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¿Pasa algo si se suprime el Senado?

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La supresión del Senado es uno de los debates recurrentes en la política española. Primero fue Unión Progreso y Democracia quien lo llevó un su programa electoral y ahora es Ciudadanos quien ha incluido también esta idea entre sus propuestas de regeneración y reforma del sistema institucional y de la Constitución. PP y PSOE se resisten a eliminarlo y apuestan por adaptarlo al Estado de las Autonomías. La pregunta es: ¿Pasa algo si España prescinde del Senado y lo cierra?

Vista del hemiciclo del Senado. Vista del hemiciclo del Senado.

Los casos de corrupción y de despilfarro de dinero público, unidos a la crisis económica, han provocado que en los últimos años algunos partidos y colectivos hayan sumado sus voces a las que piden eliminar la cámara alta. Su supuesta inutilidad práctica y el uso que los partidos hacen de él para “aparcar” políticos veteranos en retirada, son algunos de los argumentos que se utilizan en contra del Senado, que se creó en España hace 181 años.

De Cádiz a la Segunda República

En los orígenes del constitucionalismo español, las Cortes de Cádiz mantuvieron una única cámara. Con el Estatuto Real de 1834 se introdujo en el bicameralismo, con la creación del Estamento de Procuradores (que terminó siendo el Congreso de los Diputados) y el Estamento de Próceres (el futuro Senado).

Las constituciones de 1837, 1845, 1856, 1869 y 1876 mantuvieron el Senado, que en sus inicios fue una cámara aristocrática, formada por miembros de la familia real, grandes de España, nobles y arzobispos. La Segunda República lo suprimió y no fue hasta las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco, en 1977, cuando se recuperó esta cámara.

El PSOE ha propuesto reiteradamente reformar el Senado para convertirlo en un órgano de verdadera representación territorial y de las comunidades autónomas, en el marco de su modelo de Estado federal. También ha llegado a plantear, al mismo tiempo, que se traslade su sede a Barcelona, como un gesto descentralizador.

Reducto de la vieja política

Ahora, otro partido al que las encuestas colocan entre los más votados acude a las elecciones con la idea de suprimir el Senado. Ciudadanos la ha incluido entre sus “Propuestas de regeneración democrática e institucional”, en las que desgrana los cambios que propone para la Constitución.

Define la Cámara Alta como un órgano ineficaz y “reducto de la vieja política”. “Las razones históricas no son suficientes para mantener el Senado. Tampoco necesitamos cámaras de representación del territorio. La experiencia nos dice que el Senado nunca ha representado a los territorios y sólo a los partidos”.

El Confidencial Digital ha contactado con expertos constitucionalistas que reflexionan sobre el Senado y sobre las consecuencias que tendría que España prescindir de dicha cámara.

Sólo sirve para colocar a ex presidentes autonómicos”

El catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de BarcelonaFrancesc de Carreras es uno de los fundadores de Ciudadanos. Además, es uno de los expertos a los que Albert Rivera convocó para elaborar la propuesta de reforma de la Constitución en la que se ha incluido la supresión del Senado.

De Carreras niega, una por una, la mayoría de las funciones políticas que se le atribuyen al Senado. “Sólo es una cámara de segunda lectura, pero el Congreso puede no aceptar las enmiendas que haya introducido”, explica el catedrático, que también refuta la pretensión de que la Cámara Alta tenga funciones derepresentación territorial, porque “en el Congreso ya están representados todos los españoles”.

Además, el Senado ni elige al presidente del Gobierno ni puede destituirlo por una moción de censura, con lo que apenas ejerce control. Tan sólo presenta preguntas e interpelaciones, algo que ya hacen los diputados. “El Senado sólo representa a los mismos partidos que hay en el Congreso”

En cuanto a su participación en nombramientos de magistrados del Tribunal Constitucional o de vocales del Consejo General del Poder Judicial, para Francesc de Carreras no tendría ninguna incidencia que esas competencias pasaran al Congreso. La Cámara Baja asumiría también las demás funciones del Senado, como la que le atribuye el artículo 155, tan mencionado últimamente como fórmula para frenar en último término la secesión de Cataluña.

El fundador de Ciudadanos y antiguo profesor de Albert Rivera destaca que el Senado es un órgano propio del siglo XIX, cuando sus miembros eran designados por el rey, y servía de freno a las aspiraciones más democráticas del Congreso de los diputados. De ahí que en otros países con dos cámaras, como Italia, el primer ministro Matteo Renzi también plantee la conveniencia de cerrar su Senado. “Ahora, en España, sólo sirve para que los partidos coloquen a los diputados más veteranos y a ex presidentes autonómicos”.

Un gesto recentralizador”

Una posición muy distinta mantiene Alfonso Fernández-Miranda, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid, y que fue director general de Enseñanza Superior e Investigación Científica durante el primer año de gobierno de José María Aznar.

“Una cosa es que el Senado ahora cumpla una función muy limitada, ya que desde el punto de visto del control político no añade nada”, afirma Fernández-Miranda, que sin embargo remarca que esta cámara “tampoco hace daño”.

Admite también que, desde el punto de vista legislativo, la consecuencia de prescindir del Senado sería muy menor, porque, además, la composición de la Cámara Alta replica la del Congreso. Pero este constitucionalista destaca que suprimir el Senado “sería un gesto recentralizador, que no se compadecería con laestructura territorial de España”.

El Congreso representa la unidad y el Senado la diversidad”, señala Alfonso Fernández-Miranda, quien destaca que la cámara alta sí podría contribuir a la coordinación territorial, con tal de que se reforme en profundidad su estructura y funcionamiento actuales.

Rechaza que la reconversión en una cámara federal, al estilo del Bundesrat alemán, que es un foro multilateral, sirva para frenar a los independentistas: “Plantearse la reforma del Senado para contentar a los nacionalistas es absurdo”.

Si se cierra, habría que inventarlo”

“O se cierra el Senado, o se reforma. Pero es más fácil y más necesario reformarlo que cerrarlo”. Quien así opina es Juan José Laborda, que fue senador por Burgos en todas las legislaturas desde la constituyente de 1977 hasta la de 2004-2008 incluida, y presidente del Senado entre 1989 y 1996. Actualmente es miembro del Consejo de Estado.

Laborda entiende la propuesta electoral de Ciudadanos “como una provocación, pero también como un estímulo” para buscar de nuevo un encaje mejor al Senado en el entramado institucional español. El ex presidente de la Cámara señala que, en los países federales, las regiones se relacionan con el Estado central a través de instituciones como los senados que existen en Australia, Alemania y Austria.

“Pero en España el Senado responde a un sistema bicameral del siglo XIX, como en Francia”, lamenta Laborda, que señala que aquí las comunidades autónomas se relacionan con el Estado a través de los partidos políticos nacionalistas o regionalistas, lo que tiene en parte la culpa de la deriva independentista en Cataluña.

Este ex dirigente del PSOE destaca que, pese a que no se suele recordar, en el Senado se han introducido enmiendas relevantes y se han alcanzado consensos mayores que los del Congreso en la tramitación de algunas destacadas leyes, lo que desmiente su supuesta inutilidad. Aunque también admite, en consonancia con Francesc de Carreras, que los partidos utilizan el Senado para “colar” enmiendas que no quieren que se den a conocer y provoquen polémicas.

Juan José Laborda asegura que la supresión del Senado conllevaría problemas, ya que habría que reformar profundamente la Constitución para reasignar las funciones exclusivas que tiene el Senado, como la aplicación del artículo 155 y el reparto del dinero el Fondo de Compensación Interterritorial entre las autonomías.

“Suprimir el Senado implicaría la imposibilidad de reflejar la realidad de España”, asegura el ex presidente. Según él, sólo los países que son muy homogéneos cultural y territorialmente tienen una sola cámara, como ocurre en Portugal y Suecia, por ejemplo.

Los países más complejos necesitan dos cámaras, para separar la dimensión de la igualdad de los ciudadanos de la dimensión de la diversidad territorial”, insiste Juan José Laborda, que sentencia que, “si se suprimiera el Senado, habría que inventarlo al día siguiente”.

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