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¿Tienen futuro los partidos de ultraderecha en España?

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Una de las grandes sorpresas del 22-M ha sido el crecimiento de la ultraderecha en España. Con un discurso xenófobo en contra de la inmigración en Cataluña, Madrid y la Comunidad Valenciana, han entrado en ayuntamientos mejorando los resultados de 2007 pasando de 47.000 a más de 100.000 votos en cuatro años. Pero, ¿tienen realmente futuro estos partidos ultra?

Las últimas elecciones municipales del 22 de mayo en Cataluña han arrojado unos resultados, que podrían interpretarse como una versión a pequeña escala de los que se están dando en otros países europeos. Plataforma per Catalunya, el partido ultraderechista de Josep Anglada, cuenta ahora con un apoyo quintuplicado de los electores. Gracias a sus 67.000 votos, ha conseguido 67 concejales, logrando representación en municipios como L’Hospitalet de Llobregat y Santa Coloma de Gramanet, donde ha roto la mayoría absoluta del PSC. En Vic, el partido de Anglada es ya la segunda fuerza política.

El arma de la extrema derecha en Cataluña quizás sea uno de los fenómenos relevantes de estos comicios electorales. Junto con Anglada, partidos como Falange Española (FE) o Alternativa Española (AES) han aumentado sus apoyos. FE ha obtenido 6.431 votos, una cifra positiva para la formación de ultraderecha, ya que en los pasados comicios logró 3.303 sufragios. AES también ha aumentado su presencia, aunque en menor medida, al sumar 3.731 votos. Sin embargo, la comunidad autónoma donde estos dos partidos han conseguido más apoyos ha sido en Madrid, donde Falange Española ha obtenido 3.123 votos y Alternativa Española, 3.726.

También España 2000 ha obtenido 4.400 votos en Alcalá de Henares, lo que le ha permitido tener un concejal en el ayuntamiento de esa ciudad, la tercera en la Comunidad de Madrid en número de habitantes. Sus mensajes no han escondido su carácter xenófobo en una ciudad con un alto porcentaje de inmigrantes. “Ni uno más. Los españoles primero”.

En el conjunto estatal, España 2000 ha conseguido cinco concejales, tres más que en 2007 (2 en Silla, 1 en Alcalá de Henares, 1 en Onda y 1 en Dos Aguas). En otros comicios, esta formación ha obtenido una importante presencia, sobre todo en la Comunidad Valenciana, donde ha recaudado 12.200 votos, convirtiéndose en la sexta fuerza política. Sin embargo, en las últimas municipales, los ciudadanos valencianos no han respaldado a otra formación ultra como es Coalició Valenciana, que ha recibido 10.691 votos, perdiendo el 50% de su representación respecto a 2007.

Con todos estos datos, ¿podemos afirmar que los partidos ultra se están haciendo hueco en el arco parlamentario español? La respuesta es sencilla. Aún les queda un buen camino por recorrer, todavía encuentran importantes obstáculos para posicionarse en puestos de salida de cara a unas elecciones generales. Su presencia quedará reducida al panorama autonómico y municipal. Estos son algunos de los factores que ‘frenan’, de momento, ese ascenso.

-- Los partidos de extrema derecha son todavía bastante marginales. España es uno de los pocos países europeos donde esta ideología no tiene representación parlamentaria. De hecho, ninguna de estas formaciones llega al dígito completo en las elecciones generales. En la política municipal, sólo algún partido estrictamente local como Plataforma per Catalunya de Josep Anglada ha conseguido representación en los últimos comicios del 22 de mayo.

-- Ausencia de un líder carismático y populista. Un elemento que contribuye a su marginación electoral es la ausencia de un personaje que les lidere. A lo largo de toda la historia, el electorado de extrema-derecha más que concentrarse alrededor de un partido se ha concentrado alrededor de un líder. Es el caso de Hitler en Alemania o el de Le Pen en Francia. En España todavía no se ha dado el caso de un líder que agrupe a todos los integrantes de esta ideología alrededor de un solo partido.

-- Los extremistas españoles siguen la estela de otros partidos xenófobos europeos. Emulan las exitosas campañas de marketing de otros partidos xenófobos europeos –con especial auge en la actualidad en Holanda y Finlandia- esperando al gurú español que les guíe hasta el Congreso de los Diputados. Sin embargo, los simpatizantes de estos partidos arrojan un dato curioso: son jóvenes, que acuden a las manifestaciones de estas formaciones, pertenecientes a una generación que desde que nació ya está familiarizada con la inmigración. Muchos de estos adolescentes han compartido aula con niños inmigrantes.

-- Las bajas cifras que obtienen estas formaciones ultras no deben ser despreciadas. Computar los resultados de la extrema derecha en España es difícil debido a que el voto no se concentra en un partido único. Nos encontramos con una mezcla de pequeños partidos con resultados casi residuales, como Democracia Nacional, España 2000, Alternativa Española, Alianza Nacional o las distintas Falanges y partidos carlistas. Las diferencias entre ellos impiden también una potente coalición de partidos de ultraderecha, capaces de lograr representación en unas generales. La ley electoral, al igual que a IU, tampoco les favorece.

-- El PP sirve como muro de contención de esta ideología. Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que el Partido Popular es el gran frente de la derecha en España, un partido que agrupa desde gente de centro hasta ideologías de derecha dura. Este muro sirve de contención a estos partidos, ya que muchos prefieren votar a un partido de derechas que sirva de contención a la izquierda, que 'tirar' su voto.

-- Trasvase de votos en Cataluña desde el PSC al partido xenófobo de Josep Anglada. Y un dato inaudito que invita a la reflexión tras las elecciones locales del 22-M: la evidente fuga de votos del PSC a Plataforma per Catalunya. En l’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), el PSC pierde cuatro concejales, uno lo gana el PP; y otro lo gana CiU, pero los dos restantes se los ha llevado el partido de Anglada. En estos casos, la penetración de grupos políticos de ultraderecha en municipios del área metropolitana de la capital Condal puede estar relacionada con el mayor impacto de la inmigración en estos núcleos, a quienes se les atribuye las altas tasas de paro entre los españoles y la inseguridad ciudadana.

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