Opinión

La casa blanca

Jugadores del Real Madrid.
photo_camera Jugadores del Real Madrid.

“España es el Real Madrid”, sentenció aquel taxista pretiño mientras me llevaba a toda velocidad al Palacio de Justicia de Curitiba. “¿Hay algo más en España que el Madrid?”, me preguntó otro en Lima a bordo de su tico serpenteando el cercado de la Ciudad de los Reyes. No me he encontrado país en el que no me hayan hablado del club merengue al identificarme como español, ni aeropuerto en el que no haya visto a alguien vestido con su elástica. En honor a la verdad, me han mentado igualmente al Barcelona -o al Barza, como en algunos países de América se le conoce-, pero siento informar a mis queridos amigos culés que el balance a favor de los blancos resulta netamente abismal.

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Que sea más importante ser presidente del Real Madrid que ministro da una idea de la dimensión de esta legendaria entidad, que no creo que nadie dude a estas alturas que es también “más que un club”. Su trayectoria centenaria, su inigualable palmarés de triunfos en las competiciones en que ha participado y su proyección internacional lo convierten en nuestro principal abanderado de la marca España, un orgullo que trasciende las legítimas inclinaciones deportivas que puedan tenerse hacia otros colores, como en mi caso hacia ese coloso insumergible del balompié mundial que es el Real Oviedo.

Aunque en ocasiones acaben en el Madrid directivos y personajes futbolísticos alejados del tradicional estilo y categoría que ha sabido mantener la institución a lo largo de las décadas, hay que reconocer que el “noble y bélico adalid, caballero del honor”, como reza el estribillo de su clásico himno, continúa exhibiendo su clase por los estadios que conocen sus victorias. Lo de “así, así, así gana el Madrid”, siempre me ha parecido el típico pretexto del mal perdedor acomplejado, porque incluso aceptando que pudieran haberle beneficiado ciertas decisiones arbitrales en algún momento, resultan inapreciables en tantísimos partidos y competiciones en que ha ganado con todo merecimiento.

Al paso que van no habrá espacio para albergar la sala de trofeos del Real, ni vitrinas que puedan almacenar tantas copas. Pronto llegará un día en que ni colocando cada una de ellas en los asientos del Bernabéu cabrán, porque la imparable ejecutoria de los vikingos tiene pinta de continuar así el tiempo que haga falta, para honda satisfacción de sus innumerables seguidores a lo largo y ancho de este mundo.

Esta referencia planetaria del fútbol lo es además del baloncesto, la formación intercontinental más laureada con gran diferencia. Los míticos Brabender, Bullock, Petrovic, Sabonis, Luyk, Corbalán, Romay, Reyes, Llull, entre un larguísimo etcétera, han hecho historia de la buena en el deporte de la canasta, paseando el pabellón español por los cinco continentes.

Se pierde ya la cuenta de las ligas obtenidas por el Madrid, de ahí que esta trigésimo cuarta sea un dato irrelevante. Para sus jugadores desde luego que no, porque se han tenido que pegar unas soberanas palizas por los campos de España para conseguirlo. Como los soldados romanos, el once madridista sabe que solo sirve vencer, que es lo que llevan haciendo desde hace más de un siglo.

Seamos del equipo de seamos, justo es admitir con elegancia las grandiosas gestas del Real Madrid año tras año.

¡Hala Madrid!

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