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Los sindicatos están groguis

Sucedió a finales de la semana pasada. De repente, en medio de un mar de citas, de testimonios y declaraciones, escuché la frase mágica por boca de un dirigente sindical: “lo que pasa es que necesitamos visibilidad… como sea”.

Era la explicación al difícil momento que están atravesando UGT y CCOO por la polémica suscitada tras el apoyo otorgado por las centrales a la manifestación celebrada este domingo en Barcelona a favor de los presos políticos.

Esta decisión de sacar las pancartas a la calle por una cuestión que ha dividido España como nunca ha provocado una sangría de militantes con muy pocos precedentes. Como ya se adelantó en estas páginas, Federaciones de Andalucía, Madrid y Castilla La Mancha han visto marcharse estos días a miles de afiliados que han roto el carné: consideran que su sindicato se ha prostituido.

Sin embargo, este problema no es nuevo. Viene de lejos. Todavía recuerdo un demoledor artículo que publicó la revista The Economist hace un par de años acusando a las centrales de haber sido “parte del problema” de la grave crisis española. La retahíla de críticas era contundente:

-- Han estado más preocupados por su “status quo” que el de los trabajadores.

-- CCOO y UGT han obstaculizado la creación de empleo y eso les ha pasado factura: los españoles ven ahora con recelo a las sindicatos.

-- La desconfianza se acrecentó con la aprobación de la reforma laboral, que “golpeó” la figura de los representantes de los trabajadores.

-- La gota que colmó el vaso fueron los “escándalos de corrupción” que rodearon a las principales organizaciones.

-- La demostración de esta crisis de popularidad son los datos de afiliación sindical: entre 2010 y 2013 cayó un 5,9%, el tercer mayor descenso de toda Europa sólo por detrás de Grecia (-19%) y Reino Unido (-7%).

Todo esto recuerda que los sindicatos siguen sin afrontar una regeneración profunda, un ‘aggionarmento’ que los ciudadanos esperan desde hace años. Ni pueden seguir a la sombra de los partidos políticos, ni pueden dar la espalda a los casos de corrupción que les salpicaron, ni pueden seguir dependiendo de las subvenciones estatales.

Su labor de contrapeso en las empresas sigue siendo indispensable. Por eso, es hora de que adopten un modelo distinto: los sindicatos profesionales hiper-localizados. Organizaciones pegadas al terreno, sin apenas liberados, sin consignas ideológicas, despolitizadas, ceñidas al estricto debate laboral de cada sector concreto, en cada ciudad o región... Y muy flexibles, conscientes de que hoy, para sobrevivir, es preciso amoldarse a los cambios.

La polémica sobre Cataluña vuelve a poner en primera plana la necesidad de abordar esta regeneración.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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