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Nace una nueva profesión: ganador de concursos en redes sociales

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Ganar concursos comprando votos o creando personajes ficticios. Son las técnicas que están detectando las marcas y empresas que realizan concursos entre sus seguidores de redes sociales. Personas que incluso han convertido este ‘fraude’ en su profesión.

Fraudes en concrusos de Facebook Fraudes en concrusos de Facebook

La crisis agudiza el ingenio. Y en ocasiones, lo hace hasta tal punto que las empresas deben rediseñar sus estrategias de marketing. Sobre todo a la hora de organizar concursos. Así lo reconocen profesionales en activo del sector publicitario consultados por El Confidencial Digital.

Son muchas las empresas y marcas que organizan concursos relacionados con algún aspecto de sus productos para ganar mayor penetración social. Desde enviar una fotografía con alguna temática a crear un slogan, con una premisa clara y sencilla: el más votado o retuiteado por la ‘comunidad’ recibirá el primer premio: un viaje, un aparato electrónico de última generación, entradas para espectáculos, dinero e incluso automóviles...

Una nueva ‘profesión’

Tal y como explican las fuentes consultadas, este tipo de concursos está entrando “en desuso” por la aparición de la picaresca y lo que se ha bautizado como la figura del “ganador de concursos profesional”: gente que dedica horas, incluso jornadas laborales completas, a obtener votos y hacerse con los premios.

Se han detectado casos de ‘profesionales’ que han obtenido varios premios “importantes” en menos de una semana. “Y muchos se conocen entre sí” explican profesionales del marketing.

El ‘modus operandi’, habitualmente, suele resumirse en la política de ‘votos por votos’. En Facebook, por ejemplo, existen comunidades cerradas de decenas de miles de usuarios en los que cualquiera puede pedir votos para una candidatura a un concurso. A cambio, el receptor del voto se compromete a votar a todos y cada uno de sus contribuyentes en futuros concursos.

Votos de personas ficticias

En ocasiones, ese tipo de prácticas se llevan al extremo. Por ejemplo, ofreciendo ‘4x4’ (cuatro votos a cambio de cuatro), 5x5, 20x20 o incluso ‘100x100’. Es decir, recibir 100 votos a cambio de otros 100, casi siempre procedentes de perfiles de Facebook o Twitter falsos, creados exclusivamente para emitir votos.

“Cuantas más cuentas maneje el concursante más ‘profesional’ se le considera” aseguran las fuentes consultadas. Esta la forma más, aunque también hay otras que implican incluso la compra de votos (existen empresas que lo ofrecen como servicio).

Este tipo de prácticas se disparan en las 24-48 últimas horas del concurso, cuando el ‘concursante profesional’ ya tiene una cifra aproximada de los votos que necesitará para hacerse con el premio.

Los últimos instantes del concurso suelen convertirse en una carrera contrarreloj entre los participantes fraudulentos, donde los más profesionales son capaces de obtener varios miles de votos en pocas horas.

La decepción del concursante ‘tradicional’

El problema radica en los ‘concursantes tradicionales’. Aquellos que tratan de buscar el mayor número de votos moviendo su candidatura entre amigos y familiares. “Son esos los que normalmente, cuando aparecen los ‘tramposos’, se sienten traicionados con el resultado y eso genera un impacto negativo para la marca que organiza el concurso” explican.

Por ello, las marcas están comenzando a incluir clausulas ‘antifraude’ en sus concursos –pudiendo anular candidaturas si se detectan irregularidades-, o directamente dejando de recurrir a la máxima del ‘premio al más votado’ e introduciendo otras filosofías de concurso más imaginativas.

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