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Por qué el boicot de los anunciantes a ‘La Noria’ es un hito histórico

He decidido escribir hoy sobre esta cuestión porque creo, efectivamente, que asistimos a un hito histórico en la historia de la televisión de nuestro país.

El masivo boicot por parte de los anunciantes al programa ‘La Noria’ de Telecinco tiene una dimensión y unas características jamás vistas hasta ahora en España.

Todo comenzó el pasado 5 de noviembre. La cadena de Mediaset emitió una entrevista con la madre de ‘El Cuco’, uno de los acusados de encubrir el asesinato de la joven Marta del Castillo. Rosalía García cobró, según adelantó entonces este confidencial, unos 9.000 euros.

El suceso desató una oleada de furibundas protestas que comenzaron a movilizar a miles de indignados. Nada nuevo bajo el sol. Movimientos de condena como éste se habían incoado otras muchas veces animando incluso a un plante de los anunciantes. Siempre sin éxito. Sin embargo, en esta ocasión las redes sociales jugaron un papel decisivo.

Los responsables de imagen y comunicación de las empresas anunciantes comenzaron a ser acosados en los foros. Pero esta vez el mensaje llegó, alto y claro (quizás por lo flagrante del caso) y empezaron las deserciones.

La primera marca en darse de baja fue Campofrío, como desveló ECD semanas atrás. Después se sumaron Puleva, Bayer, Nestlé, Panrico, Reale Seguros, L`Oreal, Loterías y Apuestas del Estado, Milner, Banco Sabadell, La Razón, Ausonia, Chevrolet, Audi, Bimbo, Vodafone, Hero, El Corte Inglés, Decathlon, Inffinity, Petcare, Fontaneda, Mercedes Benz y Danone.

En total, 23 compañías han dado orden de retirar sus anuncios de ‘La Noria’, abriendo así un precedente extraordinario.

Telecinco y cualquier cadena de televisión sigue teniendo plena libertad para decidir los contenidos que quiere ofrecer a los ciudadanos. Faltaría más. Pero ahora sabe que quienes le permiten dar sentido a su negocio, los anunciantes, también total libertad y autonomía para optar por los programas dónde quieren incluir sus anuncios.

Algo que se daba por descontado hasta ahora (la prerrogativa del anunciante para decidir a qué contenidos vincular su publicidad) parece que no lo era tanto. Algunos han reconocido que contrataban ‘a bulto’, audiencia en general, sin discriminar en qué formatos incluían sus ‘spots’.

En cualquier caso creo que, ante lo que ha sucedido, sólo puede estar molesto, nervioso o disconforme el que se haya marcado como objetivo sojuzgar a los demás con un estilo de hacer televisión.

Si alguien cree en un modelo, adelante. Que apueste por él. Pero sin imposiciones. Si los anunciantes consideran que esa propuesta daña a la sociedad y no quieren relacionar su marca con esos programas deben tener igualmente la libertad de poder manifestarlo. Eso es muy sano.

Insisto: que nadie se ponga nervioso.

Por lo pronto, los ciudadanos nos sentimos aliviados (y esperanzados) al detectar que existen instrumentos capaces de mandar un mensaje nítido y transparente a los que traspasan determinados límites éticos en el ejercicio de su profesión.

 

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Javier Fumero

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