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La amenaza del terrorismo yihadista: España no es Francia

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Francia se ha convertido en el objetivo principal del terrorismo yihadista en Europa. Dos grandes atentados en lo que va de año –el ataque a Charlie Hebdo y la ofensiva suicida de la pasada semana- han puesto de relieve el grave problema de seguridad al que se enfrenta el Elíseo. España también es objetivo de los terroristas pero ¿son equiparables las peculiaridades francesas y españolas?


Fotograma del vídeo en el que el Estado Islámico amenaza con "llenar de cadáveres las calles de París" Fotograma del vídeo en el que el Estado Islámico amenaza con "llenar de cadáveres las calles de París"

Los investigadores lo tienen claro: España no es Francia. No se pueden analizar el fenómeno del terrorismo yihadista de la misma manera en ambos países, pues pese a tener similitudes, sus condicionantes son muy distintos.

Porcentaje de población musulmana

En Francia, actualmente, hay alrededor de seis millones de ciudadanos de confesión musulmana. Algunas fuentes lo cifran en 5,5 millones, mientras que otras lo acercan ya a los 7 millones. En España hay registrados alrededor de 1,8 millones de musulmanes.

Sin embargo, esa no es la cifra que preocupa a los investigadores del fenómeno yihadista. La lucha antiterrorista se centra más en otra estadística: el porcentaje de musulmanes radicalizados en Francia –porcentualmente- es diez veces superior al que se registra en España. En Bélgica el índice se dispara hasta las 20 veces más.

Las segunda y terceras generaciones, más numerosas

Francia, por su pasado colonial en Oriente Medio y África, ha sido desde hace décadas destino prioritario para la emigración desde países de confesión mayoritariamente islámica. Amplias comunidades de argelinos, senegaleses, sirios, cameruneses, marroquíes viven en el país desde hace muchos años.

Su descendencia –las segundas y terceras generaciones, los hijos y nietos de los que emigraron hasta Francia- ya son ciudadanos de pleno derecho y nacionalidad. Personas que han nacido y se han criado en Francia. Otros países como Reino Unido, Holanda o Bélgica –o el caso de Alemania con la población de origen turco- están en una situación similar. En España, el fenómeno de la migración desde países de confesión musulmana es relativamente nuevo, de unos 20 años atrás. Buena parte de los casi 2 millones de musulmanes residentes en España no nacieron aquí.

Esta circunstancia es relevante porque, como reflejan muchas de las investigaciones y análisis del fenómeno yihadista, el origen de la radicalización se encuentra muchas veces entre este colectivo de segundas y terceras generaciones. Individuos que se sienten desnaturalizados: no se sienten ni franceses ni tampoco del país de origen de sus padres o abuelos.

Atentados terroristas en suelo francés

Francia lleva décadas luchando contra células terroristas de inspiración yihadista. En los años 90, las autoridades galas tuvieron que lidiar con las actividades del Grupo Islámico Armado argelino en su propio territorio. Destacan el secuestro de un avión de Air France -16 víctimas mortales- y un atentado con bomba contra trenes de cercanías en 1995 –con resultado de 8 muertos-.

La experiencia de España con el fenómeno del terrorismo yihadista antes del 11-M era escasa. El primer ataque islamista fue el atentado en 1985 contra el restaurante El Descanso en Torrejón de Ardoz, en el que murieron 18 personas. Todos eran españoles, aunque el objetivo eran soldados estadounidenses.

Tras el 11-M, España se puso en el mapa del terrorismo islamista. Comenzaron a ser frecuentes las amenazas haciendo referencia a la recuperación de ‘Al Andalus’. Pero lo cierto es que antes eran escasas las ramificaciones del yihadismo en España. A excepción de casos como Mustafá Setmarian, español de origen sirio y considerado el principal ideólogo de la ‘guerra santa’ tal y como se conoce en la actualidad.

Francia y su agenda política

Hace quince años resultaba extraño ver a mujeres con niqab –velo integral- o incluso burka por las calles de España. Una situación que ha cambiado radicalmente. Sin embargo, no ocurría así en Francia, donde el uso de estas prendas está muy generalizado en ciertos guetos de población musulmana.

De hecho, en Francia incluso han tenido que elaborar una Ley sobre Laicidad (2004) que prohíbe el uso de símbolos religiosos en escuelas públicas francesas. Más polémica aún fue la prohibición del uso del niqab y el burka mediante una ley aprobada en 2011, alegando que, por seguridad, no se puede ocultar el rostro en la vía pública.

La medida causó un gran impacto en las comunidades musulmanas, y fueron decenas las amenazas de alto nivel que recibió Francia a raíz del cambio legislativo, acusando a las autoridades galas de islamofobia y animando a la rebelión a los musulmanes.

En España no ha habido propuestas políticas de este tipo. Todavía.

Los guetos islamista en Francia

El problema de la radicalización yihadista en Francia se focaliza especialmente en los guetos y comunidades opacas de musulmanes que pueden encontrarse en los suburbios de las principales ciudades galas.

En 2005 se registraron en Francia un episodio de disturbios en áreas como Aulnay-sous-Bois, Noisy-le-Grand, Neuilly-sur-Marne, Le Blanc-Mesnil, y Yvelines, barrios parisinos de gran concentración de inmigrantes musulmanes de origen africano.

Ahí comenzó a tomarse muy en serio en Francia el problema de la integración social de estos cinturones urbanos, que prácticamente llevaban una vida independiente del resto de la población parisina. Un caldo de cultivo para la radicalización islamista.

En España también se han detectado guetos donde la tendencia al islamismo radical es alta. Cabe señalar barrios como El Príncipe o la Cañada de la Muerte en Ceuta y Melilla. U otras zonas de Madrid y –sobretodo- Barcelona, donde las comunidades musulmanas son mayoritarias. Sin embargo, en cifras, el fenómeno no tiene nada que ver.

Destruir Francia, conquistar España

Sin embargo  hay una circunstancia que supone una gran diferencia entre España y Francia: el territorio galo no está considerado como un territorio arrebatado al islam –como Al Andalus-, sino como una tierra ‘kafir’ –infiel-.

Para grupos como Al Qaeda o el Estado Islámico, este hecho es notablemente diferenciador. Mientras España es un territorio que debe ser reconquistado –el Estado Islámico lo incluye en el mapa de su califato soñado-, el territorio de Francia es prescindible, está fuera del islam.

Analizada en términos prácticos, esta circunstancia no supone menor riesgo de atentado para España que para Francia. Pero teológicamente, la aspiración sobre España es reconvertir al Islam a sus habitantes, mientras que a Francia tan sólo le queda la conquista y exterminación.


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