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¿Es José Tomás el torero más importante de la historia o un producto del marketing?

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En ocasiones su toreo roza la perfección, pero varía poco las suertes, mata toros de ganaderías fáciles y se acartela cada vez en menos y peores plazas con compañeros que no querría ni un principiante.

Inicios

Lo mejor que Celestino Román dio a su descendencia fue la afición a los toros que inculcó en su nieto. Como quien regala un boleto de lotería premiado, el abuelo de uno de los toreros más codiciados por la afición tiene el azaroso mérito de que medio mundo vaya a estar pendiente de Valencia este fin de semana.

Todo comenzó en 1975, año importante que vio nacer a José Tomás en la madrileña localidad de Galapagar. Y en esa niñez españolísima en la que un chico de pueblo se debate entre el toro y la pelota. José eligió por fin el riesgo de las cornadas antes que el de las lesiones, el heroísmo del matador que se juega la vida sobre la vulgaridad de acabar siendo un valor negociable entre sociedades deportivas.

También influyó la suerte del lejano parentesco y la vecindad. Tras unas primeras becerradas, Victorino Martín hijo –a la sazón primo lejano del torero— descubrió al torero y se hizo cargo de su carrera, poniendo a su lado al hombre clave del fenómeno psicológico y artístico que es José Tomás.

Apoderados

Antonio Corbacho es, en efecto, una mezcla de filósofo y psicólogo que ha conocido bien la dureza de la profesión en sus años como novillero y como peón. Añádase a tales oficios una personalidad retraída y estoica y se obtendrá un esbozo del apoderado que, como algunos grandes enólogos, ha conseguido moldear la materia para hacer toreros de la talla de José Tomás o Talavante.

Pese a todo, sus mentores en el mundo del toro no consiguieron evitar la indiferencia de las plazas patrias. Así, como tantos otros novilleros orgullosos, partió a Méjico huyendo de las empresas españolas, que pedían dinerales por exhibir a los chavales como fulanas ante lo menos granado del campo bravo. Fue Victorino quien movió los hilos para que tentara en América y Corbacho quien, con su entrenamiento físico y mental, consiguió que los éxitos comenzaran a sucederse.

Méjico

Méjico ha sido siempre tierra de oportunidades, y no es de extrañar que este aspecto de la tauromaquia moderna coincida en tanto con el antiguo hacer las Américas. La denominación popular bien sirve para ambas aventuras, en un mundo en el que ya sólo se juegan la vida unos pocos idealistas y bastantes mercenarios valientes. Este punto en común entre militares y toreros debería ser estudiado con rigor por algún sociólogo, máxime cuando en ambos ejércitos afloran –y cada vez en mayor número— las damas.

Fue el público de la Monumental azteca quien presenció su alternativa en 1995. Una arena que, como a tantos otros, se lo había ofrecido todo. Confirmó en Las Ventas en la primavera de 1996, de manos de Ortega Cano y en la presencia, por aquel entonces menos morbosa, de Jesulín de Ubrique.

Comenzó su etapa de matador mostrando fielmente los rasgos personales que años más tarde se confirmarían. Se negó a torear en plazas portátiles y rechazó ofertas de apoderamiento por parte de las grandes empresas. En cambio, tomó como apoderado a Enrique Martín Arranz –sin dejar nunca a Corbacho como hombre de confianza—, prefiriendo un amigo solvente a un grupo de millonarios ocupados.

Enfrentamiento con Enrique Ponce

La amalgama de pasiones que corría por sus venas quedó definitivamente al descubierto en 1999. En su querido Méjico fue poco menos que postergado en favor de Ponce y El Juli. En la temporada española de ese año, se anunció tres tardes en Sevilla y cuatro en Madrid. Ninguna con Ponce. En una entrevista concedida a ABC en esas fechas, el diestro afirmaba: «Yo no he tenido nada con Ponce. A lo mejor me tiene miedo. Está claro que me huye».

Polémica con la televisión

A finales del mismo año comenzó su pelea por negociar directamente los derechos de imagen con las televisiones. En la temporada de 2000 no se anunció en varias ferias principales por este motivo. También comenzó un mutismo que aún mantiene y que siempre le ha perjudicado.

Negativa a matar dos toros

Ese año y el siguiente fueron testigos de sus escándalos más sonados. En una incomprensible actitud de desidia con la espada y el descabello oyó los tres avisos en Salamanca, e inauguró el nuevo siglo de nuevo negándose a descabellar a un toro de Adolfo Martín.

Retirada y reaparición

En 2002, harto de la presión mediática que provocaba su incompetencia, se retiró sin fecha de regreso. Éste llegó en 2007, tras una fructífera recuperación psicológica y una enorme campaña propagandística. Muchos no sabían quién era José Tomás, pero tenían que ir a verlo.

El hombre que no había querido ser esclavo de las empresas taurinas acabó siendo moneda de cambio –en forma de entradas— para que cualquier constructora que se preciara tuviera un detalle con los clientes importantes. Ha pasado de ser un torero de masas a ser el torero de la masa.

El resto ya se sabe. En ocasiones su toreo roza la perfección, pero varía poco las suertes, mata toros de ganaderías fáciles y se acartela cada vez en menos y peores plazas con compañeros que no querría ni un principiante. Pero el todo –alimentado con una grotesca mitificación de secretismo e irracionalidad— basta para que los ojos del mundo taurino estén puestos en su reaparición tras haber rozado la muerte.

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