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¿Qué pasa de verdad en Grecia?

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La crisis griega preocupa especialmente a los líderes europeos. El plan de rescate y un amago de referéndum para abandonar el euro podrían provocar el colapso de la economía del viejo continente. ¿Qué ha pasado para que el país heleno llegue a esta situación? ¿Qué se ha hecho mal?

La crisis griega preocupa especialmente a los líderes europeos. El plan de rescate y un amago de referéndum para abandonar el euro podrían provocar el colapso de la economía del viejo continente. ¿Qué ha pasado para que el país heleno llegue a esta situación? ¿Qué se ha hecho mal?

La conclusión de la última cumbre del G-20 fue contundente: Grecia, aunque sus ciudadanos lo hubieran aprobado, no puede abandonar el euro sin salir de la Unión Europea. La moneda única, dijo Sarkozy, “es nuestro patrimonio y hay que defenderlo”. Con esta idea clara, la pregunta de muchos es: ¿qué ha hecho Grecia para llegar a este punto de no retorno? Analizamos a continuación algunas cuestiones:

-- Grecia no dispone de una industria potente, ni de un sector capaz de poder sustentar la economía del país. La única fuente de ingresos solvente y continua proviene del turismo.

-- Inflación y deuda. Las tasas de inflación de Grecia fueron durante mucho tiempo muy superiores a las de sus vecinos europeos. A ello hay que añadir que el país se sobreendeudó, invirtiendo en obra pública y olvidándose del ahorro y la austeridad en tiempos de crisis. Fue algo muy similar a lo que pasó en España: la inversión pública se disparó cuando, según un buen número de economistas, había que ahorrar y esperar.

-- Sin embargo, hay que tener en cuenta que la deuda por PIB de Grecia duplica a la de España, y su déficit es muy superior al nuestro. Además, el Gobierno heleno cuenta con serios problemas de recaudación fiscal, lo que se traduce en un bloqueo de sus cuentas públicas: el Estado no ingresa lo suficiente y no tiene dinero.

-- Mientras, los ciudadanos griegos eran los que pagaban la crisis: ahorraban. Es decir, mientras el Gobierno era el gran consumidor, la población no invertía, ni consumía. Esto conduce irrevocablemente al derrumbe de las cuentas, ya que es imposible sostener el sistema.

-- Pensiones. En Grecia, las pensiones se pagan con un porcentaje superior al 90% del sueldo de la última nómina (en España, esa cifra no supera el 75%).

-- Jubilación. La edad media de jubilación en Grecia es de 61,3 años. La legal abarca de los 60 a los 65 años. No obstante, algunos trabajadores pueden jubilarse nada más pasar la cincuentena por pertenecer a una profesión considerada de alto riesgo. Hay 600 y entre ellas están la de peluquero, periodista o músico. Cobran el 96% de su sueldo.

-- Funcionarios. El Gobierno griego no lleva la cuenta de cuántos funcionarios hay realmente en el país. Este dato demuestra que las administraciones públicas no han sabido controlar sus excesos y ahora no saben encontrar la solución.

Estos son algunos de los males de Grecia y la solución parece no estar cercana. Descartada la posibilidad de que el país salga del euro, parece claro que los remedios tienen que venir desde el conjunto de Europa. Son los países europeos quienes tendrán que sacar a los helenos de su macrocrisis, no sin sacrificios.

La Unión Europea, eso sí, debería replantearse el futuro de la eurozona. Algunos economistas subrayan como grave las grandes diferencias entre los países que forman parte de la moneda común. De esta forma, la entrada de algunos países únicamente ha supuesto ampliar las fronteras del continente, pero no ha supuesto una auténtica integración económica.

El futuro de Europa, concluyen los gurús, pasa por una integración real a nivel económico de todos los países. De esta forma, habría que articular una política monetaria diferente para aquellos países que ya están en crecimiento, frente a otros que se encuentran todavía en recesión. De lo contrario, éstos últimos jamás podrán salir del ostracismo.

Muchos ven como imposible una integración plena de las políticas económicas. ¿Por qué? Porque muchos Estados verían diluida su cuota de poder. El horizonte, por tanto, no es muy halagüeño para la eurozona.

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