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Funcionarios, el arma secreta de la Guerra Fría contra Gibraltar. Señor Picardo: no trate de empecinarse en sus ofensas al Gobierno de España

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En la Guerra Fría contra las aspiraciones de Gibraltar, España acaba de introducir un nuevo elemento: el funcionario. Ese famoso estereotipo, que no por ello es menos cierto e igual de temible, está haciendo, según el Ministro Principal del Peñón, el Señor Picardo, que las colas de entrada y salida a ese trocito británico de nuestra península se conviertan en lentas peregrinaciones diarias de "lo menos cuatro horas", lo que le ha llevado a pedir la intervención de la Comisión Europea para acabar con esta sinrazón.

Según el Ministro Principal Gibraltareño, estas colas se producen cada vez que hay una situación de tensión con las autoridades Españolas, como haciendo referencia a una España que al ser desairada desatara sus peores plagas contra sus ofensores.

¡Nada más lejos de la realidad, señor Ministro Principal!

El funcionariado español tiene vestigios de ser eficiente: puede llegar a poner mucho empeño en cualquier tarea que realice, siempre y cuando sea de su máximo interés; ¡mire sino cómo se esfuerzan nuestras fuerzas del orden público en disolver manifestaciones públicas, en realizar desalojos o en poner multas! Aunque también es cierto que cuando los funcionarios encuentran sus tareas tediosas pueden hacer que cualquier trámite rutinario se convierta en una fastidiosa odisea.

Ya lo exponía el periodista y escritor Mariano José de Larra, allá por los inicios del siglo XIX, en su famoso artículo "Vuelva usted mañana": los vericuetos a los que puede someternos la administración solo pueden ser más soportables para nuestra paciencia que la pereza con la que algunos funcionarios tratan nuestros asuntos. Hay que destacar que esta crítica la hizo un autor que consideramos del Romanticismo, y por lo tanto del que diríamos que era un romántico; ¡que pudiera haber dicho si fuera un cínico!.

Recordemos también que Larra se suicidó joven, dejando esta queja en su haber. Dicen que fue mal de amores, pero quién sabe si la apatía de algunos funcionarios no tuvo algo que ver con su visión deprimida del mundo.

También encontramos vestigios del trabajo funcionarial en obras ficticias ampliamente conocidas. La que primero me viene a la mente es "Los doce trabajos de Astérix", de Uderzo y Goscini, en la que los irreductibles galos casi se dan por vencidos al tratar de conseguir unos impresos en la casa de la administración. ¡Qué lamentable estampa ofrecía Obélix, vencido por vez primera por unos romanos, no más fuertes ni más inteligentes, sino simplemente más empecinados en hacer las cosas como les dicen que se han de hacer!

Así que, Fabián Picardo, permítame un consejo: no trate de empecinarse en sus ofensas al Gobierno de España. Los funcionarios ya saben que trabajo deben realizar y como de minuciosos tienen que llegar a ser. Mejor trate de solucionar estos pequeños detalles por la vía diplomática; pese a ser otro juego complicado y marrullero, ¡seguro que a la larga le dará menos dolores de cabeza!

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