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Pues sí: ayer hablaba del boicot a Telecinco

Este jueves publiqué un post en este blog que llevaba por título “Despotismo blando: opinión pública anestesiada”. Admito que no hablaba en genérico. Tenía en mente una situación muy concreta: el boicot de un ciudadano a Telecinco.

He seguido con interés y atención este ‘affaire’, porque entiendo que plantea un interesantísimo debate que es el siguiente: hasta qué punto tiene derecho un modesto ciudadano a intentar proteger a sus iguales evitando que una televisión dañe a la sociedad, si él considera que eso es lo que está sucediendo.

Paolo Vasile lleva años explicando su modo de entender la televisión en Telecinco: él ofrece a los televidentes lo que le piden; él no ha sido elegido –explica- para ejercer de moralizador líder de una cadena, para redimir del mal a una sociedad. Él rinde cuentas a los accionistas de una compañía cotizada y debe ofrecerles resultados (los mejores posibles) dentro de la legalidad.

Por eso quiere audiencia. Cuanta más, mejor. Y por eso diseña un contenedor con los programas que demanda la audiencia. Los que más atraigan.

Esta es su moral y ese es el sentido de ‘Mujeres y hombres y viceversa’, de ‘Sálvame’, de ‘Sálvame Deluxe’, de ‘Gran Hermano’, de ‘Supervivientes’... y de los desaparecidos ‘Aquí hay tomate’, ‘Más allá de la vida’, ‘Crónicas marcianas’ o ‘La Noria’.

Pues bien. A todas estas llega Internet, una plataforma llamada –según advierten los expertos- a provocar una revolución mayor que la provocada por la imprenta en nuestras vidas.

Por lo pronto, permite articular movilizaciones sociales con un nivel de permeabilidad entre las personas sin precedentes. Ningún instrumento conocido hasta ahora había logrado aglutinar de forma tan eficaz a la opinión pública como permiten las redes sociales. Y el colmo de todo es que resultan incontrolables para los grandes poderes: ni se les puede callar, ni se les puede moldear.

Leído bajo este prisma mi post del jueves, se entiende mejor –como decía de manera acertado un comentarista de la página- el benéfico efecto para la sociedad que puede aportar Internet.

Un anónimo ciudadano, armado con su inteligencia y su lucidez, es capaz de hacer temblar las estructuras de una corporación hasta un punto que parecía imposible hace unos años. Las redes sociales demuestran que la opinión pública rebelde y no anestesiada está en disposición de llegar al talón de Aquiles de aquellos gigantes que tengan los pies de barro.

Ojo: aquí sólo es vulnerable el que tenga algo indigno o reprochable en su currículum. Porque estos movimientos sociales no cuajan si no hay una percepción verosímil sobre lo que se persigue, si no hay una opinión comúnmente aceptada por todos.

Sólo deben temer los que llevan a cabo ese “despotismo blando”, de perfil paternalista, que adoptan quienes quieren perpetuarse en la cátedra manteniendo idiotizados a los súbditos. Esos intentarán resistirse. Ya lo veremos.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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