Un 34,7% de jóvenes entre 15 y 29 años declara haberse autolesionado: claves para prevenir la autolesión

Hay que evitar respuestas que minimicen los sentimientos ("no es para tanto") y sustituirlas por validación emocional: "entiendo que te esté afectando"

Autolesión en adolescentes. Foto: MadridSalud.
Autolesión en adolescentes. Foto: MadridSalud.

La autolesión en adolescentes no es un fenómeno aislado ni una llamada de atención. Nos encontramos ante un desafío creciente en el ámbito de la salud mental infantojuvenil. Detrás de cada conducta suele haber un malestar emocional intenso que no ha encontrado otra vía de expresión ni otra forma de regularse.

  1. Un 34,7% de jóvenes declara haberse autolesionado
  2. Autolesión no suicida
  3. Prevención y acompañamiento especializado
  4. Intervenciones

Con motivo del Día Mundial de la Concienciación sobre la Autolesión (1 de marzo), expertos de Recurra Ginso recuerdan la importancia de comprender el origen del malestar y actuar antes de que la situación se agrave.

Un 34,7% de jóvenes declara haberse autolesionado

Según el Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025 (Centro Reina Sofía de Fad Juventud), un 34,7% de jóvenes entre 15 y 29 años declara haberse autolesionado alguna vez, y un 16,5% afirma hacerlo con frecuencia.

Aunque puede darse en distintas etapas vitales, la autolesión aparece con mayor frecuencia en la adolescencia, una etapa marcada por cambios profundos a nivel emocional, social y personal.

Autolesión no suicida

Beatriz Urra, psicóloga sanitaria y forense y directora de la Clínica Recurra Ginso, explica que «es fundamental diferenciar entre la ideación suicida y la autolesión no suicida. La primera hace referencia a pensamientos relacionados con la propia muerte; la segunda implica infligirse daño de forma deliberada sin intención de morir, generalmente como forma de aliviar una tensión interna difícil de gestionar o de recuperar la sensación de control. Ambas pueden tener su origen en un sufrimiento emocional intenso, pero sus formas de manifestarse y abordarse son muy distintas».

La experiencia clínica confirma que estas conductas no responden a un único factor, sino que tienen un origen multicausal. Influyen circunstancias emocionales, familiares, psicológicas, sociales y biológicas: conflictos prolongados, experiencias traumáticas, aislamiento, dificultades en la autoestima o falta de espacios seguros para expresar lo que se siente. En este contexto, el silencio y el estigma siguen siendo barreras que dificultan la detección temprana y aumentan la distancia con el adolescente.

"Detectar a tiempo cambios significativos puede marcar la diferencia. Lesiones recurrentes sin una causa aparente, cambios bruscos o frecuentes en el estado de ánimo, comentarios despectivos hacia uno mismo, mayor aislamiento o la necesidad constante de ocultar el cuerpo incluso en situaciones inusuales pueden ser señales que inviten a prestar atención. No se trata de alarmarse, sino de preguntar, escuchar y acompañar", advierte Urra.

Prevención y acompañamiento especializado

La prevención comienza mucho antes de que aparezca la conducta autolesiva. Fortalecer la educación emocional, generar confianza en el entorno familiar y escolar y facilitar el acceso a recursos especializados son pilares fundamentales.

Si existen dudas o señales que generen preocupación, es importante no afrontarlo en solitario y acudir a profesionales especializados que puedan valorar la situación y orientar los siguientes pasos.

Entre las recomendaciones prácticas destacan evitar respuestas que minimicen los sentimientos —"no es para tanto"— y sustituirlas por validación emocional —"entiendo que te esté afectando"—; establecer rutinas familiares que faciliten el contacto en comidas o actividades sin pantallas, y promover el uso responsable de tecnologías y videojuegos mediante la supervisión de contenidos y la limitación de horarios.

Intervenciones

Existen intervenciones, como la terapia dialéctico conductual o la terapia cognitivo conductual, que han demostrado ser eficaces en el trabajo con adolescentes que presentan conductas autolesivas, especialmente aquellas centradas en la regulación emocional y el desarrollo de estrategias de afrontamiento más saludables.

En esta línea, el programa Fortaleza, desarrollado en el Hospital de Día Retiro Recurra Ginso, trabaja específicamente con adolescentes entre 12 y 20 años que presentan este tipo de conductas. El abordaje combina intervención terapéutica y acompañamiento familiar, entendiendo que el entorno es parte esencial del proceso de recuperación.

Por último, Beatriz Urra recomienda que "la formación de docentes y otros profesionales permitirá una mayor sensibilización para detectar los primeros signos. Asimismo, es necesario desarrollar programas de educación emocional desde edades tempranas y generar espacios de comunicación abierta en los centros educativos, sin olvidar la importancia de contar con protocolos claros de actuación y derivación a profesionales sanitarios especializados".

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