Sábado 24/02/2018. Actualizado 01:17h

  • this image alt

elconfidencialdigital.com elconfidencialdigital.com

La web de las personas informadas que desean estar más informadas

·Publicidad·

Por favor, señores políticos: mientan, que les votaremos igual

Tras ganar las elecciones de 2011, el Partido Popular se enfrentó a un grave problema, cuando se comprobó que incumplía puntos destacados del programa electoral. Y, evidentemente, eso les pasó factura en las siguientes generales. Pero sigue gobernando.

Otros partidos y dirigentes han traicionado igualmente sus propuestas, promesas y hasta la ideología de su formación, sin que nada grave les haya sobrevenido.

Ahí está, por ejemplo, Podemos, que comenzó como un movimiento popular, de la gente, de la calle, trenzado con asambleas en las plazas y articulado a través de los círculos, y que ha devenido en una organización centralizada y cerrada, donde no cabe el debate, y mucho menos la disidencia (que se lo pregunten a Errejón y compañeros/as), y en el que los círculos han acabado convertidos en centros culturales y clubes sociales.

Por lo visto, la ciudadanía ni sabe ni quiere pedir cuentas a los políticos de sus inconsistencias, veleidades, promesas incumplidas y hasta mentiras. Sí, mentiras.

Un reciente estudio de la prestigiosa Royal Society británica, del que se hizo eco La Vanguardia, demuestra que la veracidad ya no es un requisito para apoyar a un candidato político. Mentir ya no quita votos: los votantes no cambian ni su intención de voto ni sus sentimientos hacia su candidato pese a que se les demuestre que no dicen la verdad.

El estudio ‘Procesando la desinformación política: comprendiendo el fenómeno Trump’ ha investigado el impacto de la desinformación para tratar de arrojar algo de luz sobre el éxito del empresario norteamericano reconvertido a político.

Mediante dos experimentos con cientos de participantes, ha medido la repercusión que tienen las mentiras del magnate tanto entre sus seguidores como entre sus detractores. Y los resultados sugieren que los políticos pueden diseminar desinformación sin perder partidarios.

En el primer experimento, examinaron hasta qué punto se consideraba creíble una información (que en ocasiones era correcta y en otras falsa) dependiendo de la fuente. Los 1.776 participantes, divididos entre demócratas, republicanos partidarios de Trump y republicanos no partidarios, tenían que determinar el grado de credibilidad que le daban a una frase. Algunas de ellas estaban atribuidas al magnate y otras no.

En el segundo, se trataba de investigar el impacto en la credibilidad de la fuente una vez se hacía saber a los participantes la veracidad o falsedad de la información. En este caso, participaron 960 personas.

Una vez confrontados a una explicación neutral y objetiva, los partidarios de Trump corregían su punto de vista, pero no su intención de voto. Los experimentos revelaron que, si la información era atribuida a Donald Trump, sus partidarios le daban más credibilidad que si no estaba atribuida a nadie en concreto. Al contrario de lo que ocurría con los demócratas y con los republicanos no partidarios.

Los investigadores llegaron a la conclusión de que, para un político, las consecuencias negativas de difundir mentiras son limitadas, y sugieren que los votantes utilizan a los líderes como guía para determinar lo que puede ser verdadero o falso, pero no necesariamente insistirán en la veracidad como prerrequisito para apoyar a esos candidatos.

Trump dice mentiras. La web independiente de verificación de datos Politifacts, por ejemplo, ha calculado que sólo un 16% de sus afirmaciones son ciertas o parcialmente ciertas. Pero no es el único político que lo hace. Aunque sea un caso paradigmático, hay ejemplos geográficamente mucho más cercanos. En España, por no irse muy lejos.

Los investigadores alertan de que no se puede hablar sólo de un “fenómeno Trump”, ya que la desinformación es un arma común en la arena política de cualquier país: los votantes de otras opciones tenían comportamientos similares.

Por lo tanto, concluye el estudio, es posible atraer a los votantes con la demagogia más que con argumentos construidos a base de lógica y de hechos. Y no hace falta decir la verdad.

Inquietante, sin duda.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Sobre el autor...

José Apezarena

·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·