más extrañas. Por ejemplo, utilizando agentes operativos que subían desde Madrid al País Vasco. Alguna vez, los descubrían. Ocurrió en el verano de 2004, cuando dos hombres llamaron a la puerta de la casa de Arnaldo Otegi haciéndose pasar por trabajadores de Euskaltel.

Pidieron a su mujer que les dejara grabar los claves de las redes de fibra óptica que iban por la fachada porque desde la calle "no se veían bien". Entraron en la casa y aprovecharon para grabar el interior. La mujer se dio cuenta y, cuando se fueron, alertó a los amigos de su marido: Euskaltel no había enviado a nadie, y la matrícula del coche de los supuestos funcionarios era reservada, como las del CNI.

"Topos" infiltrados

Infiltrar agentes en la banda ha sido una de las principales causas del fin de ETA. Algo que les hizo mucho daño psicológico, pues cada vez que se producían detenciones importantes los dirigentes de la banda pensaban que la información había procedido de un "topo".

El último gran infiltrado conocido fue José Antonio Anido, un gallego que se hizo pasar por prófugo del Ejército, y que consiguió numerosas detenciones importantes, entre ellas la de Mikel Antza, de quien llegó a ser hombre de confianza y chofer.

En 1995, unos etarras acudieron a casa de sus padres en Estrasburgo buscando refugio. En la habitación que les dieron, revolvieron en las cosas guardadas en un armario y encontraron un álbum de fotos, en el que aparecía Anido vestido de Guardia Civil. Por suerte, los padres tuvieron tiempo de dar la alerta y el infiltrado pudo huir a tiempo.


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