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España 7-0 Costa Rica: Exhibición histórica de España

España ha logrado la mayor goleada en un Mundial en toda su historia.

Ya sobra decir que Luis Enrique retocó el once que el común de los hinchas podía haber imaginado.

Metió a Azpilicueta en el lugar de Carvajal, que no pudo entrenar un día, y ya se sabe que aquí no entrenar un día penaliza. Y metió a Dani Olmo, uno de sus ojitos derechos desde que llegó (como Ferran).

Así las cosas, sólo quedaba un sitio arriba y el entrenador optó por aprovechar la inercia espléndida de un futbolista renacido como Asensio. Moribundo en el inicio de curso, probablemente la llamada del seleccionador en el mes de septiembre ejerció de espita para un renacer que le ha disparado. Dio la sensación, eso sí, de que más allá de los retoques, el resultado hubiera sido el mismo con otros nombres.

Porque la cuestión se dirimió desde el primer segundo. España pidió sacar de centro y Costa Rica nunca más vio la pelota. Más allá de los goles, que fueron siete y pudieron ser más, la sensación de superioridad fue tan brutal que Unai Simón no tuvo que intervenir en hora y media. Nada más allá de algún balón atrás de sus centrales, pero que no llegaría ni a media docena.

Por supuesto, paradas ninguna. Tan tremenda fue España que apagó el habitual bullicio de un estadio mundialista, donde las aficiones, mínimas esta tarde, animan a los suyos y los neutrales arman jaleo. Como aquí los neutrales da la impresión de que no les interesa un pimiento, pues el estadio estuvo en silencio pasada la media hora.

Porque el partido, como tal, duró media hora. España, cómoda, confiada en su idea, comenzó a desplazar la pelota de un lado para otro y a intercambiar las posiciones de los tres de arriba. Asensio partió de delantero, con Ferran a la derecha y Olmo a la izquierda, pero a partir de ahí pululaban por todas las zonas y ese movimiento resultó indescifrable para los 'ticos', muy académicos en su 4-4-2 pero completamente perdidos en su realidad de un sistema tan volátil como el que tenían enfrente.

En la jugada del primer gol, Asensio, que partía del centro, apareció por la izquierda, y Olmo, que partía de la izquierda, apareció por el centro, indetectable para una defensa que, cuando quiso visualizar el pase de Pedri, ya era tarde. La resolución de Olmo, deliciosa.

Sin variar nada el guión, el carrusel siguió y hubo un punto en el que el equipo disfrutó. Relajados tras el gol, viendo la incapacidad de Costa Rica para la pelea, los jugadores disfrutaron de un entrenamiento con público. Antes de ese descorche ya había habido otras dos opciones, y poco después de ponerse por delante llegó el segundo en otra jugada de billar.

Busquets, Alba, Asensio, pim, pam, pum, al primer toque, y el disparo del madridista le quedó muy lejos a un Keylor crepuscular. Como quiera que aquello se parecía mucho a un recreo, y Jordi Alba puso la tienda de campaña en el campo contrario, terminaron haciéndole un penalti que transformó Ferran, un chico que necesita de esa confianza porque con el balón en los pies es el más fallón de todos con diferencia.

En 30 minutos, pues, España había resuelto el siempre espinoso debut y, de ahí en adelante lo único que hizo fue allanar el camino para lo que viene. Fueron cayendo los goles por inercia, sin necesidad de hacer nada especial, y fue Luis Enrique reservando a sus piezas más preciadas, porque está muy bien el discurso de que pueden ser titulares los 26, pero dentro de esos 26 también hay diferencias. 

Pedri, Busquets y Asensio no llegaron ni a jugar una hora, Olmo siguió en el campo porque necesita ritmo, Jordi Alba se fue a descansar y de paso se estrenó Balde, y Nico Williams para proteger a Ferran, que se fue con dos goles...

A todo esto Costa Rica, a la que le pesan los años, que no recuerdan en nada a aquel equipo vigoroso de 2014, no pudo hacer otra cosa que verlas venir y pensar que ya llegarán tiempos mejores. Ni un disparo a puerta puede presentar en su hoja de servicio. Todo lo contrario que España, dueña de un paseo. Un paseo para empezar como nunca antes lo había hecho. Queda mucho Mundial, seguro, pero seguro también, segurísimo, que no hay un modo mejor de empezarlo

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