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La infanta Cristina es culpable

Es, a lo que parece, lo que opinan la mayoría de los españoles: que la infanta Cristina es culpable.

Sabido es que participo en alguna tertulia televisiva, y también que habló a veces en la radio, y estos días ha resultado inevitable que me pregunten mi parecer sobre la situación de la infanta en relación con su imputación en el ‘caso Nóos’.

En esas ocasiones, mi posición ha quedado bastante clara: yo no creo que la hija de don Juan Carlos, y hermana de Felipe VI, haya cometido delito.

¿Que ha habido por su parte un comportamiento tal vez irresponsable, y desde luego muy poco ejemplar? No me cabe ninguna duda. Lo pienso firmemente. Pero de ahí a acusarle de delito… va un paso demasiado largo. Un camino que, por lo visto, sí han recorrido la gran mayoría de los ciudadanos de este país, donde se considera de modo generalizado que es culpable de uno o de varios delitos.

¿Qué problema provoca, de entrada, manifestar una opinión distinta en esas tertulias? Pues que lo habitual es encontrarse en minoría, cuando no en solitario, zarandeado por el resto de intervinientes, que expresan su firme convicción de todo lo contrario, de que la infanta Cristina es culpable.

El argumento más habitual que escucho se resume en que ‘todo el mundo’ lo piensa. Puede ser cierto. Y de ahí concluyen que, si la gran mayoría mantiene tal pensamiento, los que no lo compartimos estamos equivocados.

Somos, como poco, unos ingenuos, cuando no unos ignorantes. E incluso se nos atribuyen torcidas intenciones y complicidades oscuras con “la Zarzuela”, “el Gobierno”, la “Fiscalía General del Estado” y no sé con quién más. En fin, que consideran que la discrepante es una opinión más que sospechosa.

Otro razonamiento escuchado se centra en que resulta “evidente” que ha habido complicidad por parte de la infanta. Para a continuación aportar meras impresiones, conjeturas y deducciones, escasamente fundamentadas, además. No hay pruebas. No lo son las impresiones, las conjeturas ni las deducciones.

No se aportan pruebas en los autos del juez Castro y de la Audiencia de Palma. El “pudo saber”, e incluso el “debió saber” no significan “supo”. Durante la instrucción del sumario, el juez interrogó a centenar y medio de testigos. Ninguno, ni uno solo, afirmó que la infanta Cristina hubiera intervenido, actuado o conocido los delitos que se imputan a su marido. Eso sí es un dato.

La afirmación de que, puesto que entraba dinero (y abundante) en su casa, ella tenía que haber sabido su procedencia (ilícita), pondría en grave dificultad a casi todas las mujeres casadas, a las que se obligaría a investigar si los ingresos de sus maridos son limpios; porque, si no lo son, y ellas no lo han averiguado, serán acusadas de cómplices. Y lo mismo ocurriría, por supuesto, a los cónyuges varones en el caso de que sus señoras ingresen dinero: tendrían que investigar su procedencia, si no quieren verse en dificultades con la justicia.

En cuanto a eso de que ‘todo el mundo’ piensa que la infanta es culpable, intentaré contestar con una reflexión que creo bastante elemental: la opinión pública generalizada no es prueba, y menos aún garantía de acierto. Y los juicios populares resultan altamente peligrosos. Parece mentira que haya que recordarlo.

Lo he mencionado en alguna otra ocasión, pero, a ese propósito, me viene al recuerdo el caso de Dolores Vázquez, a quien ‘todos los españoles’ condenamos por la muerte de Rocío Waninkof. Fue juzgada por los tribunales, condenada, estuvo en la cárcel, y finalmente resultó que era inocente. Existen otros ejemplos, pero este resulta paradigmático de lo que puede provocar un veredicto popular.

Y otra precisión es que, después de analizar los hechos, leer los distintos autos, estudiar las acciones judiciales (juez, fiscal y Audiencia de Palma), y teniendo en cuenta la actuación concreta de la infanta, sigo pensando que no hay delito por su parte.

Entiendo que lo más cómodo sería plegarme el sentimiento general. Para no desentonar, para no parecer sospechoso. Eso me evitaría incomodidades y hasta escucharía algún que otro aplauso. La cuestión es que nunca he sido partidario de vender las convicciones por las conveniencias: nunca lo he hecho, y no lo voy a hacer ahora. Aunque eso provoque resultar menos simpático.

Una última consideración. Si se demostrara que la infanta Cristina cometió delito, júzguesele, condénesele y que acabe en la cárcel. Caiga quien caiga por ello y provoque las consecuencias que provoque.

No me duelen prendas. Los delincuentes deben pagar. Sean quienes sean. Recurriendo a la vieja sabiduría popular castellana: del rey abajo, ninguno.



editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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