La voz del lector

Refundar la derecha para vencer a la coalición de socialistas, comunistas, etarras y separatistas que está destruyendo España

Dirigentes de Vox, PP y UPYD, en la manifestación contra Pedro Sánchez en Colón.
photo_camera Dirigentes de Vox, PP y UPYD, en la manifestación contra Pedro Sánchez en Colón.

En cualquier grupo social siempre suele haber dos grupos claramente definidos, uno está formado por quienes consideran que las fórmulas convivenciales han probado suficientemente su eficacia, y que, aunque sean susceptibles de mejora, no es necesario sustituirlas por otras. Luego hay otro grupo de personas que consideran que el “edificio social” está en ruinas y que más valdría derruirlo, echarlo abajo y construir otro nuevo; aunque generalmente no suelen tener muy claro qué es lo que habría que edificar, con qué cimientos, con qué material, con qué método… Y dado que ven la botella vacía o medio vacía, se niegan a ver nada bueno en la realidad actual.

Cuando en una sociedad predominan los que comúnmente se llaman conservadores y los llamados progresistas son una escasa minoría, la sociedad apenas cambia, apenas evoluciona, o avanza a mejor. Por el contrario, si los “progresistas” son mayoría entonces el riesgo de llegar a una situación caótica es enorme. La Historia de la Humanidad así lo demuestra.

Según los mejores diccionarios de la Lengua Española (el de la RAE y el María Moliner, por ejemplo) ser “de derechas” (que es como suelen ser denominados los que, consideran que las fórmulas convivenciales han probado suficientemente su eficacia, y que, aunque sean susceptibles de mejora, no es necesario sustituirlas por otras) significa abordar las cosas de forma “recta”, sin torcerse a ningún lado, ser justo, razonable, ir derecho a los asuntos (sin tibiezas ni medias tintas) o actuar con legitimidad, y ser coherente.

También, ambos diccionarios hablan de “derecha” como sinónimo de “conservador”, ideología de la gente que se opone a hacer intentos revolucionarios; e igualmente indican que, «derecha» es una palabra utilizada para nombrar a la gente que considera que no hace falta hacer cambios profundos, o radicales en la sociedad.

En la dirección de lo que apuntan los principales diccionarios de la Lengua Española, es importante, necesario hacer algunas precisiones más:

Ser de derechas es oponerse a la supremacía del Estado sobre el individuo, a la reducción de la persona a simple miembro de una colectividad, oponerse al afán “igualitarista” en lo moral e ideológico, a la obsesión por la uniformidad, oponerse a que el estado se arrogue la potestad exclusiva de educar al ciudadano, negándole a las familias ese derecho.

Ser de derechas es creer en que los seres humanos son suficientemente capaces de mejorar su circunstancia personal, promocionar, buscar y encontrar su propio camino, explorarlo, recorrerlo, llegar a la meta y hacer de su vida una experiencia apasionante… Sin que el Estado los tutele, o les proporcione todo lo que solamente se puede llegar a apreciar cuando se ha conseguido desde el ejercicio del albedrío y la superación personal.

Ser de derechas significa ser partidario de la Libertad, y no de la Igualdad, pues “la Igualdad” no existe, es una cosa infrecuente en el Mundo en el que vivimos en todos los niveles o escalas, desde el atómico, o subatómico, al animal, pasando por el celular.

Ser de derechas es ser partidario del derecho a la objeción de conciencia, respecto a cualquier obligación impuesta por el Estado de manera injusta y arbitraria.

Ser de derechas significa pensar que la glorificación del Estado del bienestar ha sido un grandísimo error, y que la universalidad de la sanidad, la educación, la atención jurídica o la previsión de la vejez son conquistas irrenunciables, pero que no están siendo gestionadas de la mejor manera posible.

Ser derechas es desear una democracia “más profunda y permanente”; profunda en el sentido de que no se dé un cheque en blanco a los políticos sino un mandato concreto, y permanente porque los actuales medios tecnológicos permiten frecuentes consultas a los ciudadanos.

Ser de derechas significa desear un sistema electoral más justo que el actual, matemáticamente proporcional a lo votado, sin las manipulaciones actuales que propicia la Ley d’Hondt; entonces.

Ser de derechas significa pensar que el Estado no debe financiar con nuestros impuestos ni a los partidos políticos, ni a los sindicatos, ni a las patronales, ni a las confesiones religiosas, ni a ninguna entidad privada, sino que deben ser las personas particulares quienes libremente deben asumir los gastos de aquellas entidades que prefieran (siendo fiscalmente desgravables las aportaciones a cualquier entidad no lucrativa).

Ser de derechas significa pensar que una democracia auténtica requiere una administración de justicia realmente independiente, lo cual significa, también estar en contra de que el nombramiento de los órganos judiciales y de la fiscalía se realicen por parte del poder ejecutivo o legislativo.

Ser de derechas significa condenar cualquier clase de violencia, el uso de la fuerza para condicionar la acción de otros, ya sea el Estado o un particular quien la ejerza; si ser de derechas significa pensar que toda forma de tortura o trato degradante (incluyendo la pena de muerte) son absolutamente detestables.

Ser de derechas es considerar que España, la patria común de todos los españoles, que España es una Nación que existe hace muchos siglos, entonces yo soy de derechas; pese a que una multitud de españoles reniegue del vocablo “España” y utilice multitud de eufemismos, con tal de evitar llamar a nuestra nación por su nombre (siendo el más estúpido a la vez que común el eufemismo “este país” que se repite hasta el hartazgo, hasta aburrir).

Puesto que la mayoría de los humanos es gente de buena voluntad (o como ahora se dice “buena gente”) y a poco que se mire a nuestro alrededor se acaba uno percatando de que hay personas que lo pasan mal, acaba uno dándose cuenta de que hay desigualdad, injusticia… Inevitablemente, pocas personas son las que no se dejan tentar por “utopías bienintencionadas”, que pretenden un cambio social profundo… que pretenden implantar el paraíso ahora… Es que quien tenga un poco de sensibilidad es casi imposible que no se conmueva cuando ve gente sufriendo, es difícil no sentirse concernido por el dolor y la miserias ajenos. Pero, todo ello no implica, necesariamente, que el Estado deba controlar a las personas, más bien al contrario, las personas deben controlar al Estado.

En definitiva, son muchos los españoles decentes, los buenos españoles que son de derechas, por aspirar a vivir en una sociedad de hombres y mujeres responsables de sí mismos (la responsabilidad es la otra cara de la moneda de la libertad). Una sociedad de seres adultos, soberanos, autogobernados, una sociedad de personas en la plena extensión de la palabra, es decir, una sociedad libre.

Son muchos los españoles decentes, los buenos españoles que no tienen complejos, que no piden perdón ni se avergüenzan de decir alto y claro que, para que España salga de su actual situación de postración tiene que ser liberada de que quienes pretenden destruirla. Son muchos los españoles decentes, los buenos españoles que piensan que esta tarea pasa por desbaratar el llamado “estado de las autonomías” y re-centralizar todas las competencias que fueron transferidas en las últimas décadas a los gobiernos regionales, especialmente lo que concierne a la enseñanza, la sanidad y la justicia.

Para que España salga de su actual situación de postración, necesariamente se tiene que recuperar el Estado Unitario, recuperar la Unidad de Mercado, crear una sola oficina de contratos y compras de bienes y servicios (eliminando las 17 de las 17 taifas regionales y limitando la capacidad de contratación y compra de los ayuntamientos y siempre bajo la supervisión de la oficina central) pues ese es el único camino que conduce a hincarle el diente al principal problema que ocupa y preocupa a los españoles: la corrupción, que no solo es material, o política, también ha derivado en corrupción moral y eso es lo más preocupante sin lugar a dudas. La recuperación de la Unidad de España exige también regenerar la Justicia, lo cual pasa porque se implante, también, una estricta separación de poderes y que todos los españoles, independientemente de su nacimiento, vecindad, sexo, u otra circunstancia personal volvamos a ser iguales en derechos y obligaciones, iguales ante la ley.

Y antes de finalizar, permítaseme recordar aunque haya quien me siga llamando despectivamente derechista, que para que España sea una Nación Libre es imprescindible acabar con las múltiples formas de clientelismo, parasitismo, y etc. existentes en todos los ámbitos del régimen oligárquico caciquil, y darle prioridad a la capacidad y el mérito, frente a la mediocridad reinante; y por supuesto, acabar con los aforamientos y con las jugosas subvenciones que reciben los partidos, sindicatos y “oenegés” diversas procedentes del erario público, del dinero que sale de los bolsillos de los contribuyentes.

Y, hablando de corrupción: es urgente legislar acerca de la responsabilidad de los funcionarios y de los cargos electos en las diversas administraciones, y reinstaurar “los juicios de residencia”, una institución jurídica que tuvo gran importancia en la gestión política, la supervisión y el control de los empleados públicos. El juicio de residencia era propio del derecho castellano, fue introducido por Alfonso X el Sabio en las Partidas. Era un procedimiento judicial mediante el cual los funcionarios (Virreyes, Presidentes de Audiencia, alcaldes y alguaciles) eran juzgados por su actuación en sus funciones de gobierno, tratando de ese modo de minimizar y evitar posibles abusos y corruptelas en el uso de su poder. Dicho proceso se realizaba al finalizar su mandato, al acabar el ejercicio de su cargo y era ejecutado normalmente por la persona que le iba a sustituir. En el “Juicio de Residencia” se analizaba detenidamente con pruebas documentales y entrevistas a testigos el grado de cumplimiento de las órdenes reales y su labor al frente del gobierno. La investigación y la labor de recabar pruebas e información las realizaba un juez elegido por el rey en el mismo lugar encargado de reunir todos los documentos y de realizar las entrevistas. El Juicio de Residencia estaba compuesto por dos fases: una secreta y otra pública. En la fase secreta el juez interrogaba de forma confidencial a gran número de testigos para que declararan sobre la conducta y actuación de los funcionarios juzgados, y examinaba también los documentos de gobierno. Con toda esta información el magistrado redactaba los posibles cargos contra los residenciados. En la segunda fase, la pública, los vecinos interesados eran libres de presentar todo tipo de querellas y demandas contra los funcionarios y estos debían proceder a defenderse de todos los cargos que se hubiesen presentado en ambas fases del proceso… Las penas a los que se castigaba a los enjuiciados eran multas económicas (es decir, tenían que responder con su patrimonio) que llevaban aparejadas la inhabilitación temporal o perpetua en el ejercicio de cargo público.

Por otro lado, en el combate contra la corrupción, es imprescindible eliminar la posibilidad de que los gobiernos concedan indultos a personas condenadas por asuntos de corrupción. Quienes estén tentados de corromperse deben saber que no van a tener ninguna posibilidad futura de ser perdonados e indultados.

También, es imprescindible reducir el número de aforados a su mínima expresión (ningún país en Europa tiene tantos aforados como España), y disminuir también, las situaciones de aforamiento, limitándolo exclusivamente a las actividades y actuaciones relacionadas con el ejercicio del cargo público.

Para hacer frente al clientelismo político, es urgente disminuir el número de cargos de libre designación, y que sean ocupados por empleados públicos, mediante algún procedimiento de concurso-oposición.

Es, también, inaplazable la aprobación de una Ley de protección a los denunciantes, de manera que los ciudadanos se sientan protegidos legalmente cuando sepan de hechos delictivos, y deseen presentar denuncias por corrupción.

Igualmente, es imprescindible regular los Lobbies: Es necesario que se legisle sobre los lobbies, se les exija transparencia, y se creen Registros de grupos de interés en las distintas instituciones públicas y asambleas parlamentarias.

También es necesario el cumplimiento de la normativa legal sobre publicidad de contratos de obras y compra de bienes y servicios, por parta de las diversas administraciones. También es imprescindible reformar la actual ley de “régimen local” para que los alcaldes y concejales dejen de tener la enorme capacidad de decisión que poseen en la actualidad, y particularmente lo que respecta a intervenir en el mercado inmobiliario, recalificando terrenos, aprovechando ellos y sus allegados y testaferros la información privilegiada que les da el ser alcaldes y concejales; e igualmente, es necesario desposeer a las corporaciones locales de su capacidad de contratar bienes y servicios con la arbitrariedad que actualmente lo hacen, evitando por todos los medios que favorezcan a empresarios amigos, e incluso creen empresas ad hoc, en la idea de que los ayuntamientos son su cortijo particular y que lo de menos es el interés de los administrados.

Muchos de quienes hayan llegado hasta aquí, en la lectura del texto, dirán, preguntarán: ¿Existen en España políticos capaces y dispuestos a emprender todo lo que aquí se afirma? En España, la supuesta oposición al gobierno social-comunista se dedica a hacer de Don Tancredo, permanece callada, silba y mira hacia otro lado, o tiene un discurso vacío, impostado, cargado de simulaciones, ambigüedades,… se dedica a peleas de gallos y carece de un proyecto serio acerca de la nación española y su futuro.

¿Realmente es seria una oposición que se enzarza en discusiones estúpidas acerca de mociones de censura que no conducen a ningún lado, dado que se carecen de apoyos suficientes para hacer caer al actual gobierno? ¿Cuál es el plan de la derecha española, para que los enemigos de la España no acaben venciendo? ¿Cuáles son los objetivos que se propone la derecha española a corto, medio y largo plazo? ¿Con qué medios cuenta? Y, sobre todo: ¿Qué podemos aportar todos los españoles decentes?

Lo que sí está claro es que, no es el momento de ambigüedad calculada y de retórica vacía. Es el momento de llamar a las cosas por su nombre y no rehuir el combate. Hay que evitar por todos los medios,  si se quiere vencer a los gángsteres que nos mal gobiernan y que nos llevan a la ruina que, la derecha española vaya desunida en las próximas elecciones que, se acabarán convocando cuando menos nos lo esperemos… Es imprescindible, e inaplazable, poner en marcha un proyecto político a la manera de la CEDA, de la segunda república, pues, sin duda España está en un momento en el que más que nunca, se necesita una agrupación política que aglutine a todos los españoles decentes, a los que no tienen complejos y afirman sin tapujos que son de derechas, liberal-conservadores, democristianos, social-cristianos… a los españoles decentes que, no se sienten representados en las instituciones, a los españoles decentes que consideran que todas las opciones políticas han renunciado a todo lo que muchos consideramos irrenunciable, a los españoles decentes que acuden a votar con la nariz tapada y que consideran que el PP, VOX y Ciudadanos son un «mal menor» o las opciones «menos malas», y no la mejor opción.

Quienes encabecen esa Derecha Española Refundada debe ser gente capacitada, con experiencia exitosa, sobradamente probada, en gestión de dineros ajenos, y que, no tenga intención de hacer carrera en la política, para hacerse de un patrimonio.

Pongámonos manos a la obra… mañana puede ser demasiado tarde.

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