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España: rebatir la leyenda negra con leyenda rosa

Las inacabables polémicas sobre la historia y el legado español obedecen a diversos intereses, de modo que solo hay una manera de contrarrestarlas: mirar al pasado de un modo más desapasionado

“¿Y si refutáramos la leyenda negra con algunas dosis de leyenda rosa? Aconsejaría ver una película. En concreto, una comedia ”.
photo_camera “¿Y si refutáramos la leyenda negra con algunas dosis de leyenda rosa? Aconsejaría ver una película. En concreto, una comedia ”.

Recuerdo todavía con zozobra el pasaje en el que George Orwell explicaba en 1984 el milimétrico y comprometido funcionamiento del Ministerio de la Verdad. Como seguramente todo el mundo sepa, este organismo tenía una misión trascendental para la ideología en el poder: debía asegurar que la historia, los hechos, encajaran con la doctrina oficial. 

El peligro estaba, en realidad, en que se supiera la verdad y, por ello, no había acontecimiento o estadística que la maquinaria estatal no pudiera enmendar. Todo con tal de evitar que el engranaje totalitario se trabara. 

Desde hace algunos años asistimos a un nuevo debate sobre la leyenda negra española y contemplamos nuevos intentos por reescribir lo que ocurrió en los siglos que nos precedieron. Frente a esa tendencia, María Elvira Roca publicó un libro muy celebrado, donde explicaba las inconsistencias de la imperiofobia -y no solo la relacionada con España-, aclarando que el pasado muchas veces no es tan vergonzoso como se nos hace creer. 

Estudiamos, en efecto, la historia no con el fin de conocerla, sino para emplearla como arma arrojadiza frente al enemigo político

No estuvo sola, pero recibió contestación por parte de quienes suponen que España y los españoles hemos siempre hecho todo mal, hasta el punto de que, incluso cuando tuvimos oportunidad de subirnos al tren del progreso ilustrado, acabamos perdiéndolo embrollados en traiciones y dudas

José Luis Villacañas, catedrático de filosofía en la Complutense, escribió un opúsculo, por ejemplo, para rebatir esa tradición que llama nacional-católica y que Roca, a su juicio, representa. En Imperiofilia (Lengua de Trapo, 2019) sostiene que España no compró billete para el futuro y decidió quedarse anclada en Trento

La polémica se ha avivado en los últimos meses, con declaraciones inoportunas y cuestionables. Es como si no pudiéramos contemplar la lejanía del tiempo con sosiego ni mantener una saludable distancia. Es decir, como si hubiera calado esa forma de actuar del Ministerio de la Verdad porque estudiamos, en efecto, a la historia no con el fin de conocerla, sino para emplearla como arma arrojadiza frente al enemigo político. 

Así, la revisamos como si fuéramos miembros de una inquisición tardía, como jueces que dictan sentencias inapelables. Pero ¿quiénes somos nosotros para juzgar a quienes vivieron un tiempo que no es el nuestro y hacerlo quitándonos de encima esa prudencia que descubre los desaciertos, pero no olvida el transcurso de los años?

No es muy descabellado pensar que en esa labor de zapa contra el legado español ha pesado mucho el separatismo. Así lo indica en Madre patria (Espasa, 2021) Marcelo Gullo, un profesor argentino que ha estado recientemente en nuestro país presentando su libro. En su opinión, el descrédito de la historia española es producto de la inquina envidiosa del inglés y, de hecho, cree que una mirada desprejuiciada sobre los siglos XV y XVI debería servir para enorgullecernos. 

¿Y si refutáramos la leyenda negra con algunas dosis de leyenda rosa? Como al parecer da igual lo que enseñan los libros de historia y es fácil deformar con descaro los testimonios, no creo que sea recomendable ir a la biblioteca para conocer las contribuciones de nuestro país. Antes aconsejaría ver una película. En concreto, una comedia.

Me refiero a La kermesse heroica, el desternillante filme dirigido en 1935 por el belga Jacques Feyder. La trama viene a cuento porque la acción se desarrolla en un pequeño pueblo de Flandes bajo dominio español, a principios del siglo XVII, es decir, en plena rebelión de las provincias del norte contra la corona. Al recibir noticia de la llegada del Conde-Duque de Olivares y sus tropas, cunde el pánico, pues los habitantes se imaginan a los tercios selváticos, tan bárbaros como los hunos. 

 

En opinión de Marcelo Gullo, el descrédito de la historia española es producto de la inquina envidiosa del inglés y cree que una mirada desprejuiciada sobre los siglos XV y XVI debería servir para enorgullecernos

Las únicas que muestran valentía son las mujeres y, mientras los hombres se esconden o se hacen pasar por muertos, reciben y agasajan a los españoles. No hay pillaje, ni destrucción, sino jolgorio y fiesta, pues las tropas no son tan temibles, sino que están compuestas de hombres apuestos y agradables, ante quienes todos finalmente se rinden. 

Es la osadía, la fortaleza y la iniciativa de las mujeres las que consiguen, así, lo que nunca habían pensado: la bendición de un año sin impuestos. La película, además de diversión, contiene múltiples enseñanzas antropológicas y es todo un canto, por cierto, a la fuerza y poder femenino

De actualidad anda sobrada, como cabe deducir. Ahora bien, no es, estrictamente hablando, una película histórica y sería exagerado verla para preparar un examen de historia. Pero quién sabe si ocurrió lo que se cuenta o algo parecido. Su tono bufonesco e irónico, además de asegurar una buena tarde, nos ayudará a rebajar la energía con que observamos el pasado y a reconciliarnos con él, que es, a fin de cuentas, de lo que se trata.

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