León XIV, la tranquilidad del orden o cómo jugar en el centro

Papa León XIV.
León XIV, la tranquilidad del orden o cómo jugar en el centro.

Han pasado ya los cien días de la elección del Papa León XIV. No han sido pocos los balances que hemos leído de este nuevo pontificado, en esta práctica periodística propia de la dinámica de medios volcados en una permanente actualización de personas y procesos.

Lo primero que sigue pesando sobre el imaginario colectivo es la sensación de tranquilidad que trasmite el Papa, con esa sonrisa que cautiva, afable, sencilla, sin más gestos o aspavientos que los que expresan la natural sorpresa o la natural preocupación ante un tema o una conversación.

Da la impresión de que, frente a la prisa y la presión, es decir, el uso acelerado del tiempo que impone el ritmo de la tecnología, el Papa León, muy en la sintonía de su maestro Agustín, tiene otra concepción del tiempo no sometida a las presiones de lo común.

Se ha mutado ya en el ministerio de Pedro. Cada vez es menos Prevost y es más Pedro, que habla por boca de León. Las multitudes, como la de los jóvenes, le pueden impresionar. No parece dado a improvisar en los discursos. Si no lo hace en los discursos, debemos deducir que tampoco en las decisiones de gobierno.

No parece presionado por el hecho de que se acrecienten las expectativas ante las decisiones que tiene que tomar en referencia a lo que siempre es más problemático, los nombramientos de personas.

En este caso en lo referido, por ejemplo, al prefecto del Dicasterio de los Obispos, que es la primera pieza clave de un puzzle que tarde o temprano tendrá que componer. Veremos entonces cómo utiliza la sorpresa con nombres nuevos, novedad en el sistema, para no levantar sospechas.

No hay que olvidar que a este Dicasterio hay que sumar el futuro de los números uno de los de Desarrollo Humano Integral, del parque acuático que es Laicos, Familia y Vida, del de los Santos, del Culto Divino, de la Unidad de los cristianos. Veremos también lo que pase en Comunicación.

Seguimos leyendo lo que dice el Papa con lupa, por lo tanto, más allá del texto, quizá obsesionados por el contexto, que siempre relación de temporalidad.

Ahí el Papa da la impresión de estar haciendo un ejercicio de centrar a la Iglesia en lo esencial, con un notable acento cristológico y mariano. Preocupado por la paz, entendida ésta a modo agustiniano como la tranquilidad del orden. Esto es León XIV, la tranquilidad del orden.

Eso no quiere decir que no se vayan sembrando algunas perlas, no directamente sino indirectamente. Así ocurrió con la referencia a un texto de san Ignacio en un telegrama del secretario de Estado al jesuita cardenal Barreto con motivo de la conferencia eclesial de la Amazonía.

Un párrafo que ha generado ríos de tinta en la medida en que clarifica la historia aquella, bastante truculenta, de la Pachamama. No es mala forma ésta de ir clarificando cuestiones. Hay que estar atentos a que no se nos escape nada de lo que sale de sus discursos o de los de sus colaboradores más cercanos.

El Papa León XIV no será protagonista de grandes titulares. De momento no lo es. Eso quizá haga que sea la Iglesia la que protagonice la atención pública en la clave de un uso del tiempo destinado a generar comunión, y en un ejercicio no de verticalismo sino de horizontalidad de presencia pública y mediática.

Lo que me parece más interesante, y digno de estudio y seguimiento, es esa forma que tiene el Papa de entender el uso del tiempo, que implica no someterse a los ritmos de quienes quieren marcar la agenda.

El hecho de que aún no haya grandes noticias que desvelen tendencias u orientaciones no quiere decir que no se estén produciendo o fabricando. Claro que sí. La maquinaria, pese al verano, sigue funcionando.

Aunque aparentemente vaya a tirar una piedra contra mi propio tejado, no me parece que estemos en un momento para hacer mucho caso a determinados titulares trampa que expresan una especie de rictus de ansiedad, o confirmatoria o de disentimiento.

Hasta hace poco estábamos acostumbrados a las informaciones que circulaban por cauces paralelos, a las curias paralelas, a quienes ejercían de hecho de portavoces oficiosos.

Ahora lo más paralelo que me he encontrado, informativamente, es que el Papa sigue utilizando el whatsapp y parece que no ha activado la función de destrucción temporal de los mensajes.

Es un buen momento éste para disfrutar de la mar en calma y que todo el mundo se relaje y así volver a lo esencial de la propuesta de fe.

Tarde o temprano tendremos alguna que otra marejada, sobre todo en la medida en que haya que resolverse algunas asignaturas pendientes. Tampoco olvidemos que “el dilata” es una forma clásica de resolución de problemas.

Al fin y la cabo, la normalidad, que los procesos sigan sus cauces, que las instituciones internas de la Iglesia funcionen a pleno rendimiento, pese a quienes, siempre los hay, parecen llevar el negro de las viudas o viudos de turno y no se acostumbran a no seguir siendo protagonistas de los procesos.

Facilitar un proceso de pedagogía de la claridad y trasparencia institucional, que es, en parte, saber a qué atenerse, siempre es un buen camino.

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