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EN PAUSE CON Antonio De la Torre, actor

“El relato del cine es masculino, porque quien tiene el poder, tiene el relato”

Antonio De la Torre es el actor español de la década prodigiosa. Principal, y de reparto. Nominado compulsivamente a los premios gordos del cine, querido y reconocido. Comprometido y social. Un fenómeno dentro y fuera de las alfombras rojas.

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Llegó tarde, pero sin ira. Iba para comedia, porque “soy de Málaga, y soy muy gracioso”, pero las decenas de directores de primera que le quisieron en sus pelis acabaron perfilando en sus ojos al actor duro, silente. Entre poli bueno y poli malo. Entre topo y secreta. Entre Azuloscurocasinegro y Que Dios nos perdone. El hijo predilecto de Goya en los últimos diez años se prepara para los estrenos de El reino y Memorias del calabozo. Quiere rodar en inglés. Quiere hacer un musical de Mocedades. No quiere etiquetarse como el hombre que mataba fijamente con la mirada. Disfruta y agradece su trabajo. Es el actor de las gentes de barrio, de la pancarta clara cuando hace falta, y de las verdades como puños en un mundo de sedas rojas y guantes blancos. Es nuestro Eastwood, aunque a veces le confundan con Chuck Norris. La cara del thriller. El periodista-actor. El padre coraje. El malaguista. La balada alegre de trompeta. Un truhan del cine. Un señor fuera de plano. Uno de los nuestros.

Antonio De la Torre está en el ruedo: entre el cine y la calle. Porque los pies pueden posar en alfombra roja son dejar de oler a asfalto. Antonio De la Torre está en el ruedo: entre el cine y la calle. Porque los pies pueden posar en alfombra roja son dejar de oler a asfalto. Curro G. Feliu

Un artículo de...

Álvaro Sánchez León / @asanleo

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Plano cenital de Sevilla con cielo gris y Gisela histérica de vientos azotando sobre los picos de la ciudad. La cámara se acerca tranquilamente y se posa ante la puerta de un colegio. Padres y niños esperan que se abran las puertas. Murmullos de fondo a primera hora de la mañana.

Plano detalle de una mano de hombre curtido agarrada a la de una niña pequeña. Plano medio de Antonio De la Torre. Detalle de beso paternal, regodeo de dedos sobre los pelos de la pequeña.

Plano americano del actor español que se da la vuelta como padre y se pone la mochila de profesional puntero al que no le dejan en paz con tanta entrevista. Sonrisa. Entre padres del cole, saludos, conversación, cuánto-tiempo-sin-verte, De la Torre cruza la calle y se viste, sin disfrazarse, del actor que lleva dentro.

Mañana intensa. Desde las cinco de la mañana ha cambiado pañales de niño, ha pegado el ojo como cualquier padre de bebé, y está en danza desde antes de que el sol de Sevilla, que estos días está de farra, asome por estas calles auténticas del barrio de la Macarena.

Estamos en el bar La Hacienda, especialistas en churros. Cafés en vasos de cristal. Sillas de plástico. Pared desconchada. Una bandera andaluza y una española más unidas que lo que dicta cualquier protocolo. Una imagen de la Virgen de San Gil. Un nazareno sobre cal. Un plato de cerámica marrón. Un rincón de cine de ese al que De la Torre da vida. Un plató real y total donde a Antonio le conocen como uno más.

Sonriente. Primerísimo primer plano de los ojos azules más potentes del séptimo arte español. Grabando.

Venía para acá pensando: ¿Y si me saca una pipa? La verdad es que tiene pinta de policía secreta…

(Risas).

Tengo tres palabras tabú para esta entrevista: Goya –me aburre ya el tema premios-, descenso, y Profilaxis. Yo me entiendo.

Está bien… Se abre un periodo de reflexión sobre los tres aspectos… (Risas).

¿Usted es el español más Eastwood?

Hay actores muchos más convincentes que yo haciendo de tipos duros. Se me ocurren tres o cuatro nombres del tirón. Es curioso, pero cuando empecé en el mundo del cine me presentaba diciendo: “Soy de Málaga, y soy muy gracioso. Sé hacer imitaciones…”. Siempre pensé que mi futuro estaba en las comedias, y sin embargo, he acabado haciendo carrera con papeles de tipos duros y silentes… En Abracadabra he hecho un papel distinto, y en El autor, también. Ahora tengo dos películas pendientes de estreno: El reino, en donde hago de político extrovertido metido en problemas, y Memorias del calabozo. En fin, no sé. No me quiero etiquetar antes de tiempo.

Aunque después le confundan por la calle con Chuck Norris… Me parece injusto. Usted es mucho más actor. Dónde va a parar…

En Marrakech, sí. Iba andando por allí, con barba en ese momento, y un hombre de un puesto me señaló: “¡Mira, Chuck Norris!”. Me hizo muchísima gracia.

¿Usted representa mejor a la gente que Podemos?

No creo. En Podemos hay mucha gente y muchas ideas… Además, no es lo mismo tratar de llevar la realidad de la vida, de legislar de manera ejecutiva cuestiones que la gente necesita, como la subida de las pensiones, de los salarios mínimos, la redistribución de las riquezas, los incrementos presupuestarios para la sanidad y la educación públicas, que representar a la gente detrás de la cámara. Tomar medidas efectivas es más difícil que tratar de hacer lo que yo hago –me tomo la pregunta como un piropo-, que es interpretar a personas en lugar de a personajes. Lo mío es más fácil. Yo sólo me tengo que preocupar de parecer verosímil y creíble.

El otro día, reflexionando sobre lo que significa actuar, se me ocurrió poner un tuit diciendo que interpretar es dar un salto mortal hacia el otro, en el sentido de que tienes que ser una persona muy empática. Sé que es meterse en un jardín y requiere mucha explicación, pero pienso que según la persona que seas, así serás como actor. No se puede contar lo que no se conoce. Es verdad que en el cine intento siempre hacer personas.

¿Le ilusiona Unidos Podemos, o le ilusionaba más con Errejón y Bescansa?

No me gusta la política de nombres… La política en la que creo se centra más en los ideales que en los ídolos. Las personas pasamos, permanecen las ideas encarnadas en un conjunto social. Yo tengo muchas fantasías, entre ellas unos Estados Unidos de la Humanidad donde por fin nos veamos a todos como un todo… Mujica, al que he tenido la suerte de conocer para rodar Memorias del calabozo, decía que durante los trece años como rehén de la dictadura militar argentina reflexionó sobre la esencia del hombre y llegaba a la conclusión de que debemos averiguar lo que somos para no ir a la contra de nosotros mismos. En prisión él se volvió más socialista de como entró, pero se dio cuenta de que necesitamos un cambio cultural de manera de pensar para que esas ideas sean posible.

A su pregunta: no creo que se trate de Errejones o Bescansas. Se trata de valores. La sociedad libre por la que yo apuesto no se centra en personas concretas, sino en el tipo de comunidad social que hacemos.

Señor Camaleón de la Isla Mínima: ¿el hombre de las mil miradas de perdóneme-la-vida es usted?

Obviamente, como actor sabes lo que haces, a dónde vas, de dónde vienes, pero intento no ser muy consciente de si una mirada funciona o no, porque si no acabas viéndote como una maquinita. Creo que hay que trabajar más desde las tripas. Esto que digo es un trampantojo, porque en realidad siempre hay algo de conciencia, de saber lo que sí y lo que no, pero yo no voy por ahí poniendo cara de thriller.

Las manos de De la Torre tejen un futuro entre más comedias e incluso un musical. Los retos están en su ADN. Las manos de De la Torre tejen un futuro entre más comedias e incluso un musical. Los retos están en su ADN. Curro G. Feliu

Cuando un actor ha pasado por las manos de Sánchez Arévalo, Pedro Almodóvar, Alberto Rodríguez, Álex de la Iglesia, Icíar Bollain, Martín Cuenca, Raúl Arévalo y Gracia Querejeta, por resumir, ¿se vuelve actor de verdad o esquizofrénico perdido?

No tengo ni idea…

Pero usted anda bien de salud mental, ¿no?

Yo creo que sí.

Yo creo que también, porque se ríe usted mucho…

Sí. Intento no tomarme más en serio de lo que prescriben los doctores.

Decía que no todos los actores han pasado por manos tan diferentes y tan brillantes.

Eso es una suerte. Llevo tiempo diciéndolo, y no es una cuestión oportunista, aunque me parece un buen momento para subrayarlo después de esta década prodigiosa, porque es un prodigio que haya podido trabajar con esos magníficos directores. Desde que hice Azuloscurocasinegro hasta ahora, entre los 40 y los 50 años, he tenido esa suerte porque soy un hombre. En Balada triste de trompeta yo tenía 42 años, y Carolina Bang, que hacía de mi novia, tenía 25. Poca gente se preguntó qué hacen estos dos juntos… Si es al revés, lo tienes que explicar. Esto es verdad y hay que decirlo: hay muchos papeles para un hombre entre 40 y 50 años, pero para mujeres, no.

Bueno, tampoco vas a poner a una mujer haciendo tu papel de José en Tarde para la ira

No, pero puedes contar otro tipo de relato. El relato del cine es masculino. Eso es así.

¿Hay algún director del que espere particularmente una llamada? ¿Bayona? ¿Coixet? ¿Guzmán?

Con esos tres me encantaría currar.

Usted ha contribuido a que el thriller español tenga calidad, gancho, historias y personajes con peso propio. Queda clarísimo que ya no somos el cine de pandereta y flamenca, si es que alguna vez lo fuimos así, en esencia.

Bienvenido Mr. Marshal, sí, era un poco pandereta, pero al mismo tiempo tenía su acidez… Ahí están El verdugo, La caza, La familia de Pascual Duarte… Son todas películas magistrales… ¡Los santos Inocentes! Cuidado, porque a veces hablamos del cine español identificándolo con el Landismo, y el Landismo era un género, como bien dijo el propio Landa, ese actor total. Mire Fernando Rey, Fernando Fernán Gómez… Esa generación que pasó hambre hizo un cine maravilloso.

Me refería a las historias. Pocas eran thriller. Parecía que un thriller de calidad sólo podía importarse de Hollywood…

El cine ha evolucionado, pero por mil factores. Ha avanzado el formato, el digital permita rodar mucho más… He leído que Steven Soderbergh ha hecho una peli -que tengo muchas ganas de ver- con un Iphone. Estamos en una nueva era. Gran parte del talento de los contenidos ha pasado a la televisión con HBO y Netflix. En España tenemos una plataforma maravillosa que se llama Filmin. Estamos en un momento nuevo, pero la necesidad del ser humano de contar historias sigue siendo eterna. La necesidad de un relato define la esencia del ser humano. De hecho, si lo piensa, quien tiene el poder, tiene el relato.

Hablando de series, me gustó encontrarle en Infiltrados, basada en una novela de John Le Carre y dirigida por Susanne Bier.

Tengo muchas ganas de currar en inglés. Hay un par de proyectos que, de momento, están en el cajón. Como me salen muchos trabajos aquí, a veces me llaman y no es fácil cuadrar agendas tan dispares. También es cierto que en los proyectos internacionales tú eres the last monkey… En mayo empiezo una película, La trinchera infinita, un proyecto con Aitor Arregi, José Mari Goenaga y Jon Garaño, los de Handia, que llevamos hablando un año. Aquí hay trabajos que, por suerte, me llegan con mucho tiempo de antelación, y los voy colocando. Después es más difícil encajar cosas de fuera. Pero, Bayona, Coixet, Guzmán: ¡llamadme!

Qué parte de la mala leche de sus personajes malos son disfraz y qué lleva en su ADN el señor De la Torre.

Mi padre era un hombre de un gran corazón, pero víctima de su tiempo, con grandes frustraciones, huérfano de padre desde los tres años, y a veces, cuando éramos niños y dábamos guerra, decía: “¿Me levanto?” Y eso era sinónimo de morirse de miedo… En el De la Torre actor existen ingredientes de la mirada de mi padre.

Pero vamos, que si a usted le pitan en un cruce más de la cuenta, no pone la mirada de José en Tarde para la ira

No, hombre, no. Al revés. Siempre he sido un poco caguetilla. Habitualmente he rehuido los conflictos.

De la Torre no es políticamente correcto. Me gustaría que me resumiera en plata la verdad del cine español. Con sus alfombras rojas y sus agobios de fin de mes.

La mayoría de los papeles están escritos para hombres y el relato es masculino. Sólo el 8 por ciento de los actores vivimos del cine. El cine español no es una cuestión de Estado, como se ve en Francia. Tenemos muchas cosas que mejorar, pero aquí hay pasión y talento.

Me Too. Mujeres abusadas en mitad de las pantallas de Hollywood. ¿Aquí el tema está todavía por estallar?

No tengo constancia.

Le hemos visto pletórico con el éxito de las movilizaciones del 8-M. ¿Qué pone en su pancarta sobre la igualdad entre hombres y mujeres?

Intento no ponerme muchas etiquetas porque, al final, lo único permanente en la vida es que todo cambia… Tengo mis ideas claras, sobre todo, porque he visto a mi madre, que se vio sometida por el régimen anterior, que atentó especialmente contra las mujeres pobres. Mi madre no pudo ir al colegio y fue, prácticamente, analfabeta. También lo vi en mis tías. Aquello fue una lacra terrible. Sé que en la República no era así, y que hubo conquistas que se perdieron. Tengo claro que no quiero que todo eso vuelva a ocurrirle a mi hija. Debe premiarse el esfuerzo, porque no todos somos iguales, pero apuesto decididamente por la igualdad de oportunidades. Todas las personas tienen derecho a un techo, a comida, a un trabajo digno, a una sanidad y a una educación, y todo Estado que no garantice eso, para mí es un Estado fallido.

En estos días le he oído una cosa que no se ha escuchado mucho en lo que ha parecido una conquista por bandos: que la revolución feminista debemos hacerla juntos.

Claro. Es muy saludable que los abusos se denuncien, y que las mujeres pierdan el miedo. Es esencial. Pero es importante avanzar sin hacer una caza de brujas. Entiendo que es difícil compaginar ambas cosas. Comprendo lo que significa la liberación de muchas mujeres, pero hay que tener cuidado para evitar que haya inocentes que puedan caerse.

Le hemos visto, también pletórico, pidiéndole a Cristina Pardo que Malas Compañías –su programa sobre corrupción política- entre a saco con los ERES-ya-hombre de Andalucía…

Bueno, es lo que decía el guion…

Está poniendo difícil que le hagan Hijo Predilecto de Andalucía…

Bueno… No lo creo… A ver: tengo buenas relaciones con algunas personas del Gobierno andaluz. Las veces que he tratado a Susana Díaz ha habido una sintonía muy buena. Una cosa es una cosa, y otra cosa, es otra cosa…

Usted quiso ser Butanito [José María García], y ahora es el hombre de la bombona que explota en el cine español. Bien. ¿Qué periodista lleva usted dentro antes de maquillarse?

Cuando uno va teniendo una edad se va construyendo un relato vital para no acabar deprimiéndose…. Ahí llego a la conclusión de que hay algo del periodista que nutre mis personajes. El periodista y el actor cuentan historias: el primero lo hace en tercera persona, y el segundo, en primera. El acercamiento a la realidad y eso de que la realidad supera la ficción es algo del periodismo que me gusta para la interpretación.

 "Hay que evitar ser sectarios, y yo lo he sido". Crece el actor. Avanza la persona. "Hay que evitar ser sectarios, y yo lo he sido". Crece el actor. Avanza la persona. Curro G. Feliu

Como padre y como periodista titulado: ¿Qué significan las palabras de Patricia, la madre de Gabriel, en medio de un mar de pirañas de las audiencias?

Me parecen de una grandeza moral que me cuesta hasta calificar. Una persona que sea capaz de superar el odio y colocar el punto de mira en lo hermosa que fue la vida de su hijo es excepcional. Patricia, la madre de Gabriel, por lo que conozco tras sus declaraciones, se acerca a ese tipo de personas que podrían construir el mundo en el que sueño.

¿La historia de De la Torre es un sueño americano con capital en Despeñaperros?

Yo creo que sí… Iba para John Wayne, pero me quedé en De la Torre…

Usted salió como de la nada, cuando su biografía anterior tampoco deparaba un futuro así de brillante…

Supongo que sí. Hay mucha gente así. Es verdad que nadie en mi familia tiene nada que ver con el cine, ni yo vivía en Madrid, que es donde de verdad está la industria. Pero bueno, me da pudor extenderme en hablar de mí.

A usted le va la marcha de criticar lo que haga falta. Sin medir el qué dirán. ¿Le da miedo esa soltura a los que votan en la Academia de Cine?

Bueno, tampoco soy ni Javier Marías ni Arcadi Espada… Y tampoco soy yo tan libre… Si su concepto de libertad soy yo, cuán preso eres, amigo mío… Intento decir cosas con sensatez, y algunas veces he metido la pata, porque me equivoco y en ocasiones me caliento. Pero en general intento opinar con sentido común, pensando en los demás, e intentando no tener miedo a ningún tipo de censura. Sinceramente, no se me pasa por la cabeza que haya alguien que piense: a este no le voto, por gilipollas. Pero, vamos, igual existe…

En cualquier caso, yo sí aprecio el reconocimiento de la Academia de Cine. Si la gente no me votara no habría tenido tantas nominaciones.

Aunque el paso definitivo es darle el premio... Porque los espectadores y muchos periodistas siempre le tienen como favorito.

Bueno, los periodistas tampoco, que después sus Premios Feroz tampoco me caen… (Risas). No sé. Es difícil… Hay que aceptar con humildad que los votos tienen su cosa subjetiva. Esto no es como la marca de Usain Bolt. Para muchas personas puedo dar la sensación de que estoy en el taco… Y no…

Le he leído lo de Usain Bolt varias veces y entiendo perfectamente la subjetividad de los premios, por eso no quería entrar a los Goya.

Siempre que he estado nominado me ha hecho mucha ilusión ganar mi segundo Goya, pero soy consciente de que somos muchos. No me lo tomo como si la Academia me debiera algo. Para empezar, tengo curro, que es lo más importante; tengo un Goya, y tengo un montón de nominaciones, porque la peña me vota.

Y hay mucha variedad de talento, cada vez más.

Desde fuera la sensación es que tú ya estás triunfando, y al final llama más la atención alguien diferente. Hay que ser comprensivo con eso.

¿Usted cree que los actores españoles son una referencia de ciudadanos implicados en los problemas sociales de nuestro país? Con hechos, quiero decir.

La única diferencia que veo es que a nosotros nos ponen un micrófono delante. Veo lo que hacen, por ejemplo, otros padres de compañeros del colegio de mi hija por compaginar trabajo y familia, y los birlibirloque a los que se enfrentan, de los que igual yo me libro por mi trabajo, con la ayuda de mi mujer con el suyo. La gente tiene muchos problemas. La diferencia es que a mí me preguntan y puedo responder. No opino distinto a muchas personas de mi entorno, pero a mí se me escucha.

Tengo la impresión de que cuando una persona –un actor, un periodista, un artista, lo que sea- sube puestos socialmente, se olvida en parte de su gente y de lo que han sido.

De una manera inconsciente, la vida nos cambia. Yo no soy el mismo. Nada es igual. Yo, personalmente, intento recordar de dónde vengo y ser coherente con el mundo que me gustaría.

Antonio De la Torre es uno antes y después de Azuloscurocasinegro. Venía de una familia humilde. Está en la cumbre del cine español. ¿Qué ha aprendido de verdad en esta metamorfosis? De verdad, no de boquilla.

Me han pasado tantas cosas y tan rápido… Quizás me he ido habituando a reflexionar, a convivir con los medios de comunicación…

Por ejemplo: cuando hizo Grupo 7 entendió mejor la labor de la Policía. ¿Se ha caído de guindos así, de esos de pasar de la pancarta de facultad sin fondo a descubrir la verdad?

La verdad es poliédrica. Le sorprendería la gente con la que tengo cierta amistad aunque estén en las antípodas de mi forma de entender el mundo y la sociedad. Pero somos personas y nos podemos mirar a los ojos sin focalizarnos en las diferencias. Eso me parece hermoso. Tuve un tuit fijado durante mucho tiempo con una frase de Mujica que me gustó cuando la conocí: “El odio es antipolítico”. Y lo dijo él, al que volvieron loco después de muchos años de cárcel… Ahora lo he sustituido por “el odio no protege” en este contexto social de exigir que se legisle en caliente.

Por ejemplo: al ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, le he tratado un par de veces y me cayó fenomenal. Le conocí más de cerca cuando presenté el Festival de Cine de Sevilla y él era todavía el alcalde de la ciudad. Me pareció simpatiquísimo y encantador. Como dice Pablo Iglesias, no soy sospechoso de votar al Partido Popular, pero…

No es usted un fanático, vaya.

¡Noooooo! Hay que intentar no ser sectario, y yo, a veces, lo he sido. Se puede ser firme en las ideas tendiendo la mano al otro.

Vuelve en breve con El reino, otra vez con Sorogoyen. Otro thriller, pero esta vez en el reino de la corrupción y de la mentira. Por lo que se ve en alguna foto del rodaje, usted hace como de político...

Me encanta lo de “como de político”, porque así es la política… Los políticos hacen de políticos, pero no… En su pregunta ha definido lo que es España. ¿Cuál es el problema de España? Pues que los que mandan hacen como de políticos.

En El reino deja de ser el guardián de las periferias y se pone un traje. Hábleme del usted corrupto en mitad de ese reino tan cercano. Cuénteme algo. Un tráiler.

Ya me ha metido en promoción antes de tiempo… A ver: En El reino mi personaje es un hombre que hace lo que cree que debe hacer, que no es legal, pero él no se plantea que no lo sea, y al que dejan en la estacada, se ve envuelto en problemas, y a partir de ahí empieza una carrera por la supervivencia. Lo más importante es que en El Reino, Manuel López Vidal, que es el protagonista, es uno de los nuestros.

¿Cuándo se estrena?

Creo que en septiembre.

¿Es su película más inminente?

Está terminándose en laboratorio Memorias del calabozo, pero no sé cuándo saldrá. He hecho un pequeño papel después con José Luis Cuerda, que creo que se estrena en noviembre.

¿Usted es valiente?

Me da miedo esa pregunta… (Risas)… Es que uno va cogiendo ya callo con tantas respuestas…

¿Rodaría en Las 3.000 viviendas?

¡Claro! Lo que pasa es que los actores de allí me superan en talento y en vida, claramente.

¿Qué tipo de chico Almodóvar fue, es o será Antonio De la Torre?

Uno agradecido por trabajar con un genio del cine mundial.

Nota usted en la calle que los españoles nos reconciliamos con nuestro cine. ¿Qué había pasado?

Nunca he pensando que se hubiera roto la relación. Hay gente a la que le gusta el cine, y otra a la que no. Ya está.

Géneros. ¿Se ve usted, por ejemplo, en un La la land?

¡Me encantaría, pero no creo que haya ningún director ni productor loco que me lo proponga! Bueno, por suerte Pablo Berger me dejó bailar en Abracadabra. No sé si lo va a repetir… Le he dicho a Pablo que me elija para un musical de Mocedades. Sería maravilloso. Un musical de Mocedades… Con un par…

¿Sería buen dúo un De la Torre-Rovira?

¡Ohhhhh! ¡Me encantaría! Dani es un buen chaval. Mi hijo se llama igual que él. Tiene la cabeza muy bien amueblada, como hemos visto después del huracán que le ha pasado por encima con 8 apellidos vascos y los Goya. Cualquiera se hubiera muerto ahí… Todo lo que conozco de Dani Rovira me gusta. Incluida Clara Lago, lindísima persona, y enorme actriz. Espero que los dos estén felices.

¿Y además de dúo para peli, se ve presentando la gala del cine español mano a mano con Dani Rovira?

Sí, lo único que yo tendría que hacer del tonto, o del soso… Seguro que a los dos nos gustaría intercambiarnos los roles, y seguro que la gente dice: que se calle ya De la Torre… (Risas).

“Tengo complejo de pobre, de patito feo, de cateto”… ¿Y le importa?

Ya he ido perdiendo ciertos complejos…

¿Su éxito actual pasa por haber sido una esponja, o por ser una mina de talento?

Más esponja.

Aprovechando que estamos en el bar La Hacienda. ¿Montoro le tiene ganas a los actores españoles?

Quiero pensar que no. Quizás puede tener poco interés en el cine, pero es una pena. En otros países lo están haciendo muy bien. El cine es un gran vehículo para contar historias y para formar un relato, y tenemos un fabuloso idioma, que habla muchísima gente y que tiene muchas cosas que decir en castellano. He estado hace poco en Francia y es maravilloso ver allí el amor por el cine. Si ve usted cómo se llenan las salas del país vecino para ver el cine español y ¡para ver mis películas! (Risas). Es una pena que en España no haya una apuesta clara por nuestro cine. Le invito al señor Montoro a que reflexione, porque está a tiempo de decidirse a dejar un buen legado para sus hijos y nietos.

José Mota. ¿Mota tanto?

José Mota es un gran actor.

¿Ha leído Patria?

No. Tengo mucha curiosidad, pero todavía no.

¿Le gustaría hacer una peli sobre ETA?

Dice Terencio: “Soy humano, y nada de lo humano me es ajeno”. Como actor me interesan todos los papeles que se puedan incluir en esa cita.

Dígame una razón para que no le den un Goya como una olla, y ya me estoy saltando los tabúes…

Porque hay mucha gente como yo que también lo merece, y que igual lo necesita más.

¿Cuánto sueño le quita el Málaga?

¡Mucho! Pero volveremos a soñar…

Pues profilaxis, profilaxis…


REBOBINANDO

Vamos al turrón, que unos premios bien dados dicen más que mil palabras.

Mirando a la vez al José de Tarde para la ira, al Carlos de Caníbal, al Adán de La gran familia española, al Rafael de Grupo 7, al Diego de Invasor, al Bachi de Primos, al Enrique de Gordos y al Sergio de Balada triste de trompeta, pero centrando el tiro en la persona que late entre vaqueros en este señor de alfombras rojas, sí, y de puertas de colegio, pañales a las cinco de la mañana, pancartas coherentes, humildad y marcha atrás, e ilusiones hacia adelante.

Se abre el sobre, sobre la tarima de mis Goyas:

Mejor película: Antonio De la Torre, por Aquí, yo mismo.

Mejor director: Antonio De la Torre, por Nunca es tarde para llegar a la luna.

Mejor guion original: Antonio De la Torre, por Curra, crece, y nunca dejes de aprender.

Mejor guion adaptado: Antonio De la Torre, por Un sueño americano de andar por casa.

Mejor interpretación masculina protagonista: Antonio De la Torre, por Ojos Parabellum.

Mejor interpretación femenina protagonista: Antonio De la Torre, por La revolución la hacemos juntos.

Mejor interpretación masculina de reparto: Antonio De la Torre, por Los que me confunden con Chuck Norris.

Mejor actor revelación: Antonio De la Torre, por Dancing Mocedades.

Mejor música original: Antonio De la Torre, por Mirada azulclaracasiblanca.

Mejor canción original: Antonio De la Torre, por Cristóbal Montoro descubra usted la América del cine español.

Mejor fotografía: Antonio De la Torre, por Mire sin rencor a los ojos que no piensan como usted.

Mejor diseño de vestuario: Antonio De la Torre, por Caretas fuera.

Mejores efectos especiales: Antonio De la Torre, por Bayona, call me by my name.

Mejor dirección de producción: Antonio De la Torre, por Un monstruo de barrio viene a verme.

Mejor película de animación: Antonio De la Torre, por El odio no protege y otros cuentos que son pura verdad.

Mejor película documental: Antonio De la Torre, por Un Hollywood made in Spain con capital en Despeñaperros.

Goya de honor: Antonio De la Torre, por Que Dios te lo pague.

Fin.


De la Torre es un ventilador de cine fresco y palabras claras. De la Torre es un ventilador de cine fresco y palabras claras. Curro G. Feliu

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