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¿Es posible en España un Donald Trump?

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Pese a las encuestas, contra la prensa, contra los grandes empresarios, contra la mayoría de líderes internacionales... y hasta contra una parte importante del Partido Republicano: Donald Trump será el 45º presidente de Estados Unidos tras protagonizar una atípica campaña electoral con toques populistas y de ‘showman’ y con propuestas que provocan inquietud y que sugieren una pregunta: ¿Es posible que en España llegue a La Moncloa un candidato de características similares?

Donald Trump. Donald Trump.

En nuestro país la victoria por sorpresa de Trump provocó estupor en muchos dirigentes políticos, si bien de inmediato desde el Gobierno de Mariano Rajoy se cambió la actitud para tratar de ganarse al candidato republicano y tratar de reforzar la relación entre España y Estados Unidos.

A nivel político, lo más destacado fue la escaramuza dialéctica -una más- entre Albert Rivera y Pablo Iglesias. El líder de Ciudadanos declaró que seguramente Podemos estaría “contento” con el triunfo de Trump, que también es “populista” y que como el partido morado se opone al Tratado de Libre Comercio Estados Unidos-Unión Europea.

Iglesias le respondió por Twitter con un tono muy duro: “Cuñadismo de extremo centro: la mascota de Rajoy a medio camino entre la ignorancia y la poca vergüenza”. Otros dirigentes de Podemos salieron en tromba a destacar que ellos están en las antípodas de Trump, al que consideran “un fascista”.

Más allá de la discusión partidista, la victoria del polémico magnate y la alegría con que se recibió la noticia por parte de los partidos populistas y de extrema derecha en otros países europeos como Francia (Frente Nacional), Reino Unido (UKIP) y Austria (FPÖ, Partido por la Libertad), llevan a reflexionar qué posibilidades existen de que un candidato similar a Donald Trump emerja en España y consiga llegar al Palacio de la Moncloa.

Lo más cercano que ha sucedido en España similar han sido los proyectos fracasados de Mario Conde y José María Ruiz-Mateos. El presidente de Banesto, en su época de esplendor a finales de los años 80 y principios de los 90, se perfilaba como el “mirlo blanco” de la derecha española, con coqueteos incluso con Alianza Popular. Pero cuando se presentó en 2000 con el CDS fundado por Adolfo Suárez, sólo le votó el 0,1% del censo.

El ex presidente de Rumasa y del Rayo Vallecano, por su parte, consiguió dos eurodiputados con su Agrupación Ruiz-Mateos, de corte populista y con escenas de ‘showman’: anuncios vestido de superhéroe y repitiendo el puñetazo al ministro Miguel Boyer. Pero el proyecto terminó disolviéndose.

Diferencias: el PP y el parlamentarismo

El Confidencial Digital ha contactado con varios expertos para conocer qué diferencias y qué semejanzas guarda la situación política y social de España con la de Estados Unidos y conocer su opinión sobre si se podría dar un Donald Trump en España.

Carlos de la Torre, profesor de Sociología Política en la Universidad de Kentucky y autor de varios libros sobre el asunto como “Populismo en el siglo XXI”, considera “difícil por varias razones” que en nuestro país se pudiera dar un fenómeno similar al ocurrido en Norteamérica.

Por un lado, hay toda una serie de factores que definen el sistema político de España, que lo diferencia del estadounidense y que supondrían serios obstáculos a la aparición de un “Trump español”.

La posición del Partido Popular, muy distinta de la del Partido Republicano en Estados Unidos, es una de las claves. “La derecha española, el PP, no está por ahí”, asegura Carlos de la Torre, que destaca que los populares pueden provenir del franquismo, pero actualmente son una formación más liberal o incluso neoliberal muy alejada de planteamientos nacionalistas y proteccionistas como los de Trump.

También hay que tener en cuenta en este análisis mientras que Estados Unidos cuenta con un sistema presidencialista que es bipartidista prácticamente puro, España es una democracia parlamentaria que ha pasado de un bipartidismo imperfecto a una pluralidad mayor en las Cortes.

En Estados Unidos, los votantes tuvieron casi sólo tres opciones: votar a Donald Trump, apoyar a Hillary Clinton... o quedarse en casa y abstenerse, ya que los otros candidatos no pasaron del 3%. Eso llevó a que buena parte del voto a un candidato provenga no tanto de la adhesión a él, a su partido y a su programa, como del rechazo al contrario. Los expertos indican que habría votantes de Trump cuya motivación mayor habría sido votar contra Clinton, y por supuesto a la inversa.

Por contra, el cada vez más plural y menos bipartidista sistema parlamentario español no coloca a los votantes ante una decisión tan maniquea de elegir entre dos candidatos. Además, al votarse candidaturas a diputados y luego éstos elegir al presidente -para lo que a veces se necesitan pactos-, los más extremistas suelen salir perjudicados frente a los moderados.

El “dedazo” como obstáculo clave

Hay un aspecto clave que pondría muy difícil a un ‘outsider’, a un personaje famoso lanzarse a la carrera por llegar a la Presidencia del Gobierno de España. En Estados Unidos Trump consiguió ser nominado candidato del Partido Republicano tras ir ganando delegados en las elecciones primarias en los distintos estados del país. Este sistema facilita que cualquier candidato externo con suficiente apoyo, sobre todo mediático, se cuele entre el elenco de dirigentes de los partidos Demócrata y Republicano y como ha ocurrido con Trump, sea elegido incluso pese al disgusto del ‘establishment’ de su partido.

Las formaciones políticas de nuestro país, sobre todo las grandes como PP y PSOE, tienen un sistema mucho más cerrado: en el Partido Popular, con una democracia interna muy limitada, que le lleva a ganarse acusaciones de “dedazos”. Pese a que el PSOE celebra elecciones primarias para elegir a su secretario general y a su candidato a la Presidencia del Gobierno, numerosos ejemplos en los últimos años indican que las maniobras de los distintos dirigentes con peso interno condicionan esas primarias.

Francisco Roldán, presidente de la Asociación Española de Consultores Políticos, destaca que “con la estructura de partidos en España, fuertemente vertical, es difícil que prospere un díscolo” como Donald Trump. Los ‘aparatos’ de los partidos ponen trabas, por ejemplo, dificultando la recogida de avales, lanzando a otros candidatos oficialistas...

En cuanto a la posibilidad de que se lance un partido nuevo con un candidato así, Roldán recuerda que existen muchas barreras: las firmas que deben presentar para tener listas en las elecciones, las subvenciones que reciben los partidos con representación parlamentaria... En los últimos años, sólo UPyD, y después con mucha mayor fuerza Ciudadanos y Podemos han conseguido romper esos obstáculos para entrar desde cero en las Cortes.

En España no hay miedo al inmigrante”

Pero también pesan cuestiones sociales, de preocupaciones de los ciudadanos, que dificultan que en España triunfe un alter ego de Donald Trump. Para Francisco Roldán, la campaña del presidente electo de Estados Unidos se centró el repetir un mensaje sobre el rechazo a los extranjeros que consiguió calar entre los votantes por la dureza de la crisis económica.

También Carlos de la Torre destaca este hecho: que en Estados Unidos se ha extendido un miedo a que América pierda la “esencia blanca”, sus raíces, frente al avance del multiculturalismo. Eso ha movido a muchos votantes, incluso muchos obreros, a apoyar a Donald Trump.

La situación en España es totalmente distinta. No se han producido tensiones raciales ni contra los inmigrantes pese a la crisis económica y pese al aumento desorbitado del paro a partir de 2007. De forma que “en España no se ha politizado el miedo al inmigrante”, explica este sociólogo de la Universidad de Kentucky.

Sobre aspecto, el consultor político Francisco Roldán considera que “una persona como Donald Trump no encajaría en España” porque en nuestro país, “a cualquier político que salga con un mensaje contra los inmigrantes, o machista, se lo comen los medios de comunicación”. Es decir, que los exabruptos e ideas radicales de Trump serían durísimamente atacadas de forma unánime, y después posiblemente silenciadas.

Cree que incluso aunque una parte de la sociedad española pudiera apoyar propuestas más restrictivas hacia los inmigrantes, la postura de los medios frontalmente en contra dificultaría por ejemplo que una fuerza de derecha consolidara a un candidato con opciones de ganar las elecciones.

También señala algo que no existe en Estados Unidos: el recuerdo de la dictadura de derechas, del franquismo en España e incluso del nacionalsocialismo en Alemania, que aún influye en que gran parte de los ciudadanos ni admita una cercanía con un candidato de este tipo.

Sólo concede una posibilidad de ascenso a un candidato “antisistema”: que en una situación como la actual, los partidos centrales del sistema (PP, PSOE...) se tengan que unir en temas clave y dejen un espacio en los extremos que ahora mismo no existe y por el que se cuele una propuesta alternativa.

¿Quién va a querer votar a un banquero?”

Para Carlos de la Torre, además del tema migratorio e incluso nacionalista, también ha pesado mucho en el victoria de Trump el elemento populista de presentarse como una reacción contra las élites, contra los poderosos, contra los mercados. Pero trasladando ese caso a España, destaca que Podemos, que hace un diagnóstico similar en este punto, tiene una respuesta completamente distinta: tener un Estado más fuerte que regule más frente a las grandes empresas y los poderes financieros y económicos.

Francisco Roldán señala otro elemento que alejan a España de Estados Unidos y de que pudiera triunfar un líder político como el próximo inquilino de la Casa Blanca. “Trump es un triunfador, representa el espíritu americano, porque allí se respeta mucho a quien asciende meteóricamente”, explica este consultor político.

Sin embargo, en países de cultura mediterránea como España “un candidato multimillonario lo tendría más difícil”. ¿El motivo? Roldán lo define muy simplemente: “La envidia”.

Un magnate encontraría muchos obstáculos para conseguir presentarse como una persona cercana a los problemas cotidianos de los españoles. Ya lo dijo en su momento Mario Conde, cuando le tentaban para lanzarse a la política en su época de empresario de éxito: “¿Quién va a querer votar a un banquero?”.

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