Opinión

Por la boca…Sánchez se hipoteca

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.
photo_camera Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

No es fácil la excusa de que hay asuntos que son personales cuando un miembro del gobierno que se preside está en apuros poco justificables. Lo de intentar aislar los avatares íntimos cuando se ejerce la gestión pública tiene demasiadas aristas.

Un gobernante puede hipotecar su gestión y hasta su prestigio personal y su trayectoria política, por muy diversas causas que van desde las ideológicas hasta los intereses personales siempre que sean confesables; pero hipotecar todo eso, por querer mantener una coalición de gobierno, a los resultados de actuaciones más o menos censurables de algunos de los integrantes de esa coalición, es una jugada demasiado arriesgada y además pone en peligro la gobernación de todo un país.

Sánchez puede sentirse ligado ideológicamente a una parte de su gobierno e incluso estar agradecido a quienes le permiten vivir en La Moncloa, pero debe saber que las hipotecas que, en alguna medida, traspasan las fronteras de lo políticamente normal son muy peligrosas.

No es fácil mantener la excusa de que hay asuntos que son personales cuando un miembro del gobierno que se preside está en apuros poco justificables. Lo de intentar aislar los avatares íntimos cuando se ejerce la gestión pública tiene demasiadas aristas. Esa doble existencia en la que tantos se escudan, incluso diferenciando su calidad de miembro de un gobierno con su situación como dirigente de un determinado partido, no deja de ser una falacia que se convierte en un falso escudo cuando de camuflar conductas supuestamente reprobables se trata.

Cuando se es presidente de un gobierno, hay muchas más derivadas a tener en cuenta, derivadas que van desde la justificación ante el resto de los integrantes de ese gobierno, del principal partido que lo sustenta y de sus militantes, al juicio, tanto en lo personal como en lo político, que una determinada postura, por acción o por omisión, pueda merecer al resto de los ciudadanos que contemplan con cierta inquietud a un presidente hipotecado.

Estamos acostumbrados a la impunidad electoral de Sánchez, pero hay que tener en cuenta que todo tiene un límite y que hay cosas que traspasan todos los límites que enmarcan una democracia más a menos sana.

Post scriptum. Preguntar no es ofender: ¿Para cuándo un homenaje nacional a los inventores de ese nuevo deporte (creado por el VAR, las sustituciones de medio equipo, las paradas refrescantes y los arbitrajes locoides) al que siguen llamando fútbol?

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