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El mal francés. Los pecados de Francia en Haití

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Las autoridades francesas han criticado lo que consideran "ocupación" de Haití por parte de Estados Unidos. Pero otros acusan a Francia de haber sido nefasta en su antigua colonia.

-         Según el escritor André Maurois en su libro sobre la historia de Francia, la peculiaridad del país galo consiste en que finalmente atrae a todo el mundo a sus problemas: ocurrió en 1789, por ejemplo, en 1848 y en 1940. Y ahora parece ocurrir lo mismo a propósito de Haití: Francia ha calentado el debate.

-         El ministro francés de Cooperación, Alain Joyandet, encendió la mecha al afirmar, respecto del envío de soldados estadounidenses y su toma de control del país, que “no se trata de ocupar el país, sino de ayudarle”. Tanto el presidente Sarkozy como el ministro de Exteriores, B. Kouchner, quitaron hierro a sus palabras, pero el daño ya estaba hecho, y toda la prensa gala hablando de la “ocupación” norteamericana. No son pocos los comentaristas que han señalado no sólo la coincidencia del ministro francés con los postulados de Hugo Chávez o Daniel Ortega, sino que otros han hablado sobre el más que dudoso papel de Francia en Haití.

-         Y es que, en vista de la pobreza que ha multiplicado la devastación del terremoto de Haití, conviene recordar que la región de Puerto Príncipe fue en tiempos sede de la mayor prosperidad azucarera que conoció ninguna otra colonia, proveyendo a Francia de un cuarto de su fortuna a finales del siglo XVIII. Cerca de setecientos mil esclavos –aproximadamente el 90% de la población- hacían posible esa riqueza. Según señala Mark Danner, los segundos hijos de las grandes familias francesas eran los que se instalaban en Haití, entonces Santo Domingo, aprovechando las riquezas y gozando de los favores obligados de las mujeres esclavas.

-         En 1804, tras una sangrienta guerra de independencia, Haití es la segunda colonia emancipada del continente americano, y la primera revuelta de esclavos que consigue su propósito en la historia. Con todo, las tierras de Haití estaban ya esquilmadas por la guerra. Y, según explica Tunku Varadarajan en The Daily Beast, “la nueva nación fue sometida a los peores bloqueos comerciales y embargos. Esta asfixia económica duró hasta 1825, cuando Francia se ofreció a levantar los embargos y reconocer a Haití si esta república pagaba su compensación a Francia por la pérdida de propiedad –incluyendo los esclavos- en la isla. La cantidad ascendía a 150 millones de francos de oro, es decir, cerca de cinco veces la ganancia de las exportaciones de Haití en la época. La suma era brutal, pero a Haití no le quedó otro remedio que elegir entre pagar o perecer durante muchos más años de embargo, por no hablar de las amenazas francesas de invasión y reconquista. Para pagar su independencia, Haití tuvo que tomar prestado de Francia el dinero, con tasas que entraban de lleno en la usura, sin terminar de pagar su deuda hasta 1947, época para la cual el destino de Haití como el país más pobre del hemisferio occidental estaba ya sellado”.

-         En 2004, el entonces mandatario haitiano, J. B. Aristide, hizo llegar a Francia una demanda formal de restitución, calculada no sin acierto en los 22000 millones de dólares. Al ser derrocado Aristide, sus sucesores, B. Alexandre y G. Latortue, recibieron presiones de Francia a fin de abandonar dicha reclamación.

-         Al renunciar finalmente, Haití devaluó su posición de fuerza legal para instar a la reparación, pero dado el hecho, afirma Varadarajan, de que el PIB de Francia multiplica astronómicamente el de Haití, y acostumbradas las autoridades francesas a emplear grandes sumas para rescates bancarios, por ejemplo, la reparación económica a Haití no sería tan grave pérdida para Francia y constituiría un hecho de “justicia histórica y moralidad política”. 

-         También se ha criticado muy fuertemente la presunta búsqueda de protagonismo de Francia en esta crisis. El futuro comisario de Mercado Interior y antiguo ministro de Exteriores galo, Michel Barnier, criticó a la nueva ministra de Exteriores de la UE, Catherine Ashton, por no haber volado a Haití, señalando que “en el tsunami de diciembre de 2004, yo me presenté inmediatamente en el lugar de la tragedia”.

-         Así, los franceses buscan “visibilidad” europea y francesa, pues siempre han considerado que Haití es parte de su esfera de influencia, y ahora se anticipa la teoría según la cual “Afganistán le toca a Estados Unidos, y a nosotros nos toca reconstruir Haití”. Según la columna Charlemagne de The Economist, “muchos en Francia opinan que Obama ha desdeñado los lazos coloniales entre Francia y Haití”. El mismo columnista opina que “quizá la administración Obama no crea que Francia merezca una consideración especial, dado el carácter inusualmente sangriento y vengativo de las relaciones coloniales de Francia con Haití”.

-         Barnier, por su parte, también ha lamentado que no se haya hecho caso a sus propuestas a favor de una organización unitaria de “ayuda europea”, con uniforme propio. Otro parlamentario francés ha mostrado su enfado por la escasa visibilidad de Europa, en tanto que “terminaremos pagando la factura de Haití, como siempre, sin ningún beneficio político”. Lady Ashton defendió su ausencia de Haití afirmando que “mi única contribución hubiera sido ocupar un valioso espacio en el aeropuerto cuando los aviones apenas podían aterrizar…”

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