La guindilla

A las empresas que han aprovechado el vertido inicial en el río Umia para sumar sus propios detritus a la catástrofe

Lo contaba ayer el periodista del diario El Mundo, Gustavo Catalán Deus. Al parecer la consejería de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia ha detectado que algunas empresas, posiblemente localizadas en el polígono industrial en el que se encuentra la industria alemana Brenntag responsable del primer vertido, habrían aprovechado la catástrofe en el río Umia para verter posteriormente sus propios residuos tóxicos. Si llegara a demostrarse la culpabilidad de alguna de estas otras compañías, el peso de la ley debería caer aún con más rigor sobre ellas. Una empresa puede sufrir un accidente o cometer una irresponsabilidad sin medir las consecuencias reales de su acción. Pero camuflar los propios vertidos amparados en que el Umia, que desemboca en la Ría de Arosa (Pontevedra), ya había sido afectado por una ponzoña letal para la flora y fauna resulta diabólico. ¿Cómo medir la maldad intrínseca de esta acción? Guindilla a una conducta mezquina y despreciable. Y que actúe la justicia.

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