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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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A Pedro Sánchez la calle se le va de las manos

Vox celebra los resultados de las elecciones del 10 de noviembre de 2019.
photo_camera Vox celebra los resultados de las elecciones del 10 de noviembre de 2019.

Me contaron que Matilde Fernández, ministra de Asuntos Sociales con Felipe González, recibió en su despacho a un grupo de feministas radicales que le reclamaron que hiciera más por la implantación del aborto en España.

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Biden quiere que la “responsabilidad” de muertes por Covid en EEUU caiga sobre Trump.

Montadme manifestaciones en la calle y lo podré aprobar”, fue la respuesta de la ministra. Si hay movilizaciones, lo podré llevar al Consejo de Ministros y saldrá adelante, resumió.

En efecto, no pocas graves decisiones que se han tomado en este país han sido fruto de la acción de activistas de todo tipo, muchas veces minoritarios y que no respondían el estado de opinión general, que han agitado la calle con protestas y movilizaciones, y así han dado a gobiernos interesados la excusa perfecta para alguna decisiones incomprensibles: es que es un clamor social, mintieron.

Si Fraga, siendo ministro del Interior, proclamó aquello de “la calle es mía”, la realidad es que gran parte de la izquierda española ha considerado durante años que las calles son suyas. Y no aceptan fácilmente compartirlas con nadie. Mucho menos con la derecha.

Es que una de las peores pesadillas de la izquierda es precisamente perder la calle. Les aterra que los otros, sobre todo la derecha, salgan, se movilicen, se manifiesten y protesten.

Ocurre que, a propósito de la grave pandemia de coronavirus, con cientos de miles de contagiados y decenas de miles de fallecidos, han sido tantos, tan constantes, tan increíbles los errores cometidos, tantas las chapuzas y las contradicciones, que la gente ha acabado harta y está optando por echarse a la calle.

Pedro Sánchez, el Gobierno… y con ellos la izquierda en su conjunto, están perdiendo la calle.

Ahora que los aplausos a los sanitarios han finalizado, proliferan las protestas, las caceroladas, los escraches, delante del chalet de Galapagar, más recientemente en casa de José Luis Ábalos

Ya he manifestado mi opinión de que los acosos a personas, familias y viviendas me parecen inaceptables.

Ahí están las concentraciones de madrileños en la calle Núñez de Balboa, que han ido a más, y ante las que la policía ha tenido que andar con mucho tacto a la hora de intentar controlarlas, porque podían provocar incidentes mayores.

El Gobierno está teniendo enorme cuidado últimamente cuando se trata de dar instrucciones a las fuerzas de orden, porque la atmósfera social se está calentando de forma progresiva.

Hay quien acusa a Pedro Sánchez de intentar controlar al máximo la desescalada, limitándola todo lo posible con la excusa de evitar contagios por Covid-19, pero con la intención de minimizar, e incluso impedir, las salidas a la calle y ahorrarse protestas.

Pero más aún le interesa cortar la posibilidad de que se convoquen concentraciones numerosas. Y, por encima de todo, desea boicotear las manifestaciones organizadas.

Preocupan en La Moncloa las marchas convocadas por Vox este sábado por toda España, en calles y avenidas de las ciudades, utilizando coches y motocicletas.

Está tratando de entorpecerlas, e incluso de prohibirlas, pero con cuidado, procurando no provocar con esas medidas más indignación de la que ya existe. La gente se está animando y no anda el horno para bollos. Y es que, junto con la desescalada, muchos le están perdiendo el miedo a desobedecer.

Al Gobierno le preocupa que la situación social vaya a más. Hasta el punto de que ha iniciado negociaciones con Vox para intentar encarrilar las protestas del sábado, y las que pueden venir después.

Es que Pedro Sánchez sabe que, si pierde definitivamente la calle, su proyecto y él mismo están perdidos. Y hará todo lo posible, y hasta lo imposible, para que tal cosa no ocurra.

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