Seguridad

El relato del ataque islamista que ha causado la muerte de un sacristán y heridas graves a un cura en Algeciras

El terrorista, de origen marroquí, terminó su recorrido rezando de rodillas en la Plaza Alta, donde fue detenido porque un ciudadano le siguió a distancia

Efectivos sanitarios y policiales cubren el cadáver del sacristán fallecido en un ataque a diferentes iglesias en Algeciras  (Foto: Nono Rico).
photo_camera Efectivos sanitarios y policiales cubren el cadáver del sacristán fallecido en un ataque a diferentes iglesias en Algeciras (Foto: Nono Rico).

El terrorista islamista de origen marroquí Y.K., de 26 años, que anoche mató a un sacristán en Algeciras e hirió a cuatro personas más, uno de ellos un sacerdote, terminó su recorrido mortal rezando en una plaza, momento en que fue detenido por sorpresa por la policía.

El relato pormenorizado de los hechos, tomado de testigos presenciales, es el siguiente:

Hacia las siete y media de la tarde, el individuo, vestido con una chilaba y armado con un gran cuchillo, una especie de catana, entró en la iglesia de San Isidro, un pequeño templo situado en la cota más alta de Algeciras, en el barrio del mismo nombre, un barrio castizo y céntrico. 

Según testigos presenciales, comenzó a discutir con los feligreses allí presentes, manifestándoles que debía de seguir la religión islámica. Posteriormente la emprendió a machetazos con el párroco, Antonio Rodríguez, sacerdote salesiano, de edad avanzada, al que causó heridas muy graves.

A continuación, se dirigió a la Plaza Alta de Algeciras, en el centro de la ciudad, a unos cuatrocientos metros, y entró en la iglesia de Nuestra Señora de La Palma, donde acababa de terminar la misa y todavía se encontraban dentro algunos fieles. Con el machete, fue destrozando todo lo que iba encontrando a su paso, atacó altares laterales de la iglesia mayor y se dirigió al presbiterio.

En el altar mayor, intentó tirar algunos de los elementos de la misa que todavía se encontraban allí, golpeó las velas, y poniéndose de puntillas arremetió contra otros objetos.

El sacristán intentó pararle

En ese momento, el sacristán, Diego Valencia, intentó pararle. El atacante asustó a una mujer. El sacristán forcejó con él y recibió entonces los primeros golpes de machete. Salió a la calle para pedir auxilio, el individuo fue detrás de él, mientras seguía golpeándole. 

Ocurría en el centro de la Plaza Alta, a una hora en que se encontraba muy concurrida, con familias y ciudadanos de todas las edades.

En la plaza, el individuo se ensañó con su víctima a machetazos, hasta el punto de que los testigos creyeron, en un primer momento, que estaba golpeándole con un palo de escoba. Así acabó con su vida.

Diego Valencia era sacristán no fijo de Nuestra Señora de La Palma. Se encontraba allí de forma provisional porque es sacristán de otro templo, Nuestra Señora del Carmen. Estaba sustituyendo al sacristán titular.

Era propietario de una floristería de la ciudad, hermano de un sastre muy conocido en Algeciras.

 

Un ciudadano le siguió

Tras eso, el agresor, con total tranquilidad, se dirigió, machete en mano, hacia la plaza de Nuestra Señora de las Lágrimas, lindante con la Plaza Alta, que da al mar. En ella hay una balconada con vistas a la bahía de Algeciras.

Pasó por delante de una academia de baile, Adagio, asustando de forma intensa a los padres y los niños y niñas que salían en ese momento de sus clases de ballet.

Cuando lo vio con la chilaba y el machete en la mano, uno de los padres de la academia empezó a seguirle a una cierta distancia, mientras llamaba a la policía.

En la Plaza de Nuestra Señora de las Lágrimas, en la balconada que da a la bahía, el terrorista se postró en el suelo y comenzó un rezo islámico. La policía local se acercó por detrás y, antes de que percatase y de que advirtiera su presencia, lo detuvieron sin que le diese tiempo a ofrecer resistencia.

En el lugar de la detención quedó en el suelo su catana, cubierta de sangre, y un rosario islámico, que tiene noventa y nueve cuentas y que los musulmanes piadosos utilizan por la calle para rezar.

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