Opinión

Un “plan como unas tortas” y un vínculo luminoso

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez a su llegada a la jornada 'Los retos de la democracia hoy', que se celebra con motivo del 40º aniversario del 23-F en el Instituto Cervantes, en Madrid (España), a 22 de febrero de 2021.
photo_camera El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez a su llegada a la jornada 'Los retos de la democracia hoy', que se celebra con motivo del 40º aniversario del 23-F en el Instituto Cervantes, en Madrid (España), a 22 de febrero de 2021.

Como seguimos sin tener ni idea del contenido del plan, a pesar de los “nueve bises” de Sánchez y como Sánchez tiene tanto apego a la imagen y a las formas, ante la imposibilidad de analizar un fondo ignoto, habrá que fijarse en las formas que, tratándose de un teatrero, siempre son esclarecedoras.

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El plan de Sánchez es como la famosa zarzuela, admite varios títulos: de “La verbena de la paloma”, “El boticario y las chulapas” y “Celos mal reprimidos”, podemos pasar a un “plan como unas tortas”, “plan para hoy y hambre para mañana” o aquello de Martínez Soria, de “El abuelo tiene un plan”

Además hay que añadir lo de la reconstrucción y la resiliencia los hitos históricos y el vínculo luminoso. O sea que Sánchez pasa de las mentiras a lo cursi y de lo cursi al ridículo,  sin despeinarse.

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Como seguimos sin tener ni idea del contenido del plan a pesar de los “nueve bises” de Sánchez y como Sánchez tiene tanto apego a la imagen y a las formas, ante la imposibilidad de analizar un fondo ignoto, habrá que fijarse en las formas que, tratándose de un teatrero, siempre son esclarecedoras.

El martes tocaba el “viva Cartagena” de la mayor oportunidad en la historia, oportunidad que solamente pasa dos veces en la vida al decir de Sánchez. Un Sánchez con una verborrea rápida como para dar a entender soltura y dominio de los asuntos. Con una especie de tartamudeo estudiado y ensayado, con repetición de las primeras palabras de cada frase y unos gestos ampulosos que quieren ser rotundos y enfatizando conceptos con un ligero torcimiento de la boca. Todo para fingir convencimiento, veracidad y sinceridad, cualidades tan ajenas a Sánchez que provocarían risa sino fuera porque Sánchez está jugando con los dineros de los españoles.

Fingiendo ser claro conciso y concreto en algo que no existe y que si existe, habrá que echarse a temblar a juzgar por la gestión de Sánchez en la pandemia, en la desescalada, en lo de las vacunas, en la economía, en el paro, en la cogobernanza y en el tocomocho que quiere dar en Bruselas.

Un discurso repetitivo y vacío de contenido, amparado en unas formas de libro, pero que ya no engaña ni camufla la falta de un plan, precisamente cuando se anuncia un plan.

La representación del miércoles, esta vez en el escenario del Congreso, volvió al libreto vacío de cifras ciertas, de proyectos reales, de medidas concretas y lleno de la nada total, una nada a la que se añadió la oda patética a la Segunda República.

Las formas las mismas de las ocho representaciones precedentes, pero esta vez echando mano de la más asquerosa ironía. Cuando la ironía es fruto de la inteligencia y de la sobreabundancia  de ideas, alumbra siempre algo positivo y útil para quien escucha. Pero cuando la ironía es consecuencia de la escasez mental y de la ausencia absoluta de contenidos en lo que se dice, se transforma en rabia, la rabia en rabieta y la rabieta en rencor y mal estilo.

Y poco más que decir de un discurso interminable y de unas respuestas biliosas a la oposición.

Si acaso aludir a la risible mención que hizo Sánchez de los brazos desnudos de quienes se vacunan, vacunan y vacunan. Brazos desnudos que, al parecer, a Sánchez le enternecen como si fueran los brazos de Rita Hayworth en “Gilda”.

 ¡Qué contentos tenemos que estar!

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