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Aznar, Bono, Zapatero… ¿Son creíbles las memorias de los políticos?

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Muchos jefes de estado y políticos han dejado escritas sus memorias desde que el griego Jenofonte lo hiciera por primera vez hace 2.400 años. Cayo Julio César, san Agustín, Napoleón, Hitler, Trotsky o De Gaulle han usado la literatura para defender su propia gestión o fiscalizar la ajena. En España, el último dirigente en publicar sus memorias ha sido José Mª Aznar; antes ya lo hicieron Bono o Pujol y están pendientes de publicarse las de Zapatero. Pero, ¿son creíbles y verosímiles los relatos de los políticos?

Las biografías de políticos nunca desaparecen de los primeros puestos de las listas de ventas de las editoriales. Los relatos de los protagonistas del siglo XX y XXI atraen la curiosidad de un importante número lectores que buscan en sus páginas anécdotas e incluso documentos desclasificados, como recogieron en sus libros Winston Churchill, Bill Clinton o Tony Blair.

En el caso español, se han hecho públicas, entre otras, las memorias de Alfonso Guerra, Jordi Pujol, Santiago Carrillo o las de José Mª Aznar, cuyo primer tomo salió a la venta hace solo unos días. ¿Qué hay de verosímil en esos relatos?

El periodista Fernando Garea, cronista parlamentario en El País y que ante pasó por Público y El Mundo, distingue entre dos tipos de memorias políticas: la forma clásica, “como hizo en su momento Manuel Azaña”, o lo que denomina “reconstrucciones con versiones de la realidad”, entre las que se engloba la del expresidente Aznar.

Los diarios de Azaña, efectivamente, engloban las anotaciones que hizo el que fuese presidente de la República entre 1911 y 1939. Según Garea, además de tener una “calidad literaria extraordinaria”, en sus escritos Azaña hacía comentarios de sus rivales políticos “y hasta miembros de su gabinete”, contaba anécdotas y retrataba el país.

Las notas de Azaña se editaron “tal cual, sin pulir y sin rastro de pudor”, lo que las convierte en una lectura imprescindible “para cualquiera que quiera escribir hoy en día sus memorias, especialmente si es un político”.

Esa recopilación de anotaciones hechas en el día a día es, por tanto, el método más fiable. Luego “hay autores más o menos prudentes”, indica el periodista de El País. Cuenta el caso de José Bono, que en su ‘Les voy a contar’ “se grababa cada día”. Después, su secretaría transcribía los audios y él revisaba y editaba “cada palabra”. Con ese último retoque se pierde cierta frescura y deja “demasiados detalles en el tintero”.

Por otro lado se encuentran las que Garea denomina “memorias reconstruidas”, al estilo de las de Aznar, “pueden acabar pareciendo ficción”. En el libro recién publicado se incluyen anécdotas “poco verosímiles, cuando no inventadas”, en palabras del periodista. “Se ve claramente que son construcciones muy artificiales que buscan que el protagonista no quede mal”.

Una de las anécdotas recogidas por Aznar en esta primera entrega de su autobiografía ha sido cuestionada por varias voces en los medios de comunicación. Tiene que ver con el accidentado viaje en avión hacia la XII Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno, en la República Dominicana. Ante la posibilidad de que el avión tuviera problemas graves, el expresidente escribe que pidió a la Casa Real que “rescatasen” su famoso cuaderno azul, ya que allí tenía apuntado el nombre del que sería su sucesor en la secretaría general del PP.

Periodistas y expertos han sido muy escépticos respecto a este episodio: “Nadie se cree que esa llamada de emergencia se produjera”, asegura Fernando Garea. “Es un ejemplo de reconstrucción y manipulación de los hechos”.

Por tanto, ¿cómo se prueba lo verosímil de un relato si sólo se cuenta con una fuente? En el caso de EE.UU., al cabo de un determinado número de años, los documentos secretos se desclasifican, de forma que a la hora de “auditar” las memorias de un mandatario, sí existe un referente real y contrastado.

“Como esto no ocurre ni ocurrirá en España”, apunta el periodista, “las memorias que escriben los líderes políticos se quedan en una colección de anécdotas muy artificiales”.

Una de las claves de las memorias de los políticos españoles de los últimos años es que “el protagonista jamás aparece mal retratado”. De este modo, las memorias se usan en beneficio “del autor y de la editorial que publica”, con lo que se pierde la oportunidad de que esos textos alcancen una dimensión social, más cercana al ciudadano.

Las ventas y el lucro, por tnato, superan al interés público, lo que hace de gran parte de las memorias de los políticos “una oportunidad perdida de mostrarse honestos y veraces”.

Mientras los relatos de Aznar continúan escalando puestos en la sección de ‘los más vendidos’, las memorias de Zapatero están pendientes de publicación. Otras memorias que llegarán pronto a las librerías son las de José Blanco, ya a punto de salir a la venta. Habrá que esperar para ver qué estilo elige cada uno de ellos para relatar su vida política.

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