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La pornografía en internet está destruyendo matrimonios y arruinando vidas jóvenes

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Con cerca de cuatrocientos millones de páginas web, la pornografía es una epidemia silenciosa de nuestro tiempo. Para jóvenes y también para mayores.

- La pornografía ganó la batalla a partir de los setenta, como un despliegue más de la revolución sexual, y ahora está inmersa en las corrientes de la cultura popular. Nada pudieron, a la hora de frenar su avance, los esfuerzos conjuntos –por una vez- de la izquierda feminista y la derecha moralista, que entendían que la grabación de actos sexuales atentaba contra la intimidad y la decencia, cosificaba a la mujer y embrutecía al hombre. Con el tiempo, el feminismo se ha sumado mayoritariamente al apoyo de la pornografía. Como dice el psiquiatra T. Dalrymple, el hombre contemporáneo cree haber llegado al más alto grado de “ilustración” en materia sexual. Y, sin embargo, la ultraliberación sexual de que es muestra la pornografía no ha reducido los males que se atribuían a la contención: culpa, vergüenza, celos, ansiedad, frustración, desorientación e hipocresía. Más bien ha ocurrido todo lo contrario.

- Asistimos a lo que la psiquiatra M. A. Layden ha definido como “obesidad sexual”. El visionado de pornografía por parte de los jóvenes puede tener efectos de devastación en su vida futura como adultos. Según la doctora Layden, los jóvenes expuestos a la pornografía son mucho más dados a la infidelidad, al consumo de sustancias estupefacientes, y a practicar formas de sexo arriesgadas, que pueden incluir la violencia. Es relación de causa-efecto: los adolescentes practican, copian, lo que ven. Precisamente, la pornografía daña aún más a esa generación joven que no ha conocido un mundo sin ella, que la ven como una práctica generalizada, habitual.

- Un estudio de 2008, según cita M. Eberstadt, sobre estudiantes entre 18 y 26 años descubrió que más de dos tercios de los hombres y una de cada diez mujeres consumían pornografía al menos una vez al mes. Y otro estudio mostraba cómo el consumo de pornografía llevaba al usuario al visionado y la práctica de actos sexuales cada vez más “bizarros”, mostrando asimismo una tendencia a desarrollar problemas de autoimagen corporal, y una confusión a la hora de juzgar la prevalencia de comportamientos sexuales de riesgo. Por otra parte, todos los estudios sobre consumo de pornografía han de verse incrementados: los usuarios tienden a mentir, diciendo que consumen menos de lo que consumen en realidad.

- Para otro estudio universitario, se buscaron jóvenes que nunca hubieran visto pornografía: simplemente, no los había. La edad de exposición a la pornografía es cada vez menor, situándose ya en torno a los diez u once años de edad. Es preocupante porque, según Pediatrics, “el visionado de sexo predice el comportamiento en la inicación sexual”. Por otra parte, un problema es la cantidad de sexo a la que el joven se ve expuesto aun sin quererlo, sólo por meterse en internet (cerca de un 70% de jóvenes han visionado pornografía sin buscarla), y uno de cada siete muchachos o muchachas jóvenes han tenido que lidiar con ofertas sexuales no requeridas online, siendo uno de cada once directamente acosado.

- Por otra parte, la exposición al sexo no termina ahí: está en los videojuegos, en la música, en la televisión, incluso en los télefonos móviles con el “sextina” (mandar fotos de uno mismo desnudo), práctica esta tan generalizada como devastadora porque trazar y borrar esas imágenes es un proceso largo y complejo.

- ¿No es esta una vision extremadamente alarmista? Al fin y al cabo, la moral social trata con cierta distancia el fenómeno de la pornografía, como un vicio muy extendido y prácticamente sin daño. De ahí que haya habido, en España, actrices y actores pornográficos con presencia mediática convencional, muy celebrada. Es más, ¿no es algo, como mínimo, demasiado privado para poder juzgarlo negativamente?

- Por supuesto, por mucho que sea una práctica privada o ya aceptada, a nadie le gustaría tener un familiar presente en esa industria: nadie cree que sea un ejemplo de vida recta o responsable. Y, por otra parte, al margen de los daños hechos a los jóvenes, la Academia de Abogados Matrimoniales de EEUU viene avisando, desde 2002, de que, en cada vez un mayor número de divorcios (cerca del sesenta por ciento), la pornografía en internet tiene un papel determinante.

- En “Los costes sociales de la pornografía”, un libro poco partisano, se citan, además de los divorcios, los problemas sexuales de los adictos al “porno” en internet, la espiral de agravamiento permanente que tiene ese visionado continuo, las personas jóvenes que, por razones de satisfacer a sus parejas o a adultos con autoridad, se ven obligados a entrar en ese mundo. En los niños y jóvenes, la hipersexualización es especialmente cruel: se les quitan los pocos años de vida que no pertenecen a la edad adulta sino a la edad de la inocencia. En adultos, las personas que confiesan haber visto una película X en el último año tienen 25% más de posibilidades de estar divorciados y son un 13% menos proclives a sentirse “felices” con su vida.

- ¿Práctica privada? Desde luego, pero con resultados, malos, públicos. Según Mary Eberstadt: “imagina que tu hija adolescente va de paseo por la playa. La mitad de los hombres de esa playa han estado viendo pornografía en los últimos días, y los otros no. ¿Cuáles prefieres que miren a tu hija?”

- La repercusión sentimental de estas prácticas es también honda. En Pornified, el libro más serio publicado sobre el tema, su autora escribe: “una enorme cantidad de hombres me han descrito, en las entrevistas, cómo el uso de la pornografía les ha hecho perder la habilidad para tratar con mujeres o acceder a su intimidad. Ven problemático, además, excitarse con mujeres “de verdad”, y se destruye así la vida sexual con sus mujeres”. A las mujeres también les afecta que sus parejas vean pornografía: “no es que sienta celos, sino que me siento insegura”, escribió una mujer a un consejero sexual, “porque esas mujeres tienen que ser mucho más atractivas que yo”.

- Según el filósofo Roger Scruton, “el riesgo real de la pornografía es que, quien se engancha a esta forma de sexo aparentemente sin riesgo, corre un riesgo mucho mayor: el riesgo de perder el amor, en un mundo donde sólo el amor hace feliz”.

- ¿Cómo se puede terminar con la pornografía? Según Mary Eberstadt, como se está terminando con el tabaco: con su descrédito social, una vez constatados sus efectos perversos.

(Para la elaboración de este artículo, los autores se han basado en artículos de los autores citados en el texto, notablemente en el texto de Mary Eberstadt, The Weight of Smut)

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