Política

“El socialismo del sur no da más de sí”

Antonio Maíllo es el coordinador general de Izquierda Unida en Andalucía. Junto a Teresa Rodríguez (Podemos), forma el dúo Adelante Andalucía, con el que buscan apear a Susana Díaz del escenario eterno de un socialismo del sur que “no da más de sí”

Antonio Maíllo es semáforo en verde desde el Parlamento Andaluz a un modo más humanista de ser político. Curro Gómez Feliú.
photo_cameraAntonio Maíllo es semáforo en verde desde el Parlamento Andaluz a un modo más humanista de ser político. Curro Gómez Feliú.

Profesor de latines antes que fraile de la política en el cortijo de Susana Díaz. 51 años y mucha tralla. Aterrizó en el comunismo desde la capilla en la Córdoba de los califas rojos. Una Lucena se le encendió por dentro y a los 18 años, mientras estudiaba Filología Clásica, se convirtió en activista y marxista. No fue un pronto, sino una digestión interior lenta en el seno de una familia ajena a la izquierda. Idealista a pie de obra. Quiso meter la ternura en el debate bravo de las reses políticas y admite ahora que no es fácil: “¡La política es tan dura!”. Humanista. Pacífico. Dialéctico sin puños fuera. Con Teresa Rodríguez (Podemos) forma el dúo que quiere sacar al PSOE del trono andaluz en el que campan desde 1978. Busca con garra otra Andalucía con proyecto. Otro proyecto de país. Otra Constitución. Otro discurso político con fondo. Y si asienta cátedra en la Andalucía que se monta hoy a lomos de las elecciones anticipadas, antes de los 55 dejará la política y volverá a las aulas para retomar su vocación de cicerón.

Coletazos de agosto en el desierto del Parlamento Andaluz. Mientras las playas siguen atestadas de gente que huye mentalmente de la vuelta al cole, el profesor Maíllo está ya en las aulas. Preparando el curso. Un curso andaluz con elecciones que se ven por el retrovisor, aunque Susana Díaz no haya promulgado el edicto de la fecha.

Salvo conserjes, jardineros y algunos asesores, o pocos se atreven a salir de sus aposentos, o aquí no hay todavía más cera que la que arde.

En menorquinas de andar por sus tierras, souvenir práctico del veraneo, el coordinador general de Izquierda Unida en Andalucía nos recibe con los brazos abiertos en su primera entrevista de la temporada. Polo verde. Zapatos verdes. Sonrisa puesta.

Con el aroma de las vacaciones a flor de piel, como si estuviéramos bajo una sombrilla viendo las olas que vienen y van, oteamos el horizonte de una Andalucía aparentemente quieta en la España más volátil desde la Transición y dialogamos, como en voz alta.

Se presenta un año electoral intenso en Andalucía. ¿Ha descansado bien?

Sí. Había acabado el curso muy agotado, y me propuse como objetivo desconectar y poner tierra por medio, que es un consejo sabio que tiene mucho de racional.

¿Cómo descansa un comunista sin que le critiquen de incoherente?

Esa pregunta es falaz, porque los comunistas, si aspiramos a algo, es a tener derecho al descanso. Establecer una suerte de incompatibilidad es entrar en moralismos que no proceden políticamente. Gracias a la aportación del movimiento comunista, la sociedad ha conseguido mejores derechos; entre otros, las vacaciones, que no estaban generalizadas entre la clase trabajadora antes de la Segunda Guerra Mundial.

Lo preguntaba por la foto del verano de Alberto Garzón y sus repercusiones en las redes sociales… En la sociedad de la imagen, la opinión pública busca sus pies al gato...

Yo nunca he sentido la necesidad de defenderme ante los derechos de los trabajadores. Quizás el conflicto no está en el que ejercita su derecho al descanso, sino en quien lo mira con aire de superioridad conceptual.

Usted proviene de una familia dedicada a la artesanía de aparejos de animales de campo. Es verde desde que nació…

… Que venga del mundo rural no significa que tenga un conocimiento muy exhaustivo del campo…

¿El mundo rural siempre será un submundo en la política real?

No. El mundo rural forma parte de la intrahistoria de la política. No está en el frontispicio del debate político, que tiene unas coordenadas muy urbanas, pero bajo esa hégira de titulares de debate subyacen corrientes muy cotidianas donde el ámbito rural de la España vacía tiene su impronta y su proyección. En el caso de Andalucía, su protagonismo en el ámbito económico es indudable. Una de las claves del desarrollo estratégico de nuestra tierra –creo que también del resto de España- es la necesidad de buscar una visión de futuro a las zonas más despobladas. En ese equilibrio demográfico, que ahora no se ve, pueden estar bastantes de las soluciones estructurales a los problemas que tenemos como sociedad. Frente a las coordenadas urbanas que monopolizan la política está el empeño de gente que mira a largo plazo para construir sociedad.

A veces parece que el mundo rural es un pegote en el discurso político nacional.

En Izquierda Unida estamos muy arraigados en el mundo rural. Sobre todo en Andalucía. Tenemos una fuerte penetración en localidades de menos de 20.000 habitantes, y eso nos permite tener muy naturalizado el discurso sobre el ámbito rural. Difícilmente se puede tener una visión de país, o de comunidad autónoma, sin mirar a los pueblos.

De las correas y los bozales se pasó usted a la Filología Clásica. Cuénteme qué inquietud grecolatina le latía dentro.

Vengo de una familia de guarnicioneros y alabarderos, en el caso de mi padre, y de panaderos, en el de mi madre, pero que fue testigo de una transformación industrial donde vivieron un salto generacional que identificaba el estudio con una mejora de las condiciones de vida. La opción por la Filología Clásica responde a dos factores: mi descubrimiento del potenciamiento de las lenguas desde las clásicas, como el latín o el griego; y contar con unos padres que respetaron profundamente la elección de una carrera que podía ser una extravagancia y que no siempre era bien comprendida.

Nació usted un día de los difuntos. Las cosas del calendario…

Supongo que eso imprimirá carácter, porque, claro, celebrar tu cumpleaños entre velas que encendían en casa para honrar a los difuntos… Posiblemente esa casualidad me haga agarrarme más a la vida.

Maíllo repiensa la izquierda sin miedo a superar los partidos políticos.

A los 18 años se convirtió en activista. De izquierdas. Desde los 18 hasta los 51, ¿cómo ha evolucionado su activismo? ¿Es ahora más racional o más emocional? ¿Le cuadran todas las piezas del puzle ideológico, o a veces tiene dudas?

Mi activismo surge al calor del referéndum de la OTAN en 1986, producto de toda una toma de conciencia desde la Transición. Aquellos años, como los de ahora, fueron de gran aceleración histórica y de profunda politización. De aquel contexto saltamos al compromiso político, y a lo largo de los años es verdad que la realidad adquiere muchos más matices. Frente a la contundencia con la que afrontamos la infancia del compromiso político, avanzamos construyendo un mosaico donde se van incorporando teselas que dibujan algo que no tiene por qué ser lo que pensabas dibujar al principio de tus días. Los marxistas, que somos muy dialécticos, interpretamos en clave dialéctica la realidad, y vamos llenando de matices la ideología política. Ahora es posible que sea más racional, pero sin pasión y emoción no vale la pena seguir en la lucha, porque lo nuestro es ir muy a contracorriente. Lo que no ha cambiado es el noble objetivo de contribuir a construir una sociedad más justa y más sana.

¿Fue sectario alguna vez?

Igual eso deben responderlo otros… La formación clásica me ha impregnado de un profundo respeto a las demás opiniones, entre otras cosas, porque, al ser de una familia que no era de izquierdas, mi esfuerzo intelectual para construir mi identidad fue mayor. Eso te hace ser profundamente dialéctico y empático con lo que piensan los demás. Pero estoy convencido de que el sarampión del sectarismo lo hemos pasado todos… El sectarismo tiene mucho que ver con la falta de confianza y de seguridad en lo que estás pensando. Cuando empiezas, algo de sectario siempre hay, seguro.

¿Pero sus padres decían eso de “este niño se nos va de las manos”?

Sí. Los padres de mi generación estaban instalados en el miedo de la posguerra, en el dolor y el sufrimiento referencial de la dictadura… El pensamiento de esa generación de padres, más que un debate ideológico, era un debate respecto a la actitud del compromiso político, algo que se podría resumir en las siguientes palabras: piensa lo que quieras, pero que nadie lo sepa.

¿Quién le encendió la mecha marxista?

Mi formación cristiana. Yo vengo de una familia católica con un componente social fuerte. Desde ese intento de proyección católica, hacia una práctica que empezaba a percibir que la Iglesia no desarrollaba, es de donde me viene la primera rebeldía. Después, sin tener conciencia, fui buscando espacios de carácter político y social donde intuía el deseo de crear sociedades más justas en los que me sentía cómodo.

¿En qué se parecen un comunista en el siglo XXI y un profesor de latín y griego en la España de la LOMCE?

Yo soy esa síntesis, si se me permite. Pero, antes, permítame un apunte, porque, cuando dice “comunista”, me parece percibir un cierto tono peyorativo… Como filólogo, le diré que la “Comunión” que recibíamos cada domingo y el “comunismo” tienen una misma raíz: lo común, lo compartido. Una etimología bellísima. Y, sin embargo, la perversión del lenguaje hace que se construyan dos realidades que proceden del mismo origen como si fuesen incompatibles. Dicho esto: lo que tienen en común un comunista del siglo XXI y un profesor de lenguas clásicas en la España de la LOMCE es que somos resistentes a las modas. Apostamos por lo clásico frente a lo tradicional, y por lo nuevo frente a lo moderno.

Supongo que usted detectará con más facilidad que otros hasta qué punto el nivel de preparación de muchos políticos ha dejado de ser culto para ser simplemente eficiente…

Los políticos somos reflejo de la sociedad con toda su complejidad. Ni mejores, ni peores. En política, me encuentro con gente de otras organizaciones estupendas desde el punto de vista personal y político. Sí noto algo que me parece una constante: un descuido en el estudio y en la formación intelectual. Los representantes políticos somos muy esclavos de los mensajes inmediatos, y detectamos una escasa rentabilidad en el pensamiento complejo. Reivindico el pensamiento complejo, porque los problemas de la sociedad no son fáciles. Para evitar esta falta de tensión intelectual entre representantes políticos, nos vendría muy bien atender a un pensamiento más profundo. En dirigentes de primera línea sí veo gente muy bien preparada.

Usted fue profesor antes que fraile de la política. ¿Entiende que haya políticos que no pisen el mapa laboral antes de meterse en harina?

La consolidación del político profesional es una perversión social que contribuye al empobrecimiento de la política. No lo entiendo, ni lo comparto, ni para mí son fuente de legitimidad. Otra cosa es que haya gente que se haya visto arrastrada por un compromiso político que les han exigido sus organizaciones, pero que tienen voluntad de volver a sus trabajos. No se pueden tener responsabilidades sobre fondos públicos sin la experiencia de haber estado en el otro lado.

Le dan a usted dos minutos en la tribuna del Congreso para defender la enseñanza de las lenguas clásicas en la educación secundaria española. Está usted rodeado de tecnócratas, estudiantes de Derecho y ADE, y alumnos de escuelas de negocios…

Las lenguas clásicas son el mejor instrumento de aprendizaje y potenciación para manejar las lenguas modernas. La mitad del léxico inglés procede de las lenguas clásicas. En una sociedad que exige el plurilingüismo como parte de la formación de cualquier persona, el desconocimiento de las lenguas clásicas es un freno. Tengo más argumentos, pero estos son para ese público…

Desde 1996 es militante del Partido Comunista Español. ¿Qué le encandila y qué le produce reparos de los partidos políticos, después de 22 años en ese ajo?

Me encandila la gente fascinante que me encontré en el Partido Comunista. Lo mío no fue un proceso teórico de leer clásicos, sino vivir en primera persona el testimonio de personas comunistas que viven, piensan y trabajan. Su coherencia me llevó a plantearme ser como ellos.

Personas como…

Marineros, campesinos, gente muy humilde. Esa coherencia de lucha y honradez es lo que me llevó a militar.

Sobre las organizaciones políticas, mi experiencia es que son organizaciones tóxicas. Tengo amigos que están en cofradías y me dicen cosas parecidas. Cualquier cuerpo social es de difícil gestión. En la política, quizás es más evidente esa lucha por el poder de manera descarnada. Desgasta mucho… No me quiero imaginar lo que se cuece en los grandes partidos. A veces dudo de que el funcionamiento de los partidos políticos sea coherente con lo que dicen que piensan.

Ha sido concejal de pueblo, candidato a la alcaldía, candidato a senador, candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía… Cuando uno es candidato a unos cuantos puestos que después no llegan, ¿no le entran ganas de quitarse de en medio y volver a las aulas? ¿Entiende usted su lugar en la política andaluza como una misión de la que no puede desentenderse aunque no haya trono?

Entiendo la política como un compromiso, y eso no lo determina tener un cargo público. Nunca he sentido que, por ser coordinador de Izquierda Unida en Andalucía y portavoz en el Parlamento, tenga más compromiso que otros. Me desalienta más que las corrientes sociales vayan en contra de mi modelo de sociedad, que los resultados aritméticos o políticos que solo forman parte de la vanidad personal. Lo que me preocupa de verdad es que la sociedad no avance en las inercias por las que aspiro. Mientras tanto, nos queda compromiso y coherencia.

En 2013 le eligen para ser coordinador de IU en Andalucía con un apoyo amplio. En 2014 el 88,39% de su formación le vota como candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía. A Alberto Garzón el último apoyo de su partido se cifró en un 74,4%, en 2016. ¿A usted le quieren más en el partido?

¡No, qué va! Alberto es una persona súper querida. Son solo cifras coyunturales. Yo me siento muy querido, y Alberto, queridísimo.

¿Si le quisieran como líder del partido en España saltaría la reja de Despeñaperros?

No.

Quizá antes hay que preguntarse si Izquierda Unida tiene sentido como partido político, a estas alturas de su historia.

Un partido político no es un fin en sí mismo. Una de las causas del divorcio entre sociedad y política es que los partidos políticos son maquinarias autorreferenciales. Defiendo que Izquierda Unida vuelque su patrimonio en una unidad con más gente, para ayudar a mejorar las condiciones de vida de la sociedad, en un sistema injusto que favorece las desigualdades. Si la sociedad avala nuestra propuesta, seguiremos. Si no, pues tendremos que reinventarnos. Ahora queremos integrar a personas de diferentes espacios políticos, saliendo de nosotros mismos para representar más y mejor a una amplia parte de la sociedad que se siente huérfana en el panorama político actual.

En España, Podemos ha fagocitado a Izquierda Unida, y más de un votante está a disgusto con esa realidad. En Andalucía, usted y Teresa Rodríguez son el dúo unido de Adelante Andalucía. ¿La izquierda española va más de bloques sociales que de partidos apalancados en el aburguesamiento institucional?

Estamos viviendo un momento social de profunda volatilidad. Se ha roto la bolsa de las canicas y todavía están saltando. Ha estallado todo, y la izquierda no es ajena. Ha reventado el PP, ha saltado por los aires Ciudadanos como alternativa y su operación Macron, el PSOE se está reconstruyendo, Podemos ha tenido su crisis, Izquierda Unida ha tenido su sacudida, y ya vemos lo que está pasando con los partidos catalanes…

En este contexto, la intención es crear, tanto en España como en Andalucía, un bloque social. Pienso que en Andalucía hemos hecho muy bien al poner los pilares de un bloque conjunto basado en el respeto mutuo, sin ningún sentimiento de fagocitación, y en el que cada organización incorpore su patrimonio. En ese espacio vamos a encontrar una mayor comunidad de votantes. Con paciencia revolucionaria y pedagogía se va consiguiendo, tanto en Madrid como en Andalucía.

El 11-M es una fecha negra para todos. Para usted, el 11 de marzo de 2016 tiene un plus. Ese día anunció que había padecido un cáncer de estómago. ¿Cómo se encuentra ahora?

Me encuentro bien. Físicamente, con revisiones periódicas. La experiencia de un cáncer determina mucho tu visión de la vida, porque es una enfermedad que se identifica con la cercanía de la muerte, hasta que no se determina bien el diagnóstico. Es duro. Fue una experiencia profundamente reveladora de las dimensiones y de las prioridades de la vida. Me veo bien, y eso me da ánimo para valorar las cosas y luchar de otra forma.

¿La enfermedad le hizo resurgir su parte espiritual? ¿Cree en algo más que en estos campos, este asfalto, y este hoy?

La enfermedad ayuda a buscar la trascendencia en la vida. La espiritualidad debemos cultivarla siempre. Aunque en circunstancias así se profundiza y ayuda. Ayuda mucho.

Después de la enfermedad, usted deseó introducir la ternura en la batalla política. ¿Cómo le está yendo ese propósito?

Fatal. Lo reconozco. ¡La política es tan dura! La reflexión que debemos hacer es si, con estas reglas de juego de la política, podemos construir una sociedad mejor, independientemente de los nobles objetivos que nos planteemos. En lo personal, debo decir que en el Parlamento de Andalucía hay un ambiente muy sano, más allá de los duros debates políticos. Pero no sé si construimos lo mejor a través del debate político…

¿Qué papel real tiene el humanismo en la escena política nacional?

Sin humanismo no hay política. No hablo del buenismo, no desenfoquemos. Como decía Shakespeare, el humanismo es ser profundamente humanos en la grandeza y en la miseria. En ese sentido, la política es profundamente humana. El humanismo, entendido como concepto de visión del mundo, es necesario para evitar que la política sea la pura ley del oeste, que no lo es. ¿Es la actividad ideal? Tampoco…

¿Qué es un dirigente público sin humildad?

¡Una redundancia! En la política se pueden encontrar muchas virtudes, pero la humildad no es la que destaca precisamente.

Al filólogo que pervive en su lengua, qué persona del siglo XXI se le viene instantáneamente a la cabeza cuando oye estas sentencias latinas:

Veni, vidi, vici

Diría que Aznar, la mayor de las arrogancias. Pero él no es del siglo XXI, sino del XX. En estos momentos, si alguien tuviera esa tentación me parece que está escarmentado.

Serva me, servabo te

Albert Rivera.

Homo hominis lupus

Pablo Casado y Albert Rivera.

Alea iacta est

En estos momentos de volatilidad no lo asocio con nadie, porque de ninguna manera la suerte está echada, en este contexto de crisis y sacudidas.

¿Ni siquiera a Susana Díaz?

No. Para nada. Al contrario.

Audentis fortuna adiuvat

Hay que reconocer que Pedro Sánchez fue audaz en la jugada maestra de la moción de censura, aunque se le ha agotado ese don muy pronto. Y también se la aplico a los dirigentes que inventaron Podemos y se lanzaron a una aventura que ha removido el mapa político español.

Andalucía, el imperio socialista. Sin demagogias y en plata: hágame un comentario de contexto para saber cómo está ahora una comunidad llena de tópicos y fuera de las plazas de las clasificaciones de futuro.

Ahora mismo, Andalucía está en la subalternidad, en términos políticos, sociales y económicos. Esa dependencia provoca la ausencia de Andalucía en el debate de España, lo cual es una dificultad para el encuentro de nuestro país.

El marianismo ha muerto. El susanismo está herido en combate. El pablismo está entre paréntesis. Si usted ha leído a Cicerón, tendrá más claro qué “ismo” es el que debe liderar la España que se merecen los españoles…

En este momento en el que todo se devora, y en el que el régimen de comida rápida se aplica con superficialidad a los principios de la política, el “ismo” que aportaría es la refundación de un nuevo país. España necesita una nueva Constitución.

Cómo lee usted aquí, a 40º a la sombra, el numerito catalán, los lazos amarillos y el esperpento de Puigdemont.

No estoy de acuerdo con la banalización del problema catalán, que es histórico, y en el que subyacen corrientes que trascienden los dos últimos siglos y que tiene mucho que ver con la conformación de nuestro país. Cuidado. Estamos hablando de una realidad seria. Si Cataluña se independiza, España deja de existir. Así de claro. En Cataluña hay un proceso en marcha con muchos errores, y con un disparate de propuesta independentista que no goza ni del respaldo de la mayoría de la sociedad catalana, pero que necesita una respuesta política, porque hay un problema político que hunde sus raíces en una mezcla de aspiración diferenciada, en la ruptura de la cohesión social con una crisis profundísima, y de cuya salida dependerá el nuevo modelo de país que tengamos.

En Andalucía asistimos con la inquietud de los que observan cómo se levantan paredes de frentismo, y no sólo por parte de los independentistas. Los numeritos de los españolistas, que son máquinas de hacer independentistas, están dificultando mucho el diálogo necesario. Nosotros tenemos que construir una España en la que la gente se sienta cómoda.

¿Es menos republicano ahora que antes?

No. ¡Más! Me siento más republicano, porque es el modelo en el que nos podemos instalar dentro de un nuevo país. La república no es sólo cambiar el sistema de elección de la más alta magistratura del Estado. Se trata de cambiar un arquetipo de valores. La república forma parte de las soluciones que necesita España.

¿Qué lugar ocupa el Valle de los Caídos entre las prioridades reales de la gente de la calle?

El Valle de los Caídos es un síntoma de que hay asignaturas que no hemos resuelto. En Alemania esto no sería un problema, porque ellos lo resolvieron fácilmente. Nosotros lo dejamos sin arreglar durante la Transición, y por eso somos el único país de Europa donde un dictador tiene un mausoleo entregado a su gloria. Tampoco hemos resuelto la historia de la cantidad de personas que están en las cunetas, a los que sus descendientes y familiares no han podido ni siquiera dar lo más digno que se les pueda dar: una sepultura. Lo que hay que preguntarse es por qué salta el debate: porque es insoportable que un país que se llame democrático siga teniendo un monumento a un genocida que otros ciudadanos demócratas europeos miran con perplejidad.

El líder de Izquierda Unida en Andalucía busca penetrar en la sociedad con autenticidad y cercanía.

Como filólogo:

¿A Pedro Sánchez le sobran gestos y le faltan palabras que delimiten un programa de Gobierno e incluso una ideología?

Pedro Sánchez fue muy audaz en descubrir su momento político, pero no sé si es consciente de que fue un pacto republicano contra Mariano Rajoy más que a favor de él. Pienso que a esa audacia táctica le falta enjundia de proyecto de país. Si lo tiene, o no lo ha sabido explicar, o yo no me he enterado. Está sometido a la esclavitud del PSOE, que le está dando la resignificación de lo que podía ser un Gobierno reformista. Lo hemos visto en el cambio de criterio sobre el Valle de los Caídos, sobre el control de las migraciones, en las limitaciones sobre el debate del techo de gasto y estabilidad presupuestaria… En esas contradicciones subyace la carencia de un proyecto de país alternativo al de la política económica que nos marcan desde Europa, o la que guiaba el PP.

¿Apoya usted las peleas de Carmen Calvo con los masculinos inclusivos y la lucha feminista?

Como filólogo, te puedes situar en las posiciones marcadas por la Lengua para asumir que el masculino es genérico, pero no hay que olvidar que el masculino es genérico porque venimos de una sociedad patriarcal. Como filólogo, lo que le puedo asegurar es que el lenguaje es lo más ideológico que hay. Según se hable, así se piensa. Un lenguaje siempre fluye, y hay que asumirlo como una realidad que también cambia. Si usted lee a Galdós, se dará cuenta de que en siglo y medio nuestra lengua ha variado, en su forma de escribir y en el hablar. Las reglas de nuestra Lengua no tienen por qué ser permanentes.

¿Izquierda Unida está condenada a ser un partido satélite de Podemos?

Izquierda Unida no está condenada a nada. Es un proyecto que tiene un objetivo de transformación, y hemos constatado a lo largo del tiempo que no ha conseguido todas las alianzas que necesita. Nunca hemos sido mayoría, salvo en experiencias municipales, que han supuesto un ejercicio de transformación en las administraciones locales. Les digo mucho a nuestros alcaldes de Andalucía -80 en estos momentos- que me encantaría que alguien hiciera tesis doctorales sobre las experiencias de los gobiernos locales de Izquierda Unida en los cambios de sus pueblos, porque es fascinante. Nosotros debemos estar condenados a cumplir con nuestro objetivo de construir una sociedad más justa, y buscar los instrumentos que mejor lo consigan, desde una tradición y una visión del mundo particular. En este escenario volátil no todo está escrito.

Dice usted que Adelante Andalucía es un parapeto contra la derecha y una alternativa al PSOE. Dice usted que en Andalucía nunca ganará la derecha, que el PSOE tiene agotado su proyecto político y que ustedes son la única posibilidad de éxito. Le recuerdo que en las elecciones de 2012 Javier Arenas llevó al Partido Popular a ser la lista más votada en las autonómicas andaluzas por primera vez, con el 40,66% de los votos…

Cuando hablo de que el PP no puede ser alternativa de gobierno en Andalucía, lo hago superando la aritmética con razones más complejas. El PP no es alternativa al PSOE aquí, entre otras cosas, porque mantendría la política económica sin dar un giro estratégico al modelo social andaluz. Históricamente, la derecha andaluza ha perdido muchas oportunidades de incorporarse a una visión de Andalucía como sujeto político protagonista.

Nosotros diagnosticamos que el PSOE de Andalucía ha agotado su proyecto estratégico, aunque siga coleando un apoyo electoral importante. El PSOE-A no da más de sí. Adelante Andalucía se conforma con la voluntad de construir un proyecto estratégico, porque le disputamos al PSOE su pseudo identificación con Andalucía y les demostramos que ellos son pasado, porque en su día tuvieron un proyecto, pero ya no. Por eso consideramos que somos la alternativa necesaria para Andalucía, sobre la base de que Podemos, Izquierda Unida, Equo e Izquierda Andalucista pedimos a muchos andaluces y andaluzas no organizados que se incorporen, porque, si no, no hay proyecto de mayoría.

¿Qué representan, en su opinión, políticos como Javier Arenas?

El pasado. Cuando yo estudiaba tercero de carrera, en 1987, Javier Arenas ya estaba presentándose a alcalde de Sevilla… Forma parte de una generación de políticos muy jóvenes, que han sido un tapón para los que veníamos detrás. Yo tengo 51 años, y pertenezco a una generación de la que no encontrará muchos políticos. Fuimos taponados por quienes lideraron la transición a la democracia, de tal manera que la han estado hegemonizando durante 30 años.

¿Quién es para usted Julio Anguita?

Una persona que me descubrió la política en muchos aspectos. Ha marcado una impronta en el ejercicio de la política, y es un referente en todos los sentidos para muchos de nosotros.

¿Los ideales hermosos sirven para gestionar economías reales?

Totalmente. Lo que se ha constatado que no sirve para hacer funcionar economías reales es el capitalismo, que genera desigualdad, deshilacha las sociedades, rompe, excluye… Hemos comprobado ya suficientemente que el capitalismo no resuelve los problemas de la humanidad.

Se compromete usted a volver a las aulas cuatro años después de las próximas elecciones andaluzas. Entre latín y latín, ¿qué querrá marcar a fuego en sus alumnos después de estos años arando política contra viento y mareas?

Que con el lenguaje se puede construir una sociedad hermosa, y la importancia del respeto por la palabra dada, que forma parte también de la sanación social.

Después de 38 años del 28-F, ¿los andaluces son más libres?

Somos mejor sociedad. Pero lo que hay que ver es cómo tendríamos que estar de verdad en 2018, en términos políticos y económicos. El impulso social que supuso el 28 de febrero de 1980 nos tendría que haber llevado a unos niveles de avance mayores de los que tenemos ahora.

Después de 51 años de vida, 33 de activista de izquierdas y 22 de militante en el PCE, ¿usted es mejor?

Esos guarismos son interesantes… Siento pudor para responder, pero creo que sí, que soy mejor persona…


REBOBINANDO

Mientras los termómetros de agosto se rehacen en septiembre, y el otoño caliente está que arde desde mitad de verano en la España de Sánchez, el Quijote cordobés de Izquierda Unida prepara la contienda contra los molinos del socialismo andaluz. Hay elecciones en 2019, y las golondrinas anuncian adelanto por la vía del decreto.

En este Toboso del sur, Dulcinea está pensativa en sus torres de marfil. Ya perdió Ferraz, y dejar caer Andalucía podría ser un auto-ERE demasiado duro, en este lugar de las manchas de corrupción. Susana ratonea en el calendario.

El ingenioso hidalgo Antonio Maíllo ya tiene la armadura puesta. Ha hecho piña con Teresa Rodríguez para constituir un bloque de izquierdas, y está listo para la campaña. Ha leído, tiene experiencia, tiene un mensaje, tiene un proyecto. Ahora le tocará ver si tiene apoyos. Porque Izquierda Unida es un partido de pueblos sin vértigos para asaltar los cielos del Parlamento Andaluz: el antiguo hospital sevillano de las Cinco Llagas. O de la sangre. Valgan ambas reminiscencias como metáfora.

Maíllo es docente antes que político. Un revolucionario clásico que habla sin que se le tensen las arterias del cuello. Un señor de izquierdas profundas y bonhomía natural. Fácil de trato. Bregado en la asignatura anti vanidades de ser candidato más veces de la cuenta. Todo eso conforma un estilo: menos pancartero y más discursivo. Menos marketiniano y más de fondo. Dialéctico, como todas las izquierdas, pero con más realismo, más oídos, más tacto, más respeto por la política.

En este mapa sin brújula para las izquierdas de colores, el Séneca del Parlamento Andaluz amansa fieras con discurso. La única manera de avanzar en política en un imperio socialista es ser más listo y más humanista. Construir a largo plazo, y aprovechar el momento. Es probable que las elecciones andaluzas no muevan mucho la foto fija del sur. Es igual. Él y Teresa buscan dar el campanazo. Pero, si no lo consiguen, o si el PP de Moreno Bonilla les adelanta por la derecha –difícil, difícil- Maíllo no se empobrecerá llorando la derrota. Aunque los hombres sí lloran, los clásicos no se ahogan en un vaso de agua. Porque, fuera de este vaso reduccionista del que beben políticos como churros, hay un mar para los que un día atracaron en puerto navegando desde fuera.

La biografía de Maíllo empieza un día de los difuntos de 1966. 51 años después, se le nota en la sonrisa que las muertes coyunturales no le dan miedo.

Antonio Maíllo lleva 33 como activista de izquierda, pero los avatares de su vida no le han robado la sonrisa.

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