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¿Con quién ha acabado el presidente? Las víctimas de Zapatero en el PSOE

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Ya desde sus tiempos en León, Rodríguez Zapatero fue conocido por tener la mayor sangre fría a la hora de apartar a gente de sus cargos. De Caldera a Jáuregui, en el PSOE lo saben bien.

- Rosa Díez: hace mucho tiempo que Zapatero y el zapaterismo le tienen la enemiga a la guipuzcoana; concretamente, desde que, en el año 2000, Díez diera un paso al frente para postularse para la Secretaría General que hoy ocupa Zapatero. La candidatura de Díez, según contó en su libro “Merece la pena”, fue sistemáticamente torpedeada desde Ferraz. Con todo, la relación con Zapatero se degradó definitivamente tras el comienzo de las negociaciones con ETA, ya con el presidente en la Moncloa. Díez escribió cartas a Zapatero al respecto, cartas que este no contestó. Por eso, Díez tampoco le llamó al abandonar el partido y ha dejado dicho que Zapatero es un “personaje sin principios ni límite”. En consecuencia, su soledad en el Congreso es notable, habiendo tenido sonoros desencuentros con Txiki Benegas.

- La fractura vasca: Redondo Terreros, Gotzone Mora, Enrique Múgica. Nicolás Redondo Terreros, hijo del histórico sindicalista del mismo nombre, fue de las primeras víctimas que se cobró Zapatero, con el agravante de que le había nombrado, en julio de 2000, secretario de Relaciones Institucionales –número tres- en la Ejecutiva socialista. El manejo monclovita de la cuestión terrorista desplazó definitivamente a Redondo Terreros y a Gotzone Mora, en tanto que un socialista de tanto peso histórico como Múgica fue apartado al “cementerio de elefantes” de ser defensor del pueblo.

- Más en la defección que en la condición de víctimas, otra parte de la izquierda crítica y, por tanto, lejana del zapaterismo, es la escisión ideológica de Ciutadans. La plataforma dirigida por Albert Rivera fue fundada por socialistas históricamente desengañados, votantes cuando no militantes del PSC, de Félix de Azúa a Albert Boadella, de Arcadi Espada a Xavier Pericay, Ana Nuño, Félix Ovejero, Francesc de Carreras, desenganchados de la izquierda mayoritaria tras el paso de Maragall-Zapatero-Montilla, proclives a un mayor entendimiento con las ideas nacionalistas.

- El guerrismo: del propio Alfonso Guerra –veladamente crítico con el zapaterismo- a Matilde Fernández, el guerrismo es víctima total del zapaterismo. Rafael Simancas, apartado de la jefatura de la federación madrileña, sestea en su discreto escaño o en su columna ofrecida por la revista guerrista Sistema. El frente extremeño en el Congreso –José Luis Galache y Paco Fernández Marugán- sólo mantiene a Marugán, con la humillación incrementada de ser número dos y no número uno en las listas por Badajoz al Congreso. A Txiki Benegas casi lo mandan de durmiente al Senado pero logró protestar un tercer puesto al Congreso por Vizcaya. El guerrista más insigne, José Acosta, enemigo íntimo de Pérez Rubalcaba y, por tanto, del propio Zapatero, fue el último en ser defenestrado.

- Ibarra: Juan Carlos Rodríguez Ibarra se retiró a su cortijo extremeño, dejándolo todo atado y bien atado en ese peón de obediencia doble –al propio Ibarra y Zapatero- que es Fernández Vara. Todas las fuentes indican que Ibarra rechazó desde el principio, e instintivamente, a Rodríguez Zapatero. En el 2000, Ibarra, desde luego, iba con Bono, su alter ego. Los primeros contactos con Zapatero, según relata Rosa Díez en su libro, fueron ya difíciles. La negociación con ETA no hizo más que agravar las cosas, hasta que Ibarra, uno de los hombres con mayor autoridad moral en el PSOE, decidió dejar de lado discretamente la política, tras haber amagado con hacerlo muchas veces, sin que pese a todo nadie lo esperara. Ibarra es muestra de cómo Zapatero ha buscado controlar férreamente las baronías regionales. 

- Los grandes del pasado: Almunia, Borrell, Bono, Leguina. "¿Y a estos cuando les echemos, porque algún día les echaremos, dónde van, les vamos a dejar en medio de la calle?", se preguntaba Joaquín Leguina en enero de 2008, en referencia a Zapatero y los suyos. Leguina ha sido marginado por sistema por el zapaterismo desde el primer minuto, y el que fuera presidente madrileño, en contrapartida, no ha dudado en decir a cada momento lo que pensaba. Almunia y Borrell, antiguos números uno del PSOE y pecios históricos del PSOE, fueron quitados de en medio mediante su remisión a Bruselas. Ahora, Borrell deja la bicoca bruselense con fuerte enfado, sin saber a dónde ir. Zapatero nunca les llamó a Almunia ni a él para pedirles consejo como cabeza del PSOE. En cuanto a Bono, perdedor en la lucha por la Secretaría General y luego solazado con el ministerio de Defensa, fue apartado de su lucha ambicionada por el ayuntamiento de Madrid.

- Juan Fernando López Aguilar: zapaterista de primera hora, sus conocimientos jurídicos no le valieron para tener continuidad como ministro y fue reenviado a su comunidad natal, Canarias, a luchar por una presidencia que el PSOE tenía perdida, con un partido que Aguilar no controlaba. Tras su destierro guanche, Aguilar ha sido recuperado para un puesto muy lejano de sus ambiciones y donde sólo puede hacerlo mal: número uno en las europeas.

- Jesús Caldera y Jordi Sevilla: ambos eran no sólo apoyos de Zapatero en el Congreso celebrado el año 2000 sino que eran amigos personales del gran líder, caras visibles del intercambio generacional en el PSOE. Años después, ambos perdieron su asiento en el Consejo de Ministros: Sevilla sestea en el Congreso y ni pincha ni corta en el PSOE valenciano; a Caldera le fue prometida una fundación que se encuentra económicamente ahogada y lejana a cualquier influencia real en el PSOE.

- Ramón Jáuregui: el histórico dirigente del PSE era el trujimán por excelencia del grupo parlamentario socialista en el Congreso, hombre de buena fama y buen trato, negociador experto y activo. Entre sus compañeros, la decisión de Zapatero ha merecido este comentario: “se lleva a los mejores”, más aún cuando el jefe de grupo, Toño Alonso, íntimo de Zapatero desde los tiempos de León, es hombre que desempeña muy flojamente su cargo. Jáuregui, no en público pero sí en privado, fue menos que poco entusiasta con la política antiterrorista de la anterior legislatura.

- Manuel Chaves: el hasta ahora presidente andaluz ha sido desactivado por Rodríguez Zapatero al traerlo a Madrid para una vicepresidencia y un ministerio sin contenidos reales. Chaves ha intentado dejarlo todo atado en Andalucía pero la operación ha sido un gesto característico de Zapatero para controlar tanto la federación andaluza del PSOE como el gobierno de la comunidad autónoma, con un Griñán instalado en la obediencia. Los críticos andaluces señalan que esta no es la renovación generacional que requiere el PSOE andaluz cuando, por primera vez, puede perder las elecciones.

- Joan Ignasi Pla: el antiguo secretario general del PSOE valenciano, perdedor dos veces ante Camps, ha sido el perdedor entre la batalla interna habida en la federación valenciana del PSOE, siendo invitado a dimitir en 2007. Pla, que en fechas recientes se ha mostrado acerbamente crítico con la situación del PSOE –“estamos noqueados”- está solo en su escaño, en la inmensidad del Congreso, perdedor de tantas luchas internas –antes Valencia, ahora Madrid- donde tiene mano una mujer de confianza de Rodríguez Zapatero, Leire Pajín. 

- Pasqual Maragall: Maragall dejó la presidencia del PSC en junio de 2007. En el otoño de ese año, narró pormenorizadamente su error al haber confiado en Rodríguez Zapatero, el cual, según sus palabras, le había abandonado pese a haberse hecho con el PSOE con la ayuda del catalán y el PSC. Gravemente enfermo, Maragall ha sido sometido desde entonces a la ley del silencio en el PSOE.

- Fernando Puras: el navarro Puras fue nombrado candidato del PSOE de la Comunicad Foral a las elecciones navarras por práctica unanimidad del Comité Regional. Pese a que la dirección de la federación navarra propugnó –también, casi por unanimidad- un gobierno tripartito con NaBai e IU tras las elecciones de 2007, el entendimiento Zapatero-Miguel Sanz significó la sentencia a muerte política de Puras, forzado a presentar la dimisión.

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