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España 1-1 Alemania: España primera de grupo

Se completó la segunda jornada en el grupo E y España lo tiene todo a favor para estar en octavos. Si gana a Japón será primero de grupo, si empata estará garantizado el pase a octavos e incluso perdiendo tendría muchas opciones de estar en la fase eliminatoria.

España lidera el grupo con cuatro puntos; Japón y Costa Rica están igualados con tres puntos y Alemania cierra con uno. Teniendo en cuenta que el primer criterio es la diferencia de goles la selección española cuenta con la ventaja del 7-0 a Costa Rica en la primera jornada.

Si los de Luis Enrique pierden ante los nipones solo le dejaría fuera una victoria de Costa Rica o una goleada de escándalo de los alemanes a los ticos (7-0). La tercera jornada de esta fase de grupos se disputará el próximo jueves a las 20.00 horas: Japón-España y Costa Rica-Alemania.

España lo encontró temporalmente en Morata. No fue definitivo. Los alemanes, una roca de la competición, sacaron el carnet de gran rival. Así se debe entender el empate, como un salvoconducto para llegar a la última estación de Japón con la opción de ser líderes. Ni todos los rivales son Costa Rica ni todos son Alemania.

En un soplido se pasó de la bacanal de la pura vida al puro fútbol, a la Alemania de las cuatro estrellas, la que siempre tiene un Müller, el apellido del miedo, y un portero que atrapa el balón como si fuera un aceituna, ya sea Maier, Illgner, Kahn o Neuer. Se vio rápido que había un rival con un himno y tibias de campeón.

Flick, el general del Bayern en el 2-8 al Barça, se sabía el código de barras del juego español. Busquets tenía un centinela a su lado, Gündogan; de Pedri se encargaba Kimmich, una lucha de alta costura del balón, y Gavi debia medir su arrojo con Goretzka, un socio del fútbol muscular. En esa asamblea de centrocampistas iba a decidirse la cena.

El primer susto lo dio Dani Olmo, un futbolista que centrifuga la hierba del rival, que chutó como un alemán para doblar la muñeca de Neuer antes de tocar el larguero. Fue una chispa en un partido que empezaba a disputarse en un tatami. Cada pulgada había que ganársela.

En ese baile de tendones aparecía Musiala, un bailarín con el balón. La joya del Bayern encontraba una facilidad pasmosa para eliminar muslos rivales. Menos elegante, pero más voraz, fue una galgada de Thomas Müller que agujereó la defensa española. Peor fue el túnel que encontró Rüdiger en una falta que cabeceó a la red sin oposición. Por fortuna, la NASA arbitral encontró un fuera de juego que supo a barra libre en una fiesta.

Dentro de un partido grande, con barredoras por todos los huecos, España encontraba una mina en la banda izquierda, la de Dani Olmo, más presente que Asensio y Ferran Torres. No había nadie cómodo en el césped. Ni español ni alemán. El aroma de encuentro de Primera división mundial recorría Qatar.

Unai Simón desafiaba a los almacenes de desfibriladores en el lnicio con el pie de las jugadas. En una de esas el balón se balanceó por la frontal del área hasta llegar a Kimmich. El meta respondió con una gran parada. Fue el aperitivo antes del movimiento de ajedrez que cambió el patio, la entrada de Morata por Ferran Torres.

El delantero vivió de la milésima. La suficiente para entender el pase de Jordi Alba y birlarle el cinturón a Süle antes de colocar el exterior del pie sobre el balón y tronchar la estirada de Neuer. En la montaña rusa del partido Musiala comprobó de nuevo la pericia de Unai Simón.

El gol no adormiló a Alemania. Al contrario, le entró hambre y empezó a montar un residencial cerca del área española. Luis Enrique envió a Nico Williams para matar a la contra. No sirvió. El partido se le hizo largo a España. Sané empezó con el periscopio y Fullkrug, el refresco que entró por Müller, embocó con la derecha por alto. Un partido nuevo a falta de ocho minutos.

Alemania desactivó a España en esa última recta del partido. El partido se jugó con la nuez del revés. Hace una semana se habría firmado esta situación. El grupo de Luis Enrique no perdió la cara en un partido para héroes. El empate fue de gigantes. Un rival de cuatro estrellas mostró lo que es un Mundial.

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