La voz del lector

El PSOE empieza a pagar el amiguismo

Como reflejaban sin excepción todas las encuestas y ha puesto de manifiesto las elecciones, la indignación de los ciudadanos andaluces ante las arbitrariedades de la Junta se manifiesta cada vez con mayor intensidad. Ahora los funcionarios públicos han votado en masa a favor de los sindicatos independientes y profesionales, dejando fuera a los representantes de UGT y CC.OO, cuya debacle electoral es consecuencia lógica de su mansedumbre ante el poder político. Las gotas que colman el vaso de la paciencia son, entre otras, el escándalo del “EREgate”, las andanzas de la familia Chaves y, sobre todo, el reciente decreto del “enchufazo”, cuyo objetivo fue asegurar la continuidad en el empleo público para 20.000 contratados afines. El régimen socialista andaluz se tambalea entre los conflictos internos que enfrentan a los seguidores de Chaves y de Griñán, mientras Ferraz es incapaz de apaciguar los ánimos. Los funcionarios no se sienten representados por unos sindicatos demasiado complacientes con los dirigentes políticos, de los que durante décadas han sido meros apéndices. Más allá de la situación concreta de Andalucía, el fracaso de los sindicatos que a escala nacional ostentan la condición de “más representativos” supone un problema real para el Estado democrático. Quienes están llamados a defender el interés legítimo de los empleados públicos y de los trabajadores por cuenta ajena deben gozar de la confianza necesaria de sus representados. De lo contrario, se produce un vacío que a veces —como es el caso— se cubre eficazmente con entidades de carácter profesional, pero que otras veces puede favorecer el desinterés en la participación o dar alas a los pescadores en río revuelto.

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