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¿Son estos los únicos hombres de consenso que hay en España?

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Tras la elección para RTVE del octogenario Alberto Oliart como hombre de consenso, surge la duda ¿Por qué hay tan pocas figuras públicas que unan a los españoles por encima de partidos e ideologías?

Los hombres de consenso se caracterizan por ser instancias de conciliación, capaces de ejercer papeles para el Estado situándose por encima de la controversia partidista. Su trayectoria avala su autoridad moral y su independencia, por más que hayan estado integrados en algún partido. Esta es una lista posible de los -pocos- hombres de consenso que hay en España, después de que alguno -Jorge Dezcallar, Herrero de Miñón- se haya desgastado.

-         Alberto Oliart. Antiguo ministro de la UCD, ha sido bien recibido por el PSOE por su perfil tradicionalmente moderado y por su activa colaboración con el grupo PRISA. En el PP cuentan sus viejas credenciales liberales y su postura ante los nacionalismos. A catalanes y vascos les gusta, en primer lugar, por su relación con Cataluña y, en segundo lugar, por su participación en la redacción del Estatuto de Guernica.

-         Carlos Dívar. El nombramiento del presidente del CGPJ y del Tribunal Supremo sorprendió en su día: Zapatero situaba al frente de los jueces a una persona de muy significada pertenencia católica. Con todo, el perfil conservador de Dívar no ha implicado en ningún caso menos moderación y unos rasgos de sabiduría técnica, discreción y gobierno, así como de buena reputación entre sus compañeros –es todo lo contrario de un juez estrella-, que le aseguraron la elección.

-         Eduardo Serra. Este habitual de la vida pública madrileña ha tenido buena acogida tanto en PSOE como en PP. Empezó su cursus honorum en el gabinete de Suárez, en tiempos de UCD, junto a Oliart, para luego ser Secretario de Estado de Defensa con Narcís Serra, ya en el gobierno de González. Por sugerencia de la Casa Real, en 1996 llegó como hombre de consenso al ministerio de Defensa bajo Aznar. Después, ha sido presidente del Real Instituto Elcano, que también precisa de consenso y apoyo de la Casa Real para su nombramiento.

-         Antonio Fontán. Destaca por su perfil humanista y por ser pieza clave en la Transición en diversos ámbitos: luchó y sufrió por la libertad de expresión –fue editor del clausurado diario Madrid-, redactor de la Constitución, presidente del Senado, ministro de UCD y hombre en el que la Monarquía ha tenido siempre plena confianza y estima personal, otorgándole recientemente un marquesado.

-         Gustavo Suárez Pertierra. Pese a su significación política tradicional dentro del PSOE –diputado, ministro de Educación y ministro de Defensa- y haber tenido algún roce en Educación con la Iglesia Católica, este canonista es hombre muy apoyado por la Zarzuela, que propuso su nombre para presidir una entidad no partidista como es el Real Instituto El cano.

-         Josep Antoni Durán i Lleida. Es un histórico, diputado desde 1979 con alguna interrupción, y experiencia política tanto en el Congreso como en el ámbito europeo, provincial, municipal y autonómico, además de dirigir Unió Democràtica. Su perfil poco soberanista y su carácter dialógico y templado, así como su atractivo personal, lo han hecho tolerable para los partidos nacionales. De este modo, dirige la Comisión de Exteriores del Congreso, cargo a partir del cual el Gobierno le ha encargado misiones como mediar con Irán y con Israel.

-         Alberto Aza. Su perfil de diplomático le aleja de la lucha partidista y, además, tuvo un papel en la transición como director de gabinete de Adolfo Suárez. La embajada en Londres, que él ocupó, ha sido tradicionalmente ocupada por personas de mucho prestigio –de Manuel Fraga al marqués de Tamarón- y, en su condición actual de Secretario General de la Casa de Su Majestad el Rey, trata con instituciones y políticos de todos los partidos.

-         Marcelino Oreja. Perteneciente a una antigua saga política de origen vasco, Oreja se hace desde joven un hueco en las entretelas del Estado en el ministerio de Exteriores, siendo también activo en el grupo Tácito. Oreja representa lo mejor de la democracia cristiana, de vocación europeísta; en su caso, también ganó respeto al concurrir por Guipúzcoa al Congreso en los tiempos más duros de ETA. Es miembro de diversas Reales Academias.

-         Enrique Múgica. Es, sin duda, uno de los históricos de la política española, y algo así como una de las más antiguas memorias vivas del PSOE, en cuyos gobiernos fue diputado y ministro de Justicia. Precisamente por consenso, fue designado Defensor del Pueblo, por más que el zapaterismo imperante no lo vea bien. Siempre ha sido impulsor de las relaciones España-Israel, en parte por su origen judío, al tiempo que se ha legitimado históricamente con su lucha antifranquista y su carácter de vasco no nacionalista.

-         Paco Vázquez. A su lucha antifranquista hay que añadir su capacidad de integración como presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias, entidad a la que llegó como alcalde casi inmemorial de La Coruña. Allí dejó durante décadas un recuerdo de persona cercana y de gran bonhomía, con capacidad para conciliar su republicanismo teórico con las mejores relaciones con la Casa Real, su galleguismo con el antinacionalismo sin complejos o su catolicismo devoto con la militancia en el PSOE. Por estas cualidades de hombre de consenso fue nombrado embajador ante la Santa Sede.

-         Juan José Laborda. En el Senado desde la legislatura Constituyente, Laborda ha sido el senador con más años en activo, siendo nombrado presidente de la Cámara Alta en dos ocasiones constitutivas. Su perfil de moderación en su labor de escritura y periodismo, al tiempo que su trabajo en pro de la España autonómica y su admirable lucha contra un ictus cerebral, han contribuido a su consideración de hombre de consenso. Precisamente en calidad de hombre de consenso fue enviado por el ‘popular’ Aznar ha entablar negociaciones con Teodoro Obiang.

-         Rodolfo Martín Villa. Martín Villa es hombre de Estado desde la época franquista, siendo encargado de hablar con sectores críticos de oposición e iniciar movimientos aperturistas en el Régimen, además de ministro. También lo sería con Arias Navarro. De esa época a esta, Martín Villa ha ocupado ministerios, puestos de designación real –senador real-, resultando en pieza de importancia en la Transición. Ha sido recuperado para misiones concretas por diversos Gobiernos, como el de Aznar, que lo nombró comisionado para el Prestige. 

-         José Pedro Pérez-Llorca. Ha sido uno de los ‘padres de la Constitución’ de perfil más discreto, enfatizando antes su vertiente jurídica y diplomática que la puramente política. Tres veces ministros en tiempos de UCD, su fama académica ha contribuido a su autoridad moral, siendo su voz particularmente respetada por su tradicional reserva a la hora de expresar sus opiniones.

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