Jueves 24/08/2017. Actualizado 01:00h

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Calma tensa en la plantilla de El País, que se teme otro ERE tras la próxima Junta de Accionistas del diario: los veteranos de más de 50 años se ven en la calle

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El clima laboral en El País no termina de serenarse. Más bien al contrario. La plantilla vive en calma tensa porque teme que se apruebe otro ERE en cuanto se celebre la Junta de Accionistas en unos días. Los veteranos se ven en la calle.

Según fuentes del periódico, a las que ha tenido acceso El Confidencial Digital, los movimientos de la empresa en los últimos meses no presagian nada bueno a los empleados. Ni siquiera la entrada en el capital de Prisa de la banca acreedora, a la que se adeuda más de 3.000 millones, ha calmado las aguas.

Los trabajadores argumentan que tienen motivos más que sobrados para estar inquietos:

1) El convenio firmado para tres años, que supone una pérdida de poder adquisitivo del 27%, para evitar males mayores.

2) Todos los veteranos que están en la horquilla roja entre los 50 y 60 años se ven en la diana del próximo regate de la empresa para abaratar costes.

La sombra de Brueggen

El primer aviso fue la desagregación de las distintas actividades de la empresa, publicidad, distribución, talleres, etc. en empresas filiales bajo la excusa de mejora de gestión, que se ha traducido en un goteo de despidos voluntarios y forzosos más silencioso y menos conflictivo.

El segundo ha sido la reclasificación del personal, donde se instala la retribución complementaria discrecional y asimétrica, y la jerarquización al revés.

Las exigencias de rentabilidad y ajuste de costes del accionista de referencia, Liberty Found, que comanda Nicolás Brueggen, y el acoso de la banca, son los palos que enarbola constantemente el equipo de Juan Luis Cebrián.

El consejero delegado es el cuarto ejecutivo mejor pagado de España, con 8 millones de euros anuales, según datos de las memorias de las empresas cotizadas y depositadas en la CNMV.

Clima laboral contaminado por el último convenio

El comité de empresa, con mayoría de CCOO, aceptó un convenio a tres años con pérdida de poder adquisitivo, como mal menor, para resolver el problema de un 16% de la plantilla del diario, en situación precaria y eventual.

Se hizo después de numerosos tiras y aflojas, en los que la dirección utilizó todo el repertorio argumental para llevarlos a la firma: la situación económica de la empresa, el alto endeudamiento bancario, la oferta de que se bajaran ellos mismos los sueldos, las negras perspectivas de los medios, y los inasumibles costes laborales, herederos de los años de bonanza y vacas gordas en que subían los salarios más que la inflación.

Trabajadores sin antigüedad

La editora ha dado ya sobradas señales de que no quiere trabajadores con antigüedades de 25 años y sueldos de 3.000 y 4.000 euros, a los que considera “muy caros”.

La salida de numerosos profesionales maduros a lo largo de los últimos 5 años parece haber aligerado los costes laborales, pero ha tenido un impacto negativo palpable en la calidad y los contenidos.

Para una empresa que se reclama medio de referencia mundial en español rebajar la calidad y los contenidos es cuando menos chocante, comentan en la redacción.

Reclasificación asimétrica

Pero lo que a la plantilla inquieta más son las maniobras con la clasificación laboral, que ven “siniestra y asimétrica” ya que consigue que profesionales con categoría de jefes cobren menos que veteranos periodistas sin galones. Ven en ello un intento de dividir y enfrentar a la plantilla por donde más duele: categoría y salario.

Por otro lado, en la nueva regulación el diario ha metido la cuña en los complementos, de modo que cada vez supongan un mayor porcentaje en la retribución. Eso produce varios efectos: más poder para la empresa a la hora de fijar salarios, más docilidad de la plantilla, y poder orillar a los veteranos progresivamente hasta ponerlos en línea de salida.

En la política de personal es de libro que las categorías y el sueldo son simétricos y crecen proporcionalmente, mientras El País trabaja en lo contrario y no de modo inocente, piensan en la redacción.

Huffhington Post, una “cebrianada”

Y la guinda del pastel es el lanzamiento de El Huffhington Post, el blog, comunidad y post, que compite con los blogueros del propio diario y fagocita a la audiencia de El País.

Los periodistas de El País de la vieja guardia recuerdan las críticas feroces del diario sobre este experimento on line, del que ahora, sin embargo, son socios.

Lo más suave que dicen es que es “una cebrianada” que puede acabar costando lectores, dinero, y restando prestigio, a cuenta de “este experimento de periodismo ciudadano” que de tal solo tiene el nombre, “ni es periodismo, ni es ciudadano”.

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