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España debe salir del gineceo de las mujeres de la corte

Un amigo me acaba de descubrir a Javier Gomá. Es un filósofo español, nacido en Bilbao, que obtuvo el número uno de la oposición a Letrado de estado pero que pidió la excedencia y desde 2003 dirige la Fundación Juan March. Es licenciado en Filología clásica y en Derecho, además de doctor en Filosofía.

Una de sus propuestas más interesantes encaja perfectamente con este mundo posmoderno, que apenas da crédito a la débil razón. No aceptamos ya las autoridades incontestables ni las corrientes mayoritarias. En este contexto, explica Gomá, el rearme ético de la sociedad debe llegar de la ejemplaridad personal.

El filósofo vasco recuerda en uno de sus libros (‘Aprender a ser mortal’, 2006) la leyenda clásica sobre Aquiles en el gineceo. Según esta fábula, la diosa Tetis, madre de Aquiles, es consciente de que como su hijo lo es también de un padre humano y por tanto mortal, tiene asegurado vivir eternamente sólo bajo una condición: que no participe en la guerra de Troya.

Por eso, Tetis decide esconderlo donde nadie lo encuentre: en un gineceo, entre las mujeres de la corte. Entonces, un oráculo hace saber a los griegos algo sobre dicha cuestión: sólo si Aquiles participa en la guerra de Troya ganarán la confrontación. Por eso Ulises se disfraza de mercader y se introduce en el gineceo donde está escondido Aquiles haciéndose pasar por un vendedor de joyas.

En un descuido, cuando las mujeres se encuentran distraídas, Ulises hace sonar la trompeta de la llamada a la guerra. Ante esto, Aquiles queda inflamado por un ardor que le llevará a abandonar el gineceo para luchar en la construcción de la polis griega. Deja entonces su vida anónima y llena de placer (la adolescencia: estadio estético) y afronta una vida fuerte de trabajo y de edificación de su familia (madurez: estadio ético).

Partiendo de esta parábola de la vida humana, Javier Gomá sostiene que toda vida necesita de un segundo nacimiento: nacer a la finitud mortal, al estadio ético, abandonando la comodidad del estadio estético.

La clave es una decisión encaminada a construir la polis por medio de un trabajo y la formación de unas relaciones del corazón que construyan civilización. Esta será la vara de medir la moralidad: será bueno lo que contribuya a la salida del gineceo (la molicie de la adolescencia) y la entrada al mundo ético a través del trabajo y del amor que forma familia. Así se construye la polis y se asume la finitud, la mortalidad, mientras se gastan los años en ese quehacer del corazón y  el trabajo. Este es el ideal excelso de grandeza moral, de plenitud humana.

Leyendo estas reflexiones me venía a la cabeza la tarea que le queda a España por delante en los próximos años.

Se trata de salir de una coyuntura inmoral, oscura y degradante y entrar en una vida nueva. Párese un momento y contemple este sencillo elenco: las tarjetas opacas de Caja Madrid, el fraude de los cursos de formación subvencionados por el Estado, los falsos ERES en Andalucía, el caso Urdangarín, los extraños apuntes contables de Luis Bárcenas, jueces apartados de la carrera judicial por prevaricar, el caso Mercasevilla, policías grabados mientras amedrentan y chantajean a inocentes, el caso Gürtel, el fraude en Gowex & Cía, el dinero en Andorra de Jordi Pujol...

Cada vez es mayor el clamor de los ciudadanos que reclaman un renacimiento ético, un desafío que debemos afrontar entre todos. Gomá propone empezar los cimientos del nuevo edificio desde el trabajo y la familia. Interesante.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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