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¿Por qué se le dio el Mundial a Sudáfrica?

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Asaltos, robos, inseguridad, incertidumbre... El Mundial de Sudáfrica corre el riesgo de no ser sólo noticia por el fútbol, sino por la propia vida de un país profundamente herido en su interior y con unos índices de delincuencia alarmantes

-          Sudáfrica es la primera nación africana que organiza el Mundial de Fútbol, el acontecimiento deportivo de mayor trascendencia después de los Juegos Olímpicos. No pocos creyeron que el país no llegaría a tiempo, pero sí ha llegado, “después de muchas preocupaciones y muchos millones de dólares”, según The Economist. El país “hace bien en estar orgulloso de lo conseguido”.

-          ¿Cómo no iba a conseguirlo Sudáfrica? Es un destino turístico privilegiado, un país exportador, con empresas privadas, bancos y mercados a la altura de los mejores países del mundo y una riqueza natural inigualable. Es la mayor economía de África, con una constitución meritoria y una presencia internacional relevante: el único país africano miembro del Consejo de Seguridad, en estos momentos, y también del G20. Es, asimismo, un referente democrático en su continente.

-          Sudáfrica tiene además una reverberación política que va más allá de los datos. Cuando se le otorgó la organización del mundial de fútbol, todos los países occidentales veían en Sudáfrica un ejemplo de concordia inmejorable, logrado con heroísmo, vencedor de la batalla histórica de la desigualdad. Precisamente un acontecimiento deportivo –la final de un campeonato internacional de rugby- ganado por Sudáfrica, simbolizó la reconciliación nacional, escenificada con el abrazo de Nelson Mandela y un jugador afrikaner que puso punto final al apartheid. Aun cuando hoy un sesenta por ciento de los sudafricanos crean en “un futuro feliz para todas las razas” y la mitad de los habitantes del país se sientan más sudafricanos que miembros de su grupo étnico, las tensiones raciales no han desaparecido de un país que, pese a la visión buenista propagada internacionalmente, ha conocido apenas hace unos meses turbulencias de orden mayor tras el asesinato del supremacista blanco E. Terreblanche.

-          Sin duda, el peor problema de Sudáfrica es la seguridad. Es el segundo país más violento del mundo, con cifras que recuerdan a zonas de guerra: cincuenta asesinatos cada día, cien violaciones, quinientos robos y setecientos allanamientos de morada. El robo de coches es epidémico. Es el país con más abusos sexuales a mujeres y niños (uno de cada tres hombres sudafricanos admitió, en una encuesta del Medical Research Council, haber violado a alguien). Por lo demás, sus hospitales han sido calificados de “trampas mortales” por el propio ministro de Sanidad, la renta per cápita es de 10000 dólares y, aun así, oculta el hecho de que los negros suelen vivir en ciudades inhabitables, nidos de pobreza y delincuencia, y que casi la mitad de la población vive con dos dólares al día. Por algo Sudáfrica es sólo el país 129 de los 182 países que contempla en Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Téngase en cuenta que es, además, uno de los países con peor índice de paro en el mundo, y que uno de cada ocho ciudadanos de Sudáfrica es portador del virus del SIDA.

-          ¿Era Sudáfrica el destino ideal para un Mundial de Fútbol? Al menos lo era en África y servía para conmemorar el nacimiento del país, premiar a un país que representa una benéfica “tercera vía” en el panorama internacional y alentar la esperanza de una nación que es, en reservas de mineral, el país más rico del mundo. De momento, los escépticos, como antes se decía, creían que los sudafricanos no iban a llegar a tener a punto sus diez estadios, sus vías férreas de alta velocidad, etc., y sí lo han conseguido.

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