Jueves 19/10/2017. Actualizado 14:09h

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10 propuestas para la regeneración de España

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Históricamente, las crisis son los momentos para los grandes cambios culturales.

1-     Hay que mirar con perspectiva, más allá de la tiranía del instante. Incluso en lo peor de la crisis, España es de las diez primeras potencias del mundo, protagonista de una Transición admirada y estudiada como modelo. Al mirarse a sí misma en el espejo de la Historia del último siglo y medio, España no es un país con fracturas internas o convulsiones más graves que –por ejemplo- Francia o Alemania. Somos un país europeo más. Hay que desterrar para siempre el mito, tan autocomplaciente en el fondo, del excepcionalismo hispánico.

2-     El régimen constitucional garantiza que no haya “dos Españas”. Hoy caben una pluralidad, una superposición de identidades en la misma persona. Se puede ser republicano, católico y ecologista, gallego y español. España no es una suma cero. Perpetuar el mito de las “dos Españas”, un lecho de Procusto sin sentido en una sociedad abierta como es hoy la española, lastra melancólicamente al país.

3-     Es una alteración grave: el debate mediático no puede ser más virulento que el debate político. Entre otras cosas, eso afecta al ejercicio de la política y, fundamentalmente, altera la representación de una voz pública menos enconada de lo que aparece en los medios. Urge que la marginalidad opinativa vuelva a su sitio: al margen, al extremo, y no al corazón de la vida nacional. Y urge entender –a derecha e izquierda- que los medios deben contar más historias y hacer menos ideología. Es apremiante desterrar, en la vida pública, la mentalidad de amigo-enemigo, la del “o conmigo o contra mí”: entre otras cosas, la vocación esencial de España es la de que quepamos todos.

4-     Para regenerar el debate público, hay que tener en cuenta una cosa: cada vez más, lo que ocurre dentro de España tiene que ver con lo que ocurre fuera de ella. No podemos seguir siendo un país que mire fuera tan poco, siguiendo una vieja tradición, que no es precisamente de nuestras mejores tradiciones. Hoy, las elites españolas –tanto intelectuales como empresariales- saben que no todo termina aquí, que no todo está dentro de nuestras fronteras. Urge seguir su ejemplo y estar pendiente a cuanto ocurre en Europa y en el mundo. Urge acabar con el paradigma del casticismo como modelo de opinión escrita.

5-     Regeneración de la clase política. En primer lugar, partidos y sindicatos: se pide transparencia y, ante todo, se pide un funcionamiento basado en la meritocracia. En lo que respecta al Ejecutivo y el Legislativo, hoy vemos un fallo que arrastramos desde hace mucho tiempo, piénsese en materias como política energética, reforma laboral, reforma de las cajas: la clase política española no puede aplazar ni una sola vez más los grandes temas.

6-     Hay que reforzar las instituciones. La ventaja de unas instituciones fuertes es que generan una mecánica de funcionamiento singularmente virtuosa, de modo que dependen menos de la persona que esté al frente o del partido que la nombre. Sólo con unas instituciones fuertes e independientes volverá la confianza a la ciudadanía y la política volverá a ser ejemplaridad y motivo de apego. Olvidemos para siempre el temor a enfrentarnos a un juez de izquierdas o derechas, o al hecho de que un político sea investigado o no en función de quien ocupe el poder.  

7-     Es la sociedad la que cambia, no el Gobierno el que cambia la sociedad. La injerencia moral del zapaterismo en la vida pública ha sido ejemplo de lo que no debe hacer un Gobierno que respete a sus ciudadanos. El Gobierno debe respetar y garantizar la libertad de las personas, no inmiscuirse en los consensos básicos de una sociedad. De ahí sólo salen las convulsiones que hemos visto, y la sensación de agravio moral de no pocas personas, además de medidas que el tiempo puede considerar profundamente injustas –pensemos en la píldora del día después, el aborto libre, etc.

8-     La cultura ha separado a los españoles en muchas ocasiones. No hay motivo para que eso siga siendo así. Las cosmovisiones son compatibles: cada uno se escoge en una tradición, y además las culturas nacionales tienen menos peso en un mundo globalizado. Si algo nos gusta o nos disgusta en materia de arte, literatura, etc., tenemos a mano el debate intelectual antes que la descalificación personal. Por otra parte, los propios artistas han de saber que el compromiso que se les exige no consiste en repetir los peores errores de alineamiento de los intelectuales del siglo XX.

9-     El sistema autonómico ha sido sostenible. Como todo el sistema constitucional, puede seguir siéndolo. Pero nuestra clase política ha de pasar del paradigma del gasto al paradigma de la austeridad. Que nadie se equivoque: la austeridad no son unas medidas para implantar hoy y quitar mañana; se trata de un estilo político que ha de ser el nuevo modelo de funcionamiento, pues lo contrario es la institucionalización del robo. España tenía una tradición de austeridad que ha de recuperar.

10- Hay que recuperar la ética del trabajo. Es un valor intrínsecamente de compromiso personal, de asunción valiente y responsable de la propia vida, de un sentido del honor que excluye la dependencia. Urge la educación en un marco de pensamiento por el que tengamos presente la noción de bien común y responsabilidad que ha de guiar la vida pública –en lo político, lo empresarial y lo mediático.  

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