Martes 24/10/2017. Actualizado 12:56h

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Dinero

Las familias García Baquero, Carbó, Reyzabal y Villa Solera, los que mejor aprovechan la crisis inmobiliaria: compran barato y alquilan sedes a multinacionales y bancos

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Los mayores ‘family offices’ nacionales le están sacando partido a la crisis del ladrillo: aprovechan la caída de precios, de rentas de activos y los bajos tipos de interés para comprar sedes corporativas y edificios representativos que luego alquilan a bancos y multinacionales.

 “Las grandes family offices está liderando las grandes inversiones inmobiliarias y dejando ‘fuera de juego’ a los principales fondos de inversión extranjeros, que se encuentran con que los inversores españoles se lo llevan todo” resume a El Confidencial Digital el responsable de inversión inmobiliaria de uno de los cinco mayores bancos españoles.

Las grandes fortunas nacionales están especialmente interesados en comprar oficinas en lugares emblemáticos y en los principales centros de negocios de ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia, explica a este confidencial David Brown, director de inversión de la consultora inmobiliaria Savills. “Buscan inmuebles ya arrendados, con inquilinos que garanticen una cierta estabilidad con contratos de al menos diez años de duración”, añade.

Los más codiciados por estos inversores, bancos y empresas del Ibex35. “La aversión al riesgo dirige la mayoría de estas operaciones, por lo que se centran en encontrar inmuebles ya arrendados, que suelen generar unas rentabilidades iniciales en torno al 6% sobre rentas de mercado” calcula Brown. En 2009, el precio del metro cuadrado se ha rebajado un 40% en comparación con 2007, por lo que la compra de oficinas y sucursales en ‘lease back’ a entidades financieras está siendo un filón para estas familias, que tienen dinero y quieren diversificarlos, subrayan fuentes de mercado.

Los protagonistas de este repunte de la inversión inmobiliaria tienen nombre español. Familias como los García Baquero, a través de su fondo Coblilac, los Carbó (dueños de Caprabo), los Reyzabal -impulsores de salas de cine y hasta hace pocos meses, dueños del malogrado edificio Windsor de Madrid – o los murcianos Villa Solera, propietarios de la inmobiliaria del mismo nombre han apostado en lo que va de año por operaciones de este tipo, por valor de entre 10 y 50 millones de euros cada una. Por ejemplo, los queseros de Alcázar de San Juan han comprado varios inmuebles situados en las zonas ‘premium’ de Madrid, Barcelona y Sevilla, entre otras, una sede del Banco Pastor o un centro de Fnac.

El director de inversiones de Savills destaca que los inversores españoles son más agresivos y se preocupan menos por la rentabilidad que los extranjeros, que miran con lupa su flujo de caja. Las fortunas familiares “son más patrimonialistas, buscan inquilinos que les aporten cierta tranquilidad y quieren gestionar su patrimonio a la vez que buscan representatividad”.

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