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¿Qué ha pasado para que se hunda Abengoa?

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Se veía venir. Hace meses que Abengoa camina sobre una cuerda floja. Es una bomba de relojería. Y el contador lo puso en marcha Gonvarri hace unas semanas -uno de los brazos de Corporación Gestamp, propiedad de la familia Riberas- con su renuncia a entrar en el capital del grupo andaluz, operación que prácticamente se dio por hecha a comienzos de noviembre. Pero, ¿qué ha pasado para llegar a esta situación?

Abengoa. Abengoa.

El pasado 24 de noviembre comenzó el hundimiento de Abengoa. La multinacional especializada en energías renovables no podía hacer frente a un pasivo de más de 25.000 millones y pidió su entrada en preconcurso de acreedores. Su caída en bolsa no se hizo esperar y las declaraciones de accionistas y el Estado se produjeron atropelladamente sin saber exactamente por qué ocurría todo esto ahora.

La fundación de Abengoa data de 1941 y desde sus inicios centró su actividad en la energía y el medioambiente. Con sede social en Sevilla y varias plantas repartidas por Andalucía, la empresa fue creciendo hasta convertirse en una referencia española y mundial, con filiales repartidas por todo el mundo.

Las primas a las renovables de Zapatero

La bomba de Abengoa comenzó durante la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, la que fue denominada como la de las “energías verdes”. El éxito internacional de Abengoa ha sido pagado con las primas a las renovables en España. Con las rentabilidades que cobraban aquí, ganaban concursos en otros países. Las generosas primas a las renovables alumbraron un nuevo sector “con la garantía del Estado”. La compañía andaluza construyó 16 termosolares, más que nadie en España, con la promesa de un retorno brutal. La rentabilidad sobre la inversión superaba el 20%, y Abengoa destinó 4.000 millones de euros a las termosolares, la mayor parte financiadas por deuda.

A principios del 2011, tras el estallido de la crisis de la deuda soberana (el rescate de Grecia y los primeros recortes en España), el mismo Gobierno socialista propinó el primer castigo al sector de las renovables. El segundo vendría en la siguiente legislatura, con Mariano Rajoy en La Moncloa, cuando se revisaron de nuevo todas las primas y se bajó drásticamente la rentabilidad.

Abengoa sufrió un durísimo castigo por su exposición a las renovables en España y decidió centrar su crecimiento futuro en el exterior. En el 2010 obtenía un 74% de los ingresos del exterior, porcentaje que subió al 88% el año pasado y que ahora supera el 90%. Pero más que los ingresos, ha resultado decisiva la estrategia: crecimiento agresivo fuera con recursos ajenos. Un esquema de negocio que se basa en la confianza de los prestamistas. Sin ella, todo se desmorona.

Políticos en el consejo, como en las cajas de ahorros

Abengoa ha sido también uno de los grandes caladeros de políticos en España. La práctica de las llamadas “puertas giratorias” ha sido constante y multitud de cargos han pasado por el Consejo de Administración de la empresa.

En el momento de su caída, varios ex políticos se sentaban a la mesa de Abengoa: Josep Borrell -ministro de Obras Públicas con Felipe González y ex presidente del Parlamento Europeo- por parte del PSOE; Ricardo Martínez Rico -Secretario de Estado de Presupuestos en la última etapa del Gobierno de Aznar- por parte del PP. Los dos grandes partidos, por tanto, han mantenido consejeros en la empresa. Pero todo el mundo miró para otro lado, como en el caso de la quiebra de las cajas de ahorros.

La responsabilidad del auditor: Deloitte

Deloitte, la auditora que más empresas del Ibex supervisa no alertó del descalabro de Abengoa. El Banco Santander ha prescindido de sus servicios e Iberdrola no la ha elegido, en lo que representa todo un golpe en su línea de flotación. El sector está convencido de que el daño reputacional le pasará factura de cara a la avalancha de nuevos contratos de auditoría que las grandes adjudicarán en 2016 y 2017.

La obligación del auditor es velar porque los resultados reflejen de forma fidedigna la situación real del grupo. La firma no advirtió de los problemas de viabilidad del grupo Abengoa hasta el 13 de noviembre, justo cuando la compañía presentó sus resultados de nueve meses

El patinazo de Deloitte con Abengoa se une a la multa de 12 millones de euros impuesta por el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC), dependiente del Ministerio de Economía, por el papel que jugó la auditora en la salida a Bolsa de Bankia y dar por buenos los estados financieros que presentó el entonces presidente, Rodrigo Rato, y su equipo.

Situación crítica y futuro incierto de la compañía

En conclusión, la situación es insostenible y la incertidumbre máxima para los casi 25.000 empleados de la compañía. Abengoa necesitaba y necesita capital, pero, sobre todo, es clave que reduzca su deuda de forma drástica. Debe 20.200 millones a bancos, bonistas y otros prestamistas, a lo que hay que sumar alrededor de 5.000 millones más a proveedores.

Se trata de una deuda insostenible. Sea ahora, en el preconcurso, o más adelante, si el grupo se declara insolvente, harán falta importantes quitas, capitalizaciones de deuda, mayores plazos para el deudor y dinero nuevo si se apuesta por salvar Abengoa. El futuro es incierto.

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