Sábado 19/08/2017. Actualizado 01:13h

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Ahora, la Justicia también pringada

Uno de los análisis básicos que se han venido realizando últimamente se resume en afirmar que todas las instancias del país se encuentran contaminadas por la corrupción, es decir, los partidos, entidades económicas, grandes instituciones... y que solamente quedaba un sector intocable, que además nos protegía y combatía contra esa plaga: la Justicia.

Tan es así, que no pocos jueces y magistrados han llegado a creerse la última instancia y han incorporado el título de salvadores de la patria. Para lo cual, no pocos de ellos han asumido la condición de 'justicieros'. Es decir, que no se limitaban a aplicar la ley sin más, sino que pretendieron cambiar la realidad con sus sentencias. Fallos que han querido ser, en determinados casos, ejemplares y ejemplificantes. Una peligrosa deriva, sin duda, porque ése no es su rol.

Pero es cierto que de alguna manera el ámbito judicial había permanecido fuera del terremoto de los escándalos de corrupción.

Verdad es que, aparte del lejano caso del juez Estevill, han existido anomalías, abusos y hasta pequeños terremotos en el mundo judicial. Baste citar la inhabilitación de Baltasar Garzón, el caso de juez Elpidio, la  abrupta salida del Fiscal General del Estado, incluso el apartamiento del juez Ruz o la negativa al juez Castro para continuar como magistrado honorario. Pero todo ello se situaba fuera de lo que solemos llamar "la corrupción", es decir, ajeno en principio al delicado mundo de los dineros.

Buenos pues esto último acaba de caer por los suelos, al menos mediáticamente, con las informaciones sobre primas a magistrados madrileños, a través de la empresa Indra, por labores de asesoramiento en un programa informático para agilizar los procesos judiciales.

Nueve magistrados y cinco fiscales cobraron entre 3.000 y 9.000 euros por colaborar con la empresa adjudicataria del contrato, y entre los afectados figura el presidente del Tribunal Supremo de Justicia de Madrid, Francisco Vieira.

Existe división de opiniones sobre si la actuación de los afectados vulnera el régimen de incompatibilidades y si existe alguna irregularidad. Pero, como ha ocurrido en otros casos, al final casi va a dar igual. Lo cual resulta bastante lamentable. Porque, a los efectos de la opinión pública, que no se distingue precisamente por atender a los matices, lo que va a quedar es que los jueces también han acabado inmersos en la corrupción. Así de elemental.

Conclusión: la Justicia, también pringada. Y es una muy  pésima noticia.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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