Lunes 05/12/2016. Actualizado 14:44h

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Maldito divorcio

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Los profesionales de los medios de comunicación, estamos acostumbrados, desgraciadamente muy acostumbrados a informar, a dar toda clase de noticias. El problema es cuando la noticia que damos con cierta frialdad, nos hace pensar ya que nos está afectando de manera indirecta.

 

Hace una semana, dábamos la noticia de que en nuestro país se deshace un matrimonio cada cuatro minutos (dicho sea en números redondos). Los periodistas damos la noticia como algo que nos sorprende, hacemos nuestro comentario, y pasamos a otro tema. Por lo general, no nos paramos a analizar estas noticias, y la verdad es que si lo hiciéramos no tendríamos tiempo para nada más.

 

Es ahora, cuando una de esas parejas que se rompe cada cuatro minutos es una pareja a la que se le tiene un afecto y un cariño especial, tanto a él como a ella, cuando esa pareja, son para nosotros como hermanos, a ambos los quieres por igual, durante su convivencia como matrimonio, se volcaban contigo y daban lo que fuera por atenderte.

 

Cuando quieras ver al otro, tendrás que echar mano del teléfono y quedar en un bar o un restaurante para comer juntos, ya nada será igual, esos veinticinco años de contacto se han ido al garete, la vida de pronto, es como si se hubiera roto no solo para ellos, sino para quienes deseábamos volver a su ciudad para abrazarlos y encontrarlos, disfrutando de las fiestas señaladas que dejaran de serlo, al menos señaladas.

 

Cuando las personas fallecen, sabemos que se han ido y nos hacemos a la idea, replanteamos la vida y seguimos para adelante. La vida sigue. En el caso de un divorcio, también la vida sigue, los afectados son los divorciados y sus hijos, pero también estamos otras personas que nos afecta esta separación, una separación de todos con todos.

 

Probablemente alguien dirá que eso sucede todos los días, que sucede cada cuatro minutos, que por tanto son muchos los matrimonios que se rompen, pero no siempre le afectan a uno hasta dejarle ligeramente tocado. Es cuando desde el análisis de lo que supone una separación matrimonial, en definitiva un divorcio, tengo claro que no sólo se rompe una pareja, se rompen lazos difíciles de volver a unir, se rompen relaciones familiares, incluso de amistad porque poco a poco aunque no lo pretendamos, se pierde también.

 

Pues que lastima que se tiren por la borda 25 años de convivencia por no saber convivir, por no saber sacrificarse cuando hay que hacerlo. Yo no soy el divorciado, ni soy familia de consanguinidad, pero cuando a la personas se les tiene cariño, solo digo y pienso en voz alta, ¡Maldito divorcio!