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El escándalo Bono aún colea

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A muchos españoles, señor Bono, nos agradaría verlo pasar por el confesionario con la sentencia bajo el brazo y al señor Alonso, dimitiendo.

Tanto la revolución francesa como la americana  lograron la consagración de un principio básico en la estructura de un estado democrático de derecho: la prohibición de privar de libertad a un individuo excepto en los casos en que la ley expresamente lo contemple.   Pues bien, la Audiencia de Madrid ha condenado a entre tres y cinco años de prisión a tres policías por los delitos de detención ilegal, falsedad de documento público y coacciones en el arresto de dos militantes del Partido Popular tras una marcha de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) en 2005. En aquella ocasión el ex-ministro de Defensa José Bono manifestó que fue víctima de la actitud agresiva de algunos manifestantes.   Un escándalo de esta naturaleza, en otro país, habría provocado un aluvión de dimisiones, como magistralmente escribe Martín Azpilicueta. Aquí el ex Ministro de Interior señor Alonso, hoy de Defensa, parece mirar el asunto como si no fuera con él, como si bajo su gestión no se hubiera producido el primer caso de detención ilegal por militancia en un partido político.   Si algo claro deja la sentencia en repetidas ocasiones es la ausencia total de cualquier intento de agresión al entonces ministro Bono. “Me pegaron un puñetazo en las costillas”, llegó a afirmar el entonces titular de Defensa. En cambio, la sentencia afirma contundente: “El visionado de las cintas…no evidenciaba que sufriera agresión alguna el señor Bono”   El catecismo católico, confesión religiosa de la que participa el señor Bono, como el que suscribe, establece: punto 2482: ‘La mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar’ (S. Agustín) y Punto 2483: ‘La mentira es la ofensa más directa contra la verdad. Mentir es hablar u obrar contra la verdad para inducir a error al que tiene el derecho de conocerla. Lesionando la relación del hombre con la verdad y con el prójimo, la mentira ofende el vínculo fundamental del hombre y de su palabra con el Señor’. Cotejen la expresión de don José Bono: “Me dieron un puñetazo en las costillas” y los hechos probados en la sentencia.   A muchos españoles, señor Bono, nos agradaría verlo pasar por el confesionario con la sentencia bajo el brazo y al señor Alonso, dimitiendo.