Opinión

Qué sólos se han quedado nuestros muertos

Las Ramblas (Barcelona).
photo_camera Las Ramblas (Barcelona).

La frase la escribió hace años Pilar Ruiz Albisu, madre de Joseba Pagazaurtundúa, asesinado por ETA, como reacción a los contactos del partido de su hijo, el PSE, con Batasuna.

Las palabras de la madre de los Pagaza resuenan ante el próximo 17 de agosto. Se cumplirá un año de los atentados de Barcelona y Cambrils en los que un grupo de malnacidos asesinó, en nombre de la Yihad, a 18 personas.

España estaba olvidando las décadas sangrientas de ETA y de repente una furgoneta y unos cuchillos -más bien, quienes utilizaron esa furgoneta y esos cuchillos- revivieron el horror del 11-M, trasladado de Madrid a Barcelona.

La vida se quedó congelada para los familiares de los muertos y para los heridos. Para el resto de quienes sentimos como propio este ataque lo fuimos olvidando, hasta que el primer aniversario de ese 17 de sangre y dolor nos lo trae de nuevo a la memoria.

Lo más triste es ver que esta vez, aún más si cabe, a casi nadie le importan las víctimas, que de protagonistas y homenajeadas pasan a convertirse en excusa. Van a ser una excusa para bajezas políticas que si algún día se vio lo absurdas que son fue precisamente ese 17 de agosto de 2017.

La furgoneta conducida por el asesino Younes Abouyaqoub atropelló mortalmente por igual a vecinos de Vilafranca del Penedés y de Zaragoza, a portugueses y a belgas, a italianos y a británicos; a hombres y a mujeres; a Carmen, de 80 años, y a Xavi, de sólo tres.

A los padres de Xavi, en Rubí (Barcelona) y a su familia en Granada, y a la gente que esperaba a Carmen en Argentina y en Italia les faltan desde hace trescientos sesenta y pico días a sus seres queridos.

Quizás el sentido de los actos de este 17 de agosto sea recordar y acompañar a los muertos e intentar que sus familias estén un poco menos solas ante el vacío de la ausencia quienes les fueron arrebatados de forma criminal. Quizás (o seguro) nada pinten ese día banderas y mezquindades de enanos morales que intentan pescar hasta en ríos revueltos de sangre inocente.

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