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El Papa, la Iglesia y el fútbol

Dieciséis páginas dedicó ayer El País a la renuncia de Benedicto XVI como Romano Pontífice, y quince El Mundo, además de los imponentes despliegues de ABC, La Razón… Las grandes cadenas de televisión montaron informativos especiales, algunos de ellos de varias horas de duración.

En los diarios, en las emisoras de radio, en las televisiones, personajes de todo tipo y procedencia han firmado columnas, protagonizado tertulias y respondido a encuestas callejeras. Así que se ha escrito y dicho de todo. Y cuando digo de todo, es de todo.

Una de las perplejidades que provoca esa avalancha de opiniones, puntos de vista y análisis es comprobar la existencia de un general desconocimiento sobre la materia de que se trata. Porque de lo que se está hablando es de una realidad original y peculiar que se llama Iglesia Católica, fundada por Jesucristo, Hijo de Dios.

Y la Iglesia Católica es una comunidad de fieles que profesa un conjunto de verdades fundamentales, a las que prestan su adhesión más profunda, hasta el punto de que, a lo largo de los siglos muchos de ellas han llegado al martirio.

¿A dónde quiero ir? Pues a que no tener en cuenta ese trasfondo, y aplicar a los asuntos de la Iglesia categorías de realidades que poco tienen que ver con ella conducen al desconcierto. Por poner un ejemplo, analizar desde argumentos y criterios políticos, olvidando el esencial trasfondo religioso.

Se me ocurre una similitud, que presenta todas las limitaciones de las comparaciones, pero que a la vez puede proporcionar alguna luz sobre lo que viene ocurriendo estos días.

Imaginemos que una persona que nunca ha visto un partido de fútbol es invitado a un encuentro sin conocer de qué se trata ni sus reglas mínimas.

Si aplicara el elemental sentido común, no entendería qué hacen veintidós personas en pantalón corto corriendo detrás de un balón, en lugar de proporcionar una pelota a cada uno de ellos. Ni por qué no utilizan las manos para atraparlo, si es eso lo que buscan. Ni por qué permiten a uno que sí use las extremidades superiores y a los demás no. En fin…

Pienso que algo semejante puede ocurrir cuando quien analiza, opina y enjuicia lo que ocurre en la Iglesia no tiene en cuenta lo que es esa institución. Si falta una referencia religiosa, si lo sobrenatural no existe, si consideran irracional la fe, entonces resulta imposible entender casi nada. Pero mucho menos aún pretender explicarlo desde esas ignorancias.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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