Opinión

El diario de Hélène Berr, una nueva historia a lo Ana Frank

Una de sus sobrinas, ha logrado recuperar el original que, tal y como había deseado Hélène, había sido entregado a su novio, Jean Morawiecki.

Este decidió hace unos años legar el documento la sobrina de Hélène y ésta, a su vez, lo ha donado al Memorial del Holocausto de París, que consagra uno de sus espacios a la vida y destino trágico de la joven judía.

El 3 de enero, estará en las librerías el diario de esta nueva Ana Frank, L’Express publica estos días algunos extractos. Nacida en 1921 y muerta en un campo de concentración, Hélène Berr mantuvo vivo un diario entre 1942 y 1945. Son unas páginas en las que se observa cómo la guerra no es más que un mal sueño que se puede hasta olvidar tras un día en el cambo recogiendo frambuesas.

Son sus sentimientos el primer día que se ve obligada a llevar la extrella amarilla: “Dios mío, no pensé que podía ser tan duro”, recoge Hélène mientras afirma que ha llevado la cabeza bien derecha todo el día, aunque casi nadie la mira. “Lo peor es encontrar a otra gente que la lleva”, asegura la joven.

Recoge la solidaridad de algunos, o el tormento ante la insensibilidad de otros, como el humillante celo del controlador de metro que le obliga a ponerse en el vagón de la cola destinado a los judíos.

Son todas las ideas y pensamientos que en estos momentos trágicos pasan por la mente de una joven que afirma saber para qué ha escrito ese diario: “sé que quiero que se lo den a Jean si no estoy aquí cuando él vuelva. No quiero desaparecer sin que sepa todo lo que he pensado durante su ausencia”.

Gracias a ese diario ha permanecido en la memoria de su novio y de toda su familia. A partir de ahora también permanecerá en la de los lectores.

 
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