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Pistas para entender el mundo en 2022

El modelo de trabajo, el turismo espacial y la guerra entre democracia y autoritarismo son algunos de los temas que, según The Economist, marcarán la agenda del próximo año

El editor adjunto de The Economist asegura que “2022 será un año dominado por la necesidad de adaptarse a nuevas realidades”.
photo_camera El editor adjunto de The Economist asegura que “2022 será un año dominado por la necesidad de adaptarse a nuevas realidades”.

Mucho antes de que llegue la última semana de diciembre y en los medios de comunicación se agolpen los pronósticos de cara al año que comienza, el semanario The Economist ofrece diez pistas importantes sobre lo que va a ser trascendental cuando 2021 cierre sus puertas.

Es probable que muy pocos hayan hecho el esfuerzo de rescatar de las hemerotecas los augurios pretéritos, con el fin de calibrar las dotes proféticas de los especialistas. Y quizá este último periodo no sea el momento de hacerlo, teniendo en cuenta las sorpresas que da la historia. Si algo hemos aprendido de la crisis del coronavirus -y de otras ternuras que nos ha dispensado la madre naturaleza- es que el futuro es algo abierto, súbito, imprevisible y, más que nada, desconcertante.

Las crisis históricas, en la mayoría de los casos, no dan lugar a nada nuevo, sino que acentúan predisposiciones o cursos temporales ya latentes

Aunque tampoco debemos olvidar que vivimos en la civilización de la memoria de pez, lo cual permite aventurar una corta vida a este virus mortal. ¿Quién se acuerda de las pandemias pasadas de la historia? Apenas hay referencias a ellas en los libros de texto y pocos expertos las incluyen como causas determinantes de algún cambio o transformación social.

De hecho, entre quienes, inmediatamente después de ser declarada la alarma mundial por el Covid-19, se apresuraron a hacer declaraciones sobre su supuesta trascendencia histórica, hubo pocos que se negaron a extraer conclusiones desinteresadas. Quien más o quien menos arrimó el ascua a su sardina, interpretando el coronavirus como una confirmación de sus tesis, daba igual si estas eran de índole apocalíptica o redentora.

Únicamente recuerdo las declaraciones de un economista sutil comentando que las crisis históricas, en la mayoría de los casos, no dan lugar a nada nuevo, sino que acentúan predisposiciones o cursos temporales ya latentes. Y es esta perspectiva, la de la cautela y la experiencia, que indaga en el presente para descubrir derroteros, la que tiene Tom Standage, de The Economist, para reflexionar acerca de las propensiones contemporáneas.

El artículo, concretamente, se refiere a diez tendencias. En primer lugar, advierte de una nueva Guerra Fría entre el modelo democrático y el autocrático, personificados por Estados Unidos y China, respectivamente, que de algún modo vuelve a poner a cero el contador de la historia. El conflicto es multidimensional y se refleja en campos tan dispares como el tecnológico, el sanitario, el cultural e incluso el religioso.

Otro tema que marcará la agenda será, en segundo término, la evolución del coronavirus, que con toda seguridad pasará a convertirse en una enfermedad endémica. Los problemas de suministros y el incremento de la demanda energética ya han hechos subir los precios, de modo que en 2022 la lucha contra una inflación galopante puede que no desaparezca de encima de la mesa, a pesar de que muchos expertos aseguran que es un problema temporal. A ver quién tiene razón.

Asimismo, los próximos doce meses nos sacarán de una duda inquietante -cuarto tema-: ¿se habrá transformado para siempre la forma de trabajar? Veremos, pues, si el horizonte laboral es híbrido o flexible, y si los confinamientos han agudizado el deseo de volver a la oficina.

 

Puestos a despejar incógnitas, el semanario británico explica que es probable que, en quinto lugar, el próximo sea el año de las criptomonedas porque, como se sabe, los bancos centrales pretenden lanzar sus propias divisas digitales. El conflicto entre las existentes, poco proclives a la regulación y al control, los intereses de los gestores y las empresas tecnológicas tienen visos de recrudecerse.

La nueva Guerra Fría entre el modelo democrático y el autocrático, personificados por Estados Unidos y China, respectivamente, vuelve a poner a cero el contador de la Historia

Además de la deriva de la tecnología y la suerte de las grandes compañías del sector -hostiles a la competencia-, el cambio climático o la vuelta a la realidad de un mundo globalizado en países cerradas hoy a cal y canto, hay otros dos fenómenos relevantes, según The Economist: la carrera espacial y la explotación política de los eventos deportivos. En el primer caso, ya ha comenzado el turismo y cada vez son más las ofertas. En el segundo, se esperan protestas contra los anfitriones en los dos eventos más importantes de 2022: el Mundial de Qatar y los Juegos de Invierno en Pekín.

Si en 2021 tuvimos que acostumbrarnos a convivir en situación de pandemia, explica Standage, “2022 será un año dominado por la necesidad de adaptarse a nuevas realidades, tanto en ámbitos que ha transformado la crisis del Covid -el mundo del trabajo, el futuro de los viajes-, como en aquellos determinados por tendencias más profundas, como el ascenso de China o la situación ecológica”.

Se trata de temas a seguir para quien quiera saber lo que se debate en el mundo. Temas sobre los que profundizar. Aunque hoy más que nunca somos conscientes de que el futuro no está escrito y que todo puede pasar, sin duda merece la pena seguir estas pistas.

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