Opinión

Ministerio de Familia

El líder del PP ha anunciado que, si gobierna, habrá un Ministerio de Familia. Pablo Casado lo anunció este fin de semana, en Galicia, el fortín en estos momentos para el PP. Sea casual o no, no es nueva esta idea en el PP, y tiene tintes electoralistas frente a la defensa de los valores familiares que preconiza Vox, pero todo es electoralista en una campaña electoral, por lo que una buena dosis de espíritu crítico ha de impregnar cuanto oímos o leemos estos días.

Pese a todo, a mí me suena bien que tengamos un Ministerio de Familia. Mejor tenerlo que no tenerlo, aunque no es la panacea ni la garantía máxima de defender la familia en todas sus vertientes: fiscal, sanitaria, cultural, social, laboral, etc.

“La familia es lo primero”, escuchamos con frecuencia, y recientemente en personajes famosos de la vida pública, que supeditan decisiones profesionales a situaciones familiares que requieren su especial dedicación. Incluso hay personas que cambian de zona geográfica en España por razones de salud del cónyuge o de sus hijos, cambiando de trabajo o empresa si es necesario, y tales decisiones suscitan el aplauso general, o al menos el respeto.

La crisis demográfica es más que evidente en España. Uno de cada cuatro de los 8.000 municipios españoles tiene más jubilados que trabajadores. En un país de 47 millones vienen sonando las alarmas de una sociedad envejecida y que no tiene visos de cambiar a corto plazo, a juzgar por lo que observamos a nuestro alrededor y los fríos datos estadísticos.

El reemplazo generacional está en el alero, las pensiones en entredicho y los síntomas de una sociedad enferma son crecientes: no es alarmismo, es realismo, aunque hay sectores que no lo ven así, o lo atribuyen a opciones personales cuando no a deficiencias estructurales. Muy típico en el ser humano dirigir la mirada hacia otro lado cuando hay dificultades de entidad, o escudarse en que la vida es compleja.

Hace unos días, un amigo me envió por whatsapp una fotografía de su nuevo nieto, con un breve comentario: “ahora que apenas hay nacimientos, toda una noticia”. Y lo es cada vida, pero la natalidad se encuentra ante muros que parecen infranqueables y de difícil solución: se retrasa o evita el matrimonio, se invoca la precariedad laboral y aumentan los hijos antes o fuera del matrimonio, es decir no en el seno de una familia. Pero el análisis ha de ser más profundo: hay matrimonios con estabilidad laboral que tampoco tienen hijos ni quieren tenerlos. No es sólo la economía.

El resorte básico para toda persona es la familia y, aunque todo o casi todo se tambalee, la familia es el apoyo que no falla, lo primero. No debemos caer en simplificaciones, pero cuanto contribuya a fomentar la natalidad y la familia es una buena noticia. Hay quienes prefieren que en la política la familia sea transversal, pero si es una prioridad ahora – como lo es – sería útil un Ministerio de Familia, aunque la solución principal no radica en estructuras administrativas.

Ahora bien: si llega a gobernar el PP, tendrá que negociar con Ciudadanos y Vox – previsiblemente – su política sobre la familia, y surgirán debates ideológicos vivos, y cuestiones “espinosas” para el PP, como el aborto.

Adolfo Suárez Illana habló hace unos días sobre el drama del aborto, y se le hizo callar desde el PP, invocando que está pendiente el recurso de constitucionalidad contra la Ley Aído ¡presentado en 2010! Muchos quieren ocultar los 100.000 abortos legales en España cada año, la mayoría de los españoles prefiere no hablar, pese a las evidencias científicas que avalan el respeto a la vida desde la concepción, porque es un drama, remuerde la conciencia y ahora no conviene recordarlo en campaña electoral.

Es llamativo que casi nadie recuerde este monumental retraso del Tribunal Constitucional para resolver el recurso del PP. Ya se ve que no sólo al PP le molesta recordar el aborto, o mojarse, al igual que en la práctica totalidad de los países europeos. Recuperar la cultura de la vida incumbe a todos, y es una tarea que requiere tiempo y paciencia, pero es deseable que tras el 28-A haya un rayo de esperanza incipiente a favor de la vida.

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