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Una Fundación concede becas de estudio a sacerdotes diocesanos, seminaristas y religiosos de países con escasos recursos económicos

Luis Alberto Rosales, director de la Fundación CARF: “Nuestra misión es difundir el buen nombre de los sacerdotes y fomentar las vocaciones sacerdotales”

Sacerdote.
photo_camera Sacerdote.

Difundir el buen nombre de los sacerdotes, su vida de entrega, de misión, de evangelización y fomentar las vocaciones sacerdotales. Esta es la primera misión de la Fundación CARF-Centro Académico Romano Fundación-, como explica Luis Alberto Rosales a Confidencial Digital.

El segundo cometido de esta Fundación es colaborar con los obispos de todo el mundo para que puedan tener la oportunidad de enviar a sacerdotes y seminaristas, o a los superiores de órdenes religiosas a sus hermanos y hermanas, a realizar estudios en las facultades eclesiásticasde la Universidad de Navarra y en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma.

Los sacerdotes, la sonrisa de Dios en la Tierra 

Su última campaña Pon cara a tu donativo y bajo el lema “los sacerdotes, la sonrisa de Dios en la Tierra” se ha lanzado con el objetivo de sensibilizar a muchos católicos y no católicos (a la Fundación CARF llegan donativos de personas no creyentes) para ayudar,con oración y aportaciones económicas, a la formación de sacerdotes diocesanos, seminaristas y religiosos de países con escasos recursos económicos.

Cada año académico, y gracias a más de 10.000 donantes generosos, se pueden formar más de 1.600 estudiantes que proceden de 131 países de los cinco continentes. También, se pueden formar más de 400 vocaciones(seminaristas) en los seminarios internacionales de Bidasoa, en Pamplona, y Sedes Sapientiae, en Roma.

“Muchos de estos seminaristas no podrían recibir una formación integral y completa en sus países. La razón fundamental es que, en muchos de sus seminarios, carecen hasta de lo más elemental: los libros”, expresa Luis Alberto Rosales. 

Benedicto, seminarista de 23 años de Tanzania 

Es el caso de Benedicto, un seminarista de 23 años de Tanzania, segundo hijo de una familia de nueve hijos. Estudia en la Universidad Eclesiástica de Navarra y reside en el Seminario Internacional Bidasoa.

“En mi país hay una gran necesidad de vocaciones sacerdotales. Muchos jóvenes como yo, con vocación, no tenemos suficiente capacidad para costearnos nuestros estudios en el seminario porque nuestras familias tienen escasos recursos económicos. Además, en muchas ciudades de Tanzania, no hay suficientes sacerdotes para impartir los sacramentos y ayudar pastoralmente a los fieles a fortalecer su fe y ver a Dios en su vida. Por eso, agradezco a mi obispo, a mis formadores de Bidasoa y de manera especial a la Fundación CARF y a sus benefactores por ser nuestros patrocinadores de nuestros estudios en la Universidad de Navarra”, explica Benedicto. 

Este joven seminarista podrá regresar a su país con una formación integral y completa, preparado para recibir la ordenación sacerdotal y ayudar en la formación de otros seminaristas de su diócesis y a los fieles de las parroquias. 

Y como Benedicto,la Fundación CARF ha ayudado con becas para su formación intelectual, humana y espiritual a Pablo, joven religioso de 25 años de la congregación Miles Christi; Cosmas, sacerdote de Nigeria; Lungelo, seminarista de la República de Sudáfrica; Bohdan e Ihor, estudiantes ucranianos, o la hermana Lucia Vitoria de la Fraternidad Arca de María entre otros. 

Iglesia.
Iglesia.

¿Por qué es importante la formación de sacerdotes? 

En poco más de más de 30 años de vida, (la Fundación CARF nació en 1989) más de 40.000 personas entre sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas han podido ampliar su formación en estas facultades para servir a la Iglesia en 131 países. 

La realidad de este proyecto “que haría estallar la cabeza de cualquier economista, es posible gracias a muchos pequeños donantes”, destaca Rosales. 

Para la Fundación CARF, siguiendo las indicaciones del Papa Francisco al igual que la de sus predecesores, la formación de los sacerdotes es esencial. Y no solo la académica, sino también la humana y espiritual. 

De esta manera, esta Fundación sirve a la Iglesia universal en la  preparación de sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas, para que puedan dar respuestas a un mundo cada vez más secularizado. 

Sin sacerdotes no hay Eucaristía. Como cristianos tenemos el deber de apoyar a los sacerdotes. De manera especial, impidiendo que se pierdan vocaciones por falta de medios económicos.  Es muy importante cuidar con esmero la etapa de formación para queluego, cuando estos sacerdotes y religiosos regresan a sus países de origen, redunde en beneficio de los fieles y en el ejercicio de la labor pastoral”, explica el director de la Fundación CARF. 

Sacerdote.
Sacerdote.

Tipo de estudios 

En estas facultades eclesiásticas, los sacerdotes, seminaristas, religiosas y religiosos estudian las siguientes carreras eclesiásticas: 

Teología: el conjunto de conocimientos acerca de Dios y abarca la diversidad de contextos culturales incluidos en la sociedad actual. 

Filosofía: fomenta la conciliación entre el conocimiento de diferentes culturas, y entre razón y fe, además del entendimiento de la verdad en su contexto antropológico e histórico-cultural. 

Derecho Canónico: estudio de la ciencia que ahonda en el sistema jurídico y práctico de la Iglesia católica en el mundo, combinando la formación jurídica con la sensibilidad pastoral. 

Comunicación institucional: Tiene como objetivo formar profesionales de la comunicación para servir a las instituciones eclesiásticas.

Un poco de historia 

La Fundación CARF —Centro Académico Romano Fundación— nació en 1989, por inspiración de san Juan Pablo II al beato Álvaro del Portillo, para ayudar a la formación de sacerdotes diocesanos, seminaristas y religiosos para servir mejor a la Iglesiay fomentar las vocaciones en todo el mundo. 

“Comenzaron a llegar los estudiantes: sacerdotes, seminaristas, religiosas y religiosos… y, en pocos años, se produjo un colapso económico. La razón es sencilla: en España, por ejemplo, tenemos muy claro “cuánto cuesta” un sacerdote; seguridad social, los sueldos… etc., pero en países como Brasil, Benin, Kenia o Nigeria, un sacerdote “cuesta” muchísimo menos. Las cantidades que aportaban los superiores y obispos para sus alumnos eran ésas y, evidentemente, con lo que se puede destinar a un sacerdote en esos países no se paga una universidad privada, ni una residencia en Roma o Pamplona… Se produjo, pues, un colapso: no se podían pagar las nóminas, los servicios…Ante este panorama, se vio la necesidad de una fundación y nace lo que hoy conocemos como CARF” explica Luis Alberto Rosales. 

El funcionamiento para que un sacerdote, religiosa o religioso, estudie en estas facultades eclesiásticas es el siguiente: los superiores religiosos (masculinos o femeninos) y obispos interesados se dirigen a las facultades eclesiásticas de la Universidad de Navarra o a la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, pidiendo plaza y, posteriormente, si no se puede asumir el coste de estos estudios, piden una beca.

“Desde CARF pedimos que, al menos, aporten lo que costaría su mantenimiento en los países de origen porque el “todo gratis” no es formativo. Hay ocasiones en las que nos encontramos con el problema de las plazas, porque no siempre hay sitio en las residencias y los seminarios. En las residencias y seminarios internacionales se les cuida muchísimo, es una familia y ellos lo aprecian de manera especial”, concluye Luis Alberto Rosales.

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